Últimos artículos

Listado de artículos

luns, 21 novembro 2022 10:49

Contido con Blog Cre Alzheimer Opinión

Eliminar

e etiqueta ejercicio

Eliminar

.

Ejercicio terapéutico como terapia no farmacológica en demencias
10 - 07 - 2023

Ejercicio terapéutico como terapia no farmacológica en demencias

Categorías: Opinión

Rocío Valle Bermejo | Fisioterapeuta Los términos movimiento y ejercicio están directamente relacionados con la génesis y evolución de la fisioterapia. Las primeras definiciones del concepto de Ejercicio Terapéutico (ET) se remontan a 1984 pero es en 2007 cuando Taylor propone una definición más adaptada a nuestros días determinando que “es la prescripción de un programa de actividad física que involucra al paciente en la tarea voluntaria de realizar una contracción muscular y/o movimiento corporal con el objetivo de aliviar los síntomas, mejorar la función o mejorar, mantener o frenar el deterioro de la salud”. En la definición actual de ET está la matización que hace diferente el ejercicio físico del ejercicio terapéutico y es que el ejercicio terapéutico es el ejercicio físico como parte de un programa de tratamiento bajo supervisión de un fisioterapeuta, adecuadamente prescrito con objeto de mejorar determinadas funciones. El proceso sistemático, individualizado y específico en el que se establece la prescripción de ejercicio terapéutico se desarrolla a través de un principio conocido como FITT-VP. Estas siglas hacen hincapié en los parámetros de prescripción a considerar desde el punto de vista práctico (F: frecuencia”, explica los días concretos de la semana en donde se tiene que realizar el programa de ejercicio; I: intensidad, determina tasa del esfuerzo; T: tiempo”, sería la cantidad de minutos semanales dedicados al entrenamiento; T: “tipo”, se refiere a la modalidad de ejercicios específicos; V: “volumen”, indica las series y repeticiones; P: progresión”, consiste en la manipulación explícita de las variables del FITT-V para lograr nuevas adaptaciones). Desde el área de documentación del CRE de Alzheimer y otras demencias, se hizo una búsqueda de referencias bibliográficas sobre ejercicio terapéutico en demencias a petición del área de fisioterapia del centro de estancias diurnas. Son muchos los ensayos clínicos, revisiones sistemáticas y metanálisis que existen en la literatura científica sobre el ejercicio terapéutico en el contexto de las demencias. Como conclusión la mayoría de estos trabajos muestran el efecto positivo de la actividad física en el tratamiento del deterioro cognitivo. Además, el ejercicio físico regular, mejora algunos factores clave en la neurogénesis (la resistencia de células y tejidos al estrés oxidativo, la vascularización, el metabolismo energético y la síntesis de neuronas) mejorando así la memoria, y la plasticidad cerebral. Mejorar la condición física de los pacientes con demencia supone un aumento en la capacidad funcional, una reducción de síntomas depresivos y la mejora de varios componentes cognitivos (atención sostenida, memoria visual y función cognitiva). Según la bibliografía revisada, en el contexto de pacientes con trastornos neurocognitivos existe un mayor número de estudios y mayor evidencia a favor del ejercicio aeróbico, aunque en estudios donde se compara los efectos del ejercicio aeróbico con ejercicios de fuerza concluyen que lo más efectivo es realizar una intervención multimodal, es decir ejercicio aeróbico combinado con ejercicio de fuerza, equilibrio y flexibilidad. El entrenamiento físico con pesas no ha demostrado tener efectividad sobre los parámetros cognitivos, mientras que los entrenamientos multimodales han demostrado resultados más expresivos con relación a una integración de los parámetros funcionales, físicos, afectivos y cognitivos. Pero, ¿bajo qué parámetros? A nivel general, con relación a la frecuencia semanal, 2 y 3 sesiones a la semana con una duración de una hora de intervención, se han presentado como una buena opción para promover mejoras. En gran parte, los estudios han demostrado que de 16 a 24 semanas de intervención ya son suficientes para obtener una respuesta significativa a la intervención que se ha propuesto. En determinados estudios destacan el entrenamiento domiciliario como factor importante en la adherencia al tratamiento de la persona con demencia. Las evidencias científicas, por tanto demuestran que el ejercicio físico es una herramienta útil como estrategia no farmacológica en el tratamiento de la EA y por ende otras demencias sobre las distintas variables, y éstas están creciendo, pero son muchos los estudios realizados que muestran debilidades metodológicas, con lo que la evidencia resulta ser baja-moderada. Estas debilidades metodológicas se refieren a la heterogeneidad o variabilidad de los estudios en cuanto a la intervención, en los criterios diagnósticos establecidos, y en los efectos-resultados, con lo que se necesitarían investigaciones adicionales y mejor diseñadas.

