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lunes, 21 noviembre 2022 10:49
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La importancia de los síntomas psicológicos y conductuales en los pacientes con enfermedad de Alzheimer
Categorías: Divulgación
Etiquetas: alzhéimer , investigación , demencia , síntomas , psicología , conductas
ANA PÉREZ ROMERO | MÉDICO, GRADUADO EN MEDICINA POR LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA En la actualidad, el número de personas ancianas está creciendo de forma muy rápida, por lo que la enfermedad de Alzheimer y otras demencias están ocupando un lugar importante. Este aumento del número de ancianos y de su patología tiene importantes implicaciones para la prestación de la asistencia sanitaria en general, y para el cuidado de la demencia, en particular. Las demencias no solo constituyen un problema a nivel cognitivo, sino que también aparecen síntomas psicológicos y conductuales (SPCD), definidos por la Update Consensus Conference (1999) como «síntomas de alteración de la percepción, del contenido del pensamiento, del estado de ánimo o de la conducta, que ocurren con frecuencia en pacientes con demencia», siendo muy importante realizar una correcta valoración de estos síntomas con una exploración neuropsiquiátrica completa y sistemática, que se realiza mediante escalas tales como BEHAVE-AD o NPI (Neuropsychiatric Inventory). Dentro de los síntomas psicológicos están los delirios, alucinaciones, las identificaciones erróneas, la depresión, la apatía y la ansiedad. Entre los síntomas conductuales destacan el vagabundeo, la agitación/agresión, la resistencia a los cuidados, los comportamientos sexuales inapropiados y las reacciones catastróficas (enfado, agresividad verbal y física). Estos síntomas son importantes debido a que sin tratamiento tienen unas consecuencias nefastas para el paciente, los cuidadores y la sociedad. Conllevan una institucionalización precoz, mayor coste financiero, disminución de la calidad de vida (cuidador y paciente), estrés, y exceso de discapacidad. Es decir, los pacientes con SPCD tendrían un nivel más alto de discapacidad, y una vez que los síntomas mejoran o se eliminan, el nivel funcional mejora, mejorando la calidad de vida. Se realizó una revisión bibliográfica en la que se destacó dicha relevancia de los SPCD en el alzhéimer, viendo que en todos los estudios revisados había una elevada presencia de los mismos, destacando la apatía como síntoma más prevalente. Destaca, por tanto, la gran importancia de los SPCD en la demencia, en concreto en el alzhéimer, ya que afecta a la inmensa mayoría de los pacientes que presentan esta enfermedad en algún punto evolutivo de la misma; produce además un deterioro de la calidad de vida, y sufrimiento del paciente. Es importante su diagnóstico y manejo precoz para evitar efectos adversos, poner un tratamiento adecuado a tiempo, y poder planificar una adecuada atención. Por otro lado, es muy importante que estos SPCD se reconozcan como parte de la demencia, pero resulta llamativo que durante muchos años los sistemas de clasificación de las enfermedades mentales los hayan obviado a pesar de que es una sintomatología muy prevalente en dichos pacientes, afectando a la gran mayoría, y produciendo una alta discapacidad y fragilidad. Simplemente en la clasificación DSM-V se incluyó “con alteraciones de conducta” como especificador para identificar a los pacientes que requieren un manejo específico. Por tanto, debido a la relevancia de estos síntomas, sería importante que estuvieran recogidos como un criterio diagnóstico del alzhéimer, por ejemplo en la clasificación DSM.
