«La poesía sirve para sanar, para vivir»

Para qué la poesía, de Juan Cobos Wilkins

NACHO G. SAS13 DIC 2013

El poeta Juan Cobos Wilkins ganó el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Torrevieja con el libro Para qué la poesía, un poemario escrito desde el olvido, desde el vacío que deja el alzhéimer, que habla sobre la incapacidad de comunicación del hombre y reivindica el valor del Arte, de la palabra poética como bastión, como una escalera que te ayuda a salir del agujero.

 

Entrevista a Juan Cobos Wilkins

¿De dónde viene la necesidad de escribir un poemario sobre los estragos que causa el alzhéimer en la memoria y la comunicación?

Me era tan necesario como respirar, es decir: me era imprescindible para seguir respirando. Partí del vacío que provoca la corrosiva enfermedad y, como ondas de una piedra lanzada a un lago, se expandió el sentido del libro, de sus poemas: eran también reflejo y símbolo de la falta de comunicación del ser humano actual, con su entorno, con los otros, consigo mismo.

 

Juana Castro escribió un poemario titulado «Los cuerpos oscuros», que también tiene como temática la enfermedad de alzhéimer. La autora cordobesa escribe desde la perspectiva del familiar, del dolorido espectador; sin embargo usted también se mete en la cabeza del enfermo, ¿quería trasmitir los dos puntos de vista?

Conozco el libro, la autora es amiga mía desde hace muchos años. Yo no me situé en paralelo al olvido, ni como espectador o cuidador, desde el primer momento no había posibilidad de posicionamiento, el verbo no era «estar» sino «ser». No contemplar sino vivirlo. El poeta es el corazón y la conciencia, emoción consciente, y consciencia emocionada, también en algo tan devastador debía ser sujeto y experimentarlo en primera persona. Los poemas surgieron de manera natural y absolutamente necesaria desde el yo. Y no podría haberlos concebido de otra forma, ni ellos, los poemas, se habrían dejado escribir de otra manera.

 

A pesar de que los versos tratan del dolor, la confusión y el extrañamiento que trae consigo la enfermedad, y que deviene en la falta de comunicación con uno mismo y con el mundo, el conjunto del poemario es un canto a la esperanza y a la vida, respondiendo así a la pregunta del título: Para qué la poesía.

Porque la poesía sirve para sanar, para vivir, para sobrevivir, para convivir, para renacer. Hasta este momento de mi vida, y en él, así lo creo. Lo afirmo. Y lo firmo en este libro, Para qué la Poesía. El Arte es un bastión, una isla para el náufrago, un puente colgante en el vacío, mano en el hombro para la soledad. Emana y genera un inaprensible poder emocional, e igual que una Pietá nos sostiene.

 

«A veces estoy triste, otras tengo amapolas». Cuanta usted que esa frase la dijo un enfermo de alzhéimer que había olvidado la palabra alegría, pero no su significado. ¿Ha querido reflejar en su poemario esa capacidad de la metáfora como casi último refugio de la comunicación?

En una metáfora hay más precisión y más vida expuesta que en una cuadrada operación matemática y, por supuesto, genera más sugestión y emoción. Porque uno más uno no siempre es dos, sobre todo en algo tan importante como los sentimientos, y si no que consulten a una pareja, para la que ser dos se vuelve a veces la soledad del uno o la multitud del tres. Sin embargo, cuando Góngora llama a una cueva «bostezo de la tierra», es de una asombrosa precisión en su belleza. La imaginación pervive en el lenguaje y aflora rompiendo la tierra seca del olvido para abrirse paso, para salir a la luz, convertida en la palabra pura de un niño que comienza a nombrar el mundo.

 

¿Por qué cree que los recuerdos relacionados con la música y la poesía resisten casi hasta el final el paso de lo que usted llama «goma de borrar»? De hecho, en uno de los poemas cuenta cómo su madre recita algunos versos escritos en su adolescencia.

Por la pureza de la emoción, por la capacidad sugerente y sugestiva del arte inasible, por su remota fuerza evocadora arraigada en lo más hondo. Porque hasta de un naufragio se salva el suspiro.

 

Ya es muy habitual la utilización de la música como terapia para tratar el alzhéimer, aunque no tanto la poesía. ¿Qué poemas considera usted que podrían funcionar en una sesión de versoterapia?

Dependerá mucho del estado del enfermo, de su grado de evolución. Los que escuchó en su infancia. Los que juegan con las palabras, un juego fonético que enganche y divierta. Los que riman. Los que crean imágenes sencillas y reconocibles pero sorprendentes, con un lenguaje fácil y transparente pero mágico. Los que tienen ritmo y musicalidad.

 

Suponemos que habrá recitado poemas de Para qué la poesía en algunas AFAS. ¿Qué le han comentado los familiares? ¿Qué les ha trasmitido el libro?

Esas lecturas son de una intensidad emotiva de altísimo voltaje. Se produce algo importante, fundamental, y muy hermoso, ya no es comunicación: es comunión.

 

Usted compara al cuidador con la «linterna» que alumbra lo olvidado. ¿Considera que es necesario incidir en la importancia de su labor y en la necesidad de apoyarle con más recursos?

Por supuesto, sin duda de ninguna clase. Son brazos y piernas, ojos, columnas fundamentales, sin ellos se desploma el cuerpo, se derrumba la casa. Y se apaga la luz.

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