La importancia del calzado en personas mayores con demencia (II)

La importancia del calzado en personas mayores con demencia (II)

ROCÍO VALLE BERMEJOFISIOTERAPEUTA

En la demencia nos encontramos con un deterioro cognitivo, del lenguaje, trastornos psicológicos, alteraciones conductuales que hacen que la simple tarea de un cambio de calzado suponga a los cuidadores todo un reto, en la búsqueda del más adecuado y en el proceso de cambio y adaptación.

La incapacidad de poder manifestar/expresar cómo se encuentra la persona con ese zapato (si existe demasiada presión en una zona, si es holgado o si es la talla correcta) hace que la tarea se complique.

El cambio al nuevo calzado también puede ser toda una aventura porque a la persona le cuesta desprenderse de su zapato, un zapato viejo pero cómodo, que no reúne las características adecuadas pero lo reconoce como propio, rechazando cualquier cambio.

Nos podemos encontrar con alteraciones de comportamiento que nos dificulten este momento. El buen manejo de todas esas alteraciones hará que todo este proceso de cambio sea más fácil, por ello será muy importante pedir asesoramiento a profesionales que conocen esta enfermedad, que conocen a la persona en cuestión y que saben cómo actuar.

Por último comentar una piedra en el camino que nos encontramos las familias y los profesionales que buscamos un cambio de calzado en una persona con demencia, y es la imposibilidad, en la mayoría de los casos, de que los establecimientos faciliten un calzado para llevar con la opción de devolver si no es apto sin repercusión económica para las familias. El zapato debe de ser valorado por el profesional junto con la persona con demencia y en muchas ocasiones no es posible el desplazamiento de la persona al comercio por multitud de circunstancias.

Por todo ello desde el área de Fisioterapia se recomienda:

  • Pedir asesoramiento al profesional antes de comprar un nuevo calzado (podólogo y/o fisioterapeuta) que conoce a la persona y sus características físicas, cognitivas y funcionales.
  • Una puesta progresiva del nuevo calzado, de tal forma que vayamos aumentando el tiempo de puesta paulatinamente, adaptándose a él poco a poco evitando lesiones, rozaduras innecesarias, y favoreciendo su familiarización.
  • Desprenderse del zapato viejo que no reúne cualidades óptimas que evitará ser visto y reconocerlo.
  • Control periódico en el Servicio de Podología para seguimiento de las alteraciones del pie.
  • Una limpieza y cuidado del pie de forma diaria.

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