jueves, 10 noviembre 2022 07:59
Demencia por Cuerpos de Lewy y enfermedad de Alzheimer: diferencias atencionales
Categorías: Divulgación
Etiquetas: demencia , neuropsicología , psicología , neuroimagen
CRISTINA MANSO ARROYO [1] Y VANESSA FERNÁNDEZ LÓPEZ [2] | [1] NEUROPSICÓLOGA (UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID), [2] DOCTORA EN PSICOLOGÍA (UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID) La Demencia por cuerpos de Lewy (DCL) es un trastorno degenerativo que presenta alteraciones del sistema extrapiramidal y neuropsicológicas similares a la de la Enfermedad de Alzheimer (EA). Es por ello que hasta la década de los noventa, los pacientes con demencia por cuerpos de Lewy eran erróneamente clasificados como EA, enfermedad de Parkinson o una conjunción de ambas. No fue hasta comienzos de los años noventa cuando aparecieron los primeros esfuerzos por el establecimiento de unos criterios diagnósticos para la DCL. Hoy en día, los datos epidemiológicos muestran que alrededor de 10-15% de las demencias son DCL. Los criterios diagnósticos más comunes respecto a la DCL, a diferencia de la EA, son alucinaciones visuales recurrentes, fluctuación cognitiva y signos motores parkinsonianos. En cuanto a manifestaciones cognitivas, se destacan déficits atencionales y de concentración, alucinaciones visuales y déficit en la memoria anterógrada. No obstante, a pesar de la existencia de síntomas diferenciadores entre ambas demencias, el déficit de atención es un síntoma que aparentemente está presente en ambas. Teniendo en cuenta el gran número de artículos respecto a la DCL y que la gran mayoría de éstos resultan ser comparativos entre estas dos demencias, se prosiguió a revisar aquellas publicaciones científicas más relevantes en cuanto a las diferencias atencionales entre ambos trastornos en la base de datos PsycINFO y Medline. Los resultados obtenidos tras la revisión de dichos artículos fueron satisfactorios. En primer lugar cabe destacar la mayor fluctuación atencional y del nivel de alerta en pacientes con DCL frente a la EA. Por otro lado existe un mayor deterioro en la atención sostenida, selectiva y dividida, en la percepción, en la memoria de trabajo y en habilidades visoespaciales en pacientes con DCL que en la EA. Sin embargo pacientes con EA mostraron un mayor deterioro en memoria episódica. Asimismo, pacientes con DCL presentaron más fallos que en EA en tareas de atención, construcción y nuevamente en habilidades visoespaciales. En cuanto al procesamiento visual, pacientes con DCL mostraban peor rendimiento en tareas de procesamiento serial y paralelo, frente a EA, con un peor rendimiento únicamente en el en procesamiento serial. La inhibición prespulso también resulta útil para la discriminación, ya que dicha inhibición prepulso se encuentra más deteriorara en DCL que en EA, mostrando que los pacientes con DCL tienen una mayor dificultad para ignorar información irrelevante auditiva del ambiente. Por otro lado, en modelo atencional de Posner se pudo observar que en DCL, la red de alerta regula correctamente la red ejecutiva y la red de orientación, mientras que en EA la red de alerta solo regula la red de orientación. Otros estudios indicaron que en la EA destaca un deterioro en el recuerdo de frases, frente a la DCL, los cuales mostraban dificultades principalmente en atención y procesamiento visoespacial. En último lugar destaca el parpadeo atencional, ya que éste efecto se va más marcado e la DCL que en la EA, lo que se traduce en mayores problemas de atención selectiva y sostenida en sujetos con DCL frente a sujetos con EA. Sin lugar a dudas, el desarrollo de la neuropsicología y las pruebas de neuroimagen permitirán ampliar la información respecto a las diferencias aquí tratadas.
