Terapias no farmacológicas en demencias avanzadas

Terapias no farmacológicas en demencias avanzadas

VÍCTOR MARTÍNPSICÓLOGO Y MÁSTER EN PSICOLOGÍA GENERAL SANITARIA

Las demencias afectan a unos 50 millones de personas a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud, registrándose cerca de 10 millones de casos nuevos cada año. Esto supone que entre un 5% y un 8% de la población mayor de 60 años sufre este síndrome, previéndose además que estas cifras aumenten exponencialmente en las próximas décadas, debido a un envejecimiento cada vez mayor de la población y un aumento de la esperanza de vida.

Dentro del deterioro de la función cognitiva, esto es, la capacidad para procesar la información percibida y que da lugar al conocimiento e interacción con nuestro entorno (memoria, pensamiento, orientación, comprensión, lenguaje, etc.), común a todas las demencias, éstas afectan a cada persona de manera diferente. No obstante, podemos englobar los signos y síntomas según tres etapas:

• Fase temprana: se dan quejas subjetivas de memoria, frecuentemente referidas al olvido del lugar donde ha dejado objetos cotidianos o de nombres familiares, además de casos de desubicación espacial y temporal.
• Fase intermedia: aparece un déficit evidente y limitador, manifestado en áreas como el lenguaje, el comportamiento y las actividades de la vida diaria, y acrecentándose los fallos de memoria y orientación.
• Fase tardía: la dependencia y las limitaciones son casi totales, siendo especialmente graves las alteraciones de memoria, así como los síntomas físicos y comportamentales.

Es en esta última etapa cuando la intervención en síntomas neuropsiquiátricos (agitación, depresión, apatía, psicosis, agresión, trastornos del sueño…) se hace especialmente relevante, aunque no por ello menos complicada. Así pues, no es extraño encontrar para su tratamiento un uso asiduo de fármacos antipsicóticos, los cuales han demostrado una elevada tasa de efectos secundarios, renovando así el énfasis en las terapias no farmacológicas incluso para el tratamiento en fases tardías.

Algunas de las aproximaciones más utilizadas en este ámbito han sido las basadas en emociones, como la presencia simulada, que utiliza grabaciones de vídeo o audio para calmar la ansiedad del enfermo, haciendo así su entorno lo más familiar posible. Otro acercamiento es el de la estimulación sensorial, en el que englobaríamos tratamientos como la aromaterapia, la musicoterapia o la terapia multisensorial.

En lo que a la intervención cognitiva se refiere, no suele ser de primera elección en casos de demencia avanzada, dada la grave afectación en funciones como la memoria, la orientación o el reconocimiento. Sin embargo, el acceso a las terapias antes nombradas no siempre es posible, y merece la pena el esfuerzo por adaptar ejercicios de estimulación cognitiva asequibles y prácticos, consistentes en su mayor parte por acercamientos a trabajar las funciones más básicas y a partir de una metodología flexible que permita una intervención simultánea de los componentes afectivo y social.

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