Libros y alzhéimer: «Los despistes del abuelo Pedro»

Libros y alzhéimer

NACHO G. SAS17 DIC 2013

Reportaje sobre los despistes del abuelo Pedro

¿Cómo se le explica a un niño el alzhéimer? Hay mil maneras, más o menos sutiles, de enfrentar a los más pequeños con la enfermedad de sus abuelos. La lectura de Los despistes del abuelo Pedro, publicado por la editorial Cuento de Luz, nos dice que la combinación de ternura y sentido del humor es una muy buena solución.

En el libro, Óscar, un niño de 7 años, relata en primera persona cómo afronta la convivencia con su abuelo, enfermo de alzhéimer: «Mi abuelo Pedro está un poco despistado: mete el pollo en la lavadora, confunde toallas con servilletas, guantes con calcetines, ¡y hasta se olvida muchas veces de mi nombre! Para evitar que el mal vaya a mayores ha venido a vivir a nuestra casa. Me alegra que esté con nosotros, aunque ya me he metido en más de un lío por intentar ayudarle. Pero haría lo que fuera para que mi abuelo no olvidase las cosas. Lo que fuera».

La autora del texto, Marta Zafrilla, explica que «el libro sirve para ilustrar a los niños sobre el problema de pérdida de memoria, pero no quería que dejara de aportar valor como cuento de ficción. No pretendía ser un mero manual, sino una historia con personajes creíbles, hablando de situaciones posibles y afrontando la enfermedad con una perspectiva llena de cariño y humor». Miguel Ángel Díez, el responsable de las ilustraciones, destaca entre los valores que trasmite el libro, que «el niño afronta el problema con preocupación pero sin miedo. Esto es importante reseñarlo. Por otro, no intenta desentenderse de la situación. Siempre procura ayudar, e incluso busca, por propia iniciativa, una solución imaginativa para conseguir que su abuelo mejore. Aquí, la ingenuidad es una característica positiva y no negativa. Y, finalmente, la implicación de toda la familia para afrontar los problemas que acarrean los olvidos del abuelo Pedro. En realidad, se trata de valores universales que se deberían poder aplicar a cualquier tipo de problema».

El libro, además de explicar a los niños qué es el alzhéimer, busca reivindicar la labor familiar del cuidado, ya que, a su manera, Óscar también participa de los cuidados de su abuelo. De hecho, el autor de los dibujos señala que «esto, en adultos, debería ser la norma habitual. Lo realmente reseñable es que a Óscar, un niño de 7 años, le nazca de dentro. Por ejemplo, no duda en fabricar un libro de geografía para ayudar a su abuelo a recordar regiones y ciudades de España, al tiempo que a él le sirve para repasar lo que ha aprendido en clase». En este sentido, la escritora tiene claro que aunque el libro no es en sí un manual de la enfermedad, puede ayudar a presentar situaciones semejantes a niños pequeños: «El libro cuenta, a través de la ficción ilustrada, una forma de afrontar los problemas de la vejez. No quería que sólo ‘sirviera’ a familiares de enfermos de alzhéimer, quería que fuese divertido, con una historia atractiva y original. Los valores que podamos encontrar detrás están ahí, como pueden estar en cualquier lectura. Uno de ellos es el de la colaboración: en una familia todos deben aportar su grano de arena. Óscar, el protagonista, lo hace a través de la ingenuidad y el amor hacia su abuelo, lo que dota al libro de un candor especial».

Los despistes del abuelo Pedro pretende mostrar a los niños la realidad de una enfermedad que a menudo se esconde, incluso entre los adultos. A juicio de Marta Zafrilla «ellos, más que nadie, necesitan explorar lo que sucede a su alrededor. Cuando algo trágico o difícil ocurre y no tienen respuestas que expliquen los fenómenos, si encuentran secretos y silencio, su preocupación aumenta. Las separaciones, la muerte, la enfermedad y los conflictos en general han de ser explicados de forma adecuada a los niños. Cuando crecemos sin respuestas de mayores nos cuesta más afrontar ciertas dificultades». Miguel Ángel Díez es de la misma opinión: «creo que no hay nada que se deba ‘esconder’ o ‘disimular’ delante de un niño, pero los adultos seguimos reflejando nuestros miedos en ellos».

Aunque sólo se conocen por mail, escritora y dibujante valoran muy positivamente lo que el otro ha aportado al cuento. A Marta le «encantan las formas con las que Miguel Ángel construye a los personajes, la perspectiva de sus escenarios, los detalles que incluye en la historia, pero lo más llamativo es quizá su capacidad cromática. Esos colores, cuidadosamente confeccionados, otoñales, intensos, ¡son increíbles! Parece que tiene la capacidad de crear matices nunca vistos antes. Quizá es por la conjunción cromática que logra. Me enamoran sus colores». Por su parte, el ilustrador destaca el uso del humor como cualidad principal del texto: «me atrapó el uso valiente y emotivo del humor con el que Marta afrontaba la enfermedad. Era capaz de construir situaciones divertidas sin caer nunca en la burla. Ese tono de humor, desde luego, está presente en las ilustraciones del libro».

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