jueves, 10 noviembre 2022 08:02
La depresión: un predictor de demencia
Categorías: Divulgación
Etiquetas: alzhéimer , investigación , demencia , psicología , depresión , predictor
JOSEP DEVÍ BASTIDA [1, 2] ; NÚRIA PUIG POMÉS [3]; SUSANNA JOFRE FONT [2]; ALBERT FETSCHER EICKHOFF [4] | [1] UNIVERSITAT AUTÒNOMA DE BARCELONA. DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA CLÍNICA Y DE LA SALUD (BELLATERRA-BARCELONA). [2] RESIDENCIA Y CENTRO DE DÍA SANT CUGAT (DEPARTAMENT DE BENESTAR I FAMILIA-SISPAP / GRUP MUTUAM) (SANT CUGAT DEL VALLÉS-BARCELONA). [3] ASOCIACIÓN MULTIDISCIPLINAR DE PSICOGERIATRÍA Y DEMENCIAS (AMPIDE) (SANT CUGAT DEL VALLÉS-BARCELONA). [4] CENTRO SANITARIO CAN MORA (SANT CUGAT DEL VALLÉS-BARCELONA). Los avances científicos, sobre todo en el campo de la medicina y la salud, se han traducido en un aumento de la esperanza de vida, que ha supuesto un incremento progresivo de la población. Así mismo, el hecho de que las cifras de la población de la tercera edad vayan en aumento también comporta un incremento progresivo de la incidencia de enfermedades neurodegenerativas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la demencia afecta, a nivel mundial a unos 35’6 millones de personas y se prevee que el número total de personas con demencia prácticamente se duplique cada 20 años, de manera que pasaría a 65,7 millones en 2030 y a 115,4 millones en 2050. Es por eso que cada vez se hace mas necesaria la detección de los posibles factores de riesgo para poder desarrollar una intervención o, como mínimo, plantearnos la ambición de prevenir, ya sea en mayor o menor medida, esta enfermedad. Algunos estudios sugieren que entre un 10-25% de los casos de alzhéimer, la demencia mas prevalente en nuestra sociedad, pueden ser prevenidos con la eliminación o control de algunos factores de riesgo. Barnes y Yaffe calcularon que aproximadamente un 10% de casos de alzhéimer eran atribuibles a la depresión. Recientemente, ha aumentado el interés entre los investigadores por la relación entre depresión y demencia, ya que numerosas investigaciones sugieren que la depresión es un factor de riesgo para el futuro desarrollo de demencia. No obstante, la naturaleza de esta relación es compleja. Uno de los motivos de esta complejidad recae en el hecho de que en las primeras fases o estadios de la demencia pueden aparecer alteraciones afectivas como la depresión, motivo por el cual es difícil cribar si la depresión es un pródromo de la demencia o si realmente es un factor de riesgo para desarrollarla. Por otra parte, una revisión de un estudio sobre la depresión en el alzhéimer llegaba a la conclusión que esta misma aparecía a raiz de los daños anatómicos que son parte del curso neuropatológico de la demencia; es decir, que la depresión es causada por la demencia. Esta hipótesis se evidencia también con el hecho de que la aparición de la depresión se da poco tiempo antes del diagnóstico de demencia. En cambio, existen numerosos trabajos que indican que sufrir depresión, sobre todo en la vejez, comporta daños neuropatológicos que contribuyen al desarrollo de demencia. Además, a pesar de existir diversos datos que apuntan en esta dirección, hay otros que sitúan a la depresión como efecto del inicio de la demencia y no precediéndola. Por otra parte, algunos estudios no encuentran asociación entre depresión precoz y riesgo de demencia. Finalmente, hay investigaciones que encuentran que la depresión tan solo influye en grupos sociales con unas características de sexo, edad y educación muy concretas. A raíz de esta disparidad de hallazgos que menciona la literatura científica, la probabilidad de riesgo de demencia después de sufrir depresión queda difusa, hecho por el cual hoy día no existe evidencia concluyente. En vista de esta situación, se ve fundamentada la necesidad de diseñar nuevos estudios que aclaren esta cuestión. A este efecto, llevamos a cabo una revisión sistemática con metaanálisis mediante diversas fuentes bibliográficas publicadas hasta la actualidad y extraídas de varias bases de datos científicas, con el objetivo de analizar la evidencia científica sobre la hipótesis de que padecer previamente depresión aumenta el riesgo de desarrollar demencia en el futuro. Esta revisión sistemática con metaanálisis se llevó a cabo con literatura científica publicada hasta la actualidad, con una cobertura temporal entre 1990 y 2014. Finalmente se seleccionaron 10 artículos que cumplían con los criterios de selección (similitud en: a) tamaño y características de la muestra [procedencia, edad…], b) procedimiento de recogida de datos, c) método de estudio de la relación [comparación tanto inter como intra grupal], d) método estadístico de análisis de los resultados) y de calidad previamente establecidos. Los valores de Odds Ratio de de los estudios analizados oscilan entre 1,72 y 3,59, y los de Hazard Ratio entre 1,72 y 5,44, lo cual indica que los sujetos con historia de depresión tienen mayor riesgo de desarrollar demencia que aquellos que no la han tenido. Referencia bibliográfica del artículo publicado en la Revista Española de Geriatría y Gerontología: Deví Bastida J, Puig Pomés N, Jofre Font S, Fetscher Eickhoff A. La depresión: un predictor de demencia. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2016;51(2):112–118.