luns, 10 xullo 2023 08:00

16 - 03 - 2016

La actividad física en la prevención de la demencia

Categorías: Opinión

SARA LLAMAS, ISRAEL CONTADOR, ALBERTO VILLAREJO, DAVID LORA Y FÉLIX BERMEJO-PAREJA SERVICIO DE NEUROLOGÍA, HOSPITAL UNIVERSITARIO ’12 DE OCTUBRE’, MADRID. DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA BÁSICA, PSICOBIOLOGÍA Y METODOLOGÍA. UNIVERSIDAD DE SALAMANCA La cohorte española NEDICES, acrónimo en inglés de Neurological Disorders in Central Spain, es un estudio poblacional prospectivo, basado en censo de tres áreas (dos en Madrid y una en Arévalo -Ávila), que evaluó el estado de salud y varias enfermedades neurológicas (ictus, demencia, Parkinson, temblor) en 5.278 personas de 65 y más años en 1994–1995 (estudio basal) con datos de seguimiento hasta 2008, obteniendo su fecha de mortalidad y las causas de la misma. Los participantes accedieron a ser evaluados mediante un consentimiento informado y cumplimentaron un amplio cuestionario demográfico, de salud, estilo de vida, enfermedades y medicamentos tomados. Sus enfermedades neurológicas fueron diagnosticadas en dos fases: cribado (test) y subsiguiente estudio por neurólogos. En 1997-8 se realizó otra evaluación completa de la cohorte que vivía y aceptó ser entrevistada, detectando la incidencia de enfermedades neurológicas citadas (e.g., demencia y enfermedad de Alzheimer). Recientemente, un grupo de investigadores del equipo NEDICES han demostrado que los ancianos que hacían actividad física de cualquier intensidad, comparados con el grupo de sedentarios, tenían un riesgo estadísticamente inferior de sufrir demencia a los tres años de seguimiento (incidencia: 134 casos nuevos), después de ajustar los resultados por otras variables (edad, sexo, enfermedades y estilo de vida). La evaluación de la actividad física habitual se realizó mediante una versión modificada del cuestionario de Rosow-Breslau, que permitió clasificar a los participantes según su actividad física en sedentarios frente a aquellos que realizaban una actividad física (leve, moderada o intensa). En otras palabras, realizar ejercicio físico es un factor de protección del desarrollo de demencia, que se presentaba con mayor frecuencia en los sedentarios frente a los que hacían actividad física regular. Además, su incidencia disminuía conforme la intensidad de esta actividad (a mayor ejercicio físico, menos casos de demencia), aunque esta disminución no alcanzó la significación estadística. Los resultados han sido publicados en un número especial de la prestigiosa revista ‘Journal of the International Neuropsychological Society’. Estos hallazgos se suman a los encontrados en otros estudios, realizados principalmente en los países desarrollados, lo cuales nos indican que realizar ejercicio físico regular es una actividad que protege de enfermedades cardiovasculares y cerebrales (demencia y enfermedad de Alzheimer). Esto haría cierto el dicho de «lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro», una verdad que es aplicable a las personas mayores (de 65 y más años) según el estudio. La explicación de este hecho, que es compleja y está fundamentada en diferentes mecanismos neurobiológicos (mejoras en la plasticidad cerebral, disminución estrés oxidativo, promoción de vascularización y neurogénesis, reducción de procesos de inflamación y factores de riesgo cardiovascular entre otros), se ha observado también en animales de experimentación. En suma, la demencia y la enfermedad de Alzheimer se pueden prevenir (obviamente, solo en cierta medida) con la actividad física regular. Fuente: Journal of the International Neuropsychological Society (2015), 21(10), 861–867.

