La actividad física en la prevención de la demencia

Sara Llamas, Israel Contador, Alberto Villarejo, David Lora y Félix Bermejo-ParejaServicio de Neurología, Hospital Universitario ’12 de Octubre’, Madrid. DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA BÁSICA, PSICOBIOLOGÍA Y METODOLOGÍA. UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

La cohorte española NEDICES, acrónimo en inglés de Neurological Disorders in Central Spain, es un estudio poblacional prospectivo, basado en censo de tres áreas (dos en Madrid y una en Arévalo -Ávila), que evaluó el estado de salud y varias enfermedades neurológicas (ictus, demencia, Parkinson, temblor) en 5.278 personas de 65 y más años en 1994–1995 (estudio basal) con datos de seguimiento hasta 2008, obteniendo su fecha de mortalidad y las causas de la misma. Los participantes accedieron a ser evaluados mediante un consentimiento informado y cumplimentaron un amplio cuestionario demográfico, de salud, estilo de vida, enfermedades y medicamentos tomados. Sus enfermedades neurológicas fueron diagnosticadas en dos fases: cribado (test) y subsiguiente estudio por neurólogos. En 1997-8 se realizó otra evaluación completa de la cohorte que vivía y aceptó ser entrevistada, detectando la incidencia de enfermedades neurológicas citadas (e.g., demencia y enfermedad de Alzheimer).

Recientemente, un grupo de investigadores del equipo NEDICES han demostrado que los ancianos que hacían actividad física de cualquier intensidad, comparados con el grupo de sedentarios, tenían un riesgo estadísticamente inferior de sufrir demencia a los tres años de seguimiento (incidencia: 134 casos nuevos), después de ajustar los resultados por otras variables (edad, sexo, enfermedades y estilo de vida). La evaluación de la actividad física habitual se realizó mediante una versión modificada del cuestionario de Rosow-Breslau, que permitió clasificar a los participantes según su actividad física en sedentarios frente a aquellos que realizaban una actividad física (leve, moderada o intensa). En otras palabras, realizar ejercicio físico es un factor de protección del desarrollo de demencia, que se presentaba con mayor frecuencia en los sedentarios frente a los que hacían actividad física regular. Además, su incidencia disminuía conforme la intensidad de esta actividad (a mayor ejercicio físico, menos casos de demencia), aunque esta disminución no alcanzó la significación estadística. Los resultados han sido publicados en un número especial de la prestigiosa revista ‘Journal of the International Neuropsychological Society’.

Estos hallazgos se suman a los encontrados en otros estudios, realizados principalmente en los países desarrollados, lo cuales nos indican que realizar ejercicio físico regular es una actividad que protege de enfermedades cardiovasculares y cerebrales (demencia y enfermedad de Alzheimer). Esto haría cierto el dicho de «lo que es bueno para el corazón es bueno para el cerebro», una verdad que es aplicable a las personas mayores (de 65 y más años) según el estudio. La explicación de este hecho, que es compleja y está fundamentada en diferentes mecanismos neurobiológicos (mejoras en la plasticidad cerebral, disminución estrés oxidativo, promoción de vascularización y neurogénesis, reducción de procesos de inflamación y factores de riesgo cardiovascular entre otros), se ha observado también en animales de experimentación. En suma, la demencia y la enfermedad de Alzheimer se pueden prevenir (obviamente, solo en cierta medida) con la actividad física regular.

Fuente: Journal of the International Neuropsychological Society (2015), 21(10), 861–867.

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