jueves, 10 noviembre 2022 08:08
Coaching en cuidadores formales e informales
Categorías: Opinión
ELENA IVONNE DRAPÁ CASTRO PSICÓLOGA CLÍNICA ESPECIALIZADA EN GESTIÓN EMOCIONAL, CRECIMIENTO PERSONAL Y RE-ESTABLECIMIENTO DEL EQUILIBRIO PSICOLÓGICO, A TRAVÉS DE LA CREATIVIDAD CON EL USO DEL ARTE. ¿Te has planteado por qué el Coaching funciona con cuidadores de personas dependientes? ¿Piensas en cómo te gustaría cuidar? ¿Reflexionas acerca de cómo cuidas? ¿Te cuidas para cuidar? Este artículo trata de cómo se puede cuidar mejor, si uno se cuida. El Coaching, llamado por los profesionales que trabajamos en esta materia como Psicología orientada a Resultados, encuentra en esta metodología una forma idónea para prevenir la sobrecarga de los cuidadores. Cuando se llega al punto de padecer el «síndrome del quemado», se necesita de un Psicólogo del ámbito Clínico, porque significa que uno pasó de la línea de la normalidad por no cuidarse. Parece lejos llegar a los estados más acusados de este cansancio pero, normalmente se producen sin que la persona sea consciente de cómo ha llegado a esa situación. Pasar por un proceso de Coaching en el que el tema reto es cómo cuidar a mi ser querido o a aquella persona que tengo enfrente de mí, requiere de valentía para explorar dentro de uno mismo acerca de emociones que tiene sobre esa persona a la que cuida. Además de prevenir, el Coaching al cuidador formal o informal, lo protege de problemas que pueden derivarse de ese cuidado que realiza a esa persona o a su ser querido, como por ejemplo problemas con la pareja, con los hijos o la desaparición de la red social… dado que el entorno recibirá con claridad la fórmula de cuidado para ese familiar o a esa persona o personas, haciéndose así, partícipe del mismo. La importancia del cuidado al cuidador cuando existe una persona dependiente, es fundamental para su calidad de vida y para la de la persona que ejerce este trabajo, bien sea remunerado, bien sea porque es un familiar. En este intercambio, se producen beneficios claros en la calidad de la relación con esa persona o ser querido, y en la salud emocional de ambos. Se puede hacer un ejercicio de visualización en este instante, solo con pensar en cómo se quiere que sea el cuidado que se da, siendo consciente del estado físico y emocional del familiar o de las personas a las que se cuida. Todo es un círculo que empieza y termina con la consciencia y preservación de uno mismo para tener bienestar, y desde éste, cuidar bien. Desde criterios tanto médicos como psicológicos, los profesionales decimos que… «Para cuidar bien, hay que cuidarse bien». La Psicología orientada a Resultados, aporta una herramienta en la que apoyarse para poder sentir mayor bienestar en el papel que se decide llevar a cabo. Cuando nos sentimos acompañados en el camino del cuidado al otro y descubrimos cómo queremos hacerlo, sentimos un colchón en el que apoyarnos para gestionar con calidad ese cuidado. La Psicología orientada a Resultados o Coaching, consiste en acompañar para la consecución de resultados extra-ordinarios. ¿Qué pasaría en el cuidado que le das a esa persona si te cuidaras?