domingo, 06 novembro 2022 10:26

22 - 04 - 2015

Efectos del ejercicio físico sobre el equilibrio y la marcha

Categorías: Opinión

CRISTINA PUIG PUIG FISIOTERAPEUTA DE AFA BARCELONA La retrogénesis de la enfermedad de Alzheimer provoca un deterioro paralelo de las capacidades físico-funcionales y las capacidades cognitivas. Esta involución producirá una pérdida progresiva de las capacidades teniendo un claro efecto sobre las actividades de la vida diaria en general. Es muy importante tener presente, pese a que la enfermedad pase por diferentes fases, que los pacientes deben ser valorados, tratados y evaluados de forma individual, puesto que cada uno tiene una historia clínica diferente. No obstante, agrupando a personas que padecen dicha demencia con características físicas similares así como en una misma fase de la enfermedad, promoveremos la sociabilidad del mismo. Es por ello que la labor del fisioterapeuta no sólo debe ser rehabilitadora, si no que cada vez más va encaminada a la prevención, haciendo hincapié en sus fases iniciales con un trabajo de concienciación en su esquema corporal, control postural, equilibrio y marcha. En fases moderadas se hará una labor más rehabilitadora, focalizándola en mantener y corregir posibles alteraciones en su esquema corporal, control postural, reentrenamiento del equilibrio, reeducación de la marcha, así como un trabajo de fuerza y resistencia. De manera que realizando un entrenamiento multicomponente los beneficios son mayores. Con este fin, el fisioterapeuta realizará programas de prevención y/o rehabilitación para mantener o mejorar las capacidades físicas de la persona enferma. Hasta la fecha, existen múltiples estudios basados en los efectos del ejercicio físico en personas sanas, no obstante, pocos estudios relacionan la fisioterapia con la enfermedad de Alzheimer. Por esta razón nos vamos a centrar en los efectos del ejercicio físico sobre el equilibrio y la marcha, dada la gran importancia para el mantenimiento de una autonomía e independencia del paciente con alzhéimer. Debemos tener en cuenta que debe realizarse un programa adaptado a la persona para que el entrenamiento sea efectivo, de esta manera, si la persona realiza un trabajo constante a diario, sus capacidades motrices se verán menos afectadas en el trascurso de la enfermedad, retrasando así sus efectos, al contrario que una persona que no realice ningún tipo de ejercicio físico. Los efectos del ejercicio físico en equilibrio y marcha son claros cuando se realizan programas de entrenamiento con varios elementos, que incluyan: fortalecer la musculatura de las extremidades inferiores, control postural, esquema corporal, entrenamiento de transferencias, etc. Por ello es importante que el programa se modifique según vaya ganando fuerza, resistencia, elasticidad y equilibrio estático y dinámico. De esta forma, conseguiremos mantener y/o mejorar el equilibrio y la marcha, siendo uno de nuestros mayores objetivos en fases iniciales y moderadas de la enfermedad de Alzheimer. Qué duda cabe que la importancia de un entrenamiento constante es fundamental para conseguir minimizar el riesgo de caídas en un futuro. Para concluir, debemos seguir realizando programas de entrenamiento que se adapten al estado físico y cognitivo de la persona para dar una mayor calidad de vida y la mayor autonomía posible.

luns, 07 novembro 2022 15:38

Etiquetas

xoves, 17 novembro 2022 18:15

Cargando...
Cargando...

Cargando...

Visítanos

Entradas recientes

luns, 26 setembro 2022 16:32

Servicios