viernes, 04 noviembre 2022 16:41
Deterioro cognitivo y alzhéimer: retos y desafíos frente al envejecimiento de la población
Categorías: Divulgación
Etiquetas: demencias , psicología , salud , personas mayores , envejecimiento , deterioro cognitivo
PAULA POCHINTESTA | DOCTORA EN CIENCIAS SOCIALES Y LICENCIADA EN PSICOLOGÍA POR LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES Es una realidad que la población envejece como tendencia mundial. En 2015, según el índice Global de Envejecimiento, el 12,3 % de la población mundial correspondía a personas de 60 y más años, siendo que las proyecciones para esta franja etaria se estima que alcancen el 21,5 % del total de la población en 2050. Uno de los mayores desafíos que plantea este escenario es cómo afrontar los cambios epidemiológicos que se asocian a una mayor longevidad. Ello requiere pensar en estrategias que ayuden a enfrentar una mayor esperanza de vida con bajos índices de discapacidad y dependencia. Dado que la población envejece aumenta la prevalencia de las demencias a nivel mundial dentro de las cuales la más relevante es la Enfermedad de Alzheimer. Entre las consecuencias que supone este cambio epidemiológico se encuentran por un lado, el aumento del gasto en salud y, por otro, el deterioro de las relaciones familiares más aún si las redes para el cuidado no están lo suficientemente desarrolladas. Los factores de riesgo asociados a la enfermedad de Alzheimer son: la edad, el grupo étnico y el género. La edad es el principal factor de riesgo cuya incidencia va desde el 1 % en las personas de 65 años y llega al 20 % en los mayores de 85 años. A su vez, son las mujeres quienes tienen mayor probabilidad de padecer esta demencia. Se ha corroborado también que las personas de origen asiático tienen una tendencia menor a desarrollar la enfermedad que las personas de otros orígenes étnicos. Ahora bien, considerando este contexto de envejecimiento poblacional e incidencia de las demencias qué puede hacerse. Todo un campo de estudios científicos ha constatado que existen determinados factores protectores que disminuyen el riesgo, aunque no lo eliminan, de padecer deterioro cognitivo. Estos factores, al mismo tiempo, ralentizan y ayudan a paliar el avance de las demencias. Se trata de los siguientes dominios: salud conductual y ajuste físico, óptimo funcionamiento cognitivo, autoregulación motivacional y emocional y alta participación e integración social. La interacción de todos estos dominios promueve un envejecimiento activo. Diversas investigaciones han demostrado que, tanto el ejercicio físico, como una dieta equilibrada, el consumo moderado de alcohol y el no fumar son condiciones para evitar o retrasar la demencia y el deterioro cognitivo y, por tanto, envejecer activa y saludablemente. Los programas de estimulación cognitiva mejoran el funcionamiento en personas mayores saludables y tienen un efecto positivo sobre aquellas personas que padecen demencias. Esto es aún más eficaz cuanto más leve sea el deterioro. Se ha corroborado además que, contar con un nivel educativo alto y con una buena protección socioeconómica tiene una influencia significativa sobre el pronóstico una vez comenzado el deterioro cognitivo. Cultivar emociones positivas, percibir el control tanto sobre el entorno como sobre sí mismo y tener una imagen positiva del envejecimiento favorecen un envejecimiento activo y colaboran en la disminución de padecimientos incluidos el deterioro y las demencias. Por último, está también fundamentado empíricamente que, una buena integración e implicación social de las personas mayores en distintos ámbitos (familiar, comunitario y social) está asociada a una mayor supervivencia, una menor morbilidad y un óptimo funcionamiento cognitivo y emocional. De este modo, enfrentar el desafío de envejecer saludablemente se despliega en dos dimensiones: individual y poblacional. Ello supone, por un lado, que las personas tienen la capacidad de modificar hábitos y reducir los factores de riesgo y morigerar el impacto del deterioro cognitivo y las demencias. Esta capacidad de transformación se sustenta en el principio de plasticidad comportamental y cognitiva ampliamente documentado. Por otro lado, requiere del acompañamiento de políticas públicas que promuevan y favorezcan un contexto para poder desarrollar cada uno de los ejes mencionados. En suma, el desafío es colectivo y nos implica a todos y cada uno de uno de nosotros a diversos niveles: familiar y personal, comunitario y macro social en dos planos: sistemas de salud y de protección social. Referencias: Berger, K. S. (2009). Psicología del desarrollo, adultez y vejez. Madrid: Editorial Médica Panamericana. Férnandez-Ballesteros, R. (2009). Envejecimiento Activo. Contribuciones de la psicología. Madrid: Ediciones Píramide. HelpAge International (2015). Índice Global de Envejecimiento 2015: Resumen ejecutivo. Londres: HelpAge International. Organización Mundial de la Salud (2015). Informe Mundial sobre el Envejecimiento y la Salud. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.
jueves, 10 noviembre 2022 08:17
El miedo al alzhéimer
Categorías: Opinión
Etiquetas: alzhéimer , psicología , envejecimiento , miedos
JUAN MOISÉS DE LA SERNA DOCTOR EN PSICOLOGÍA Seguramente, si has tenido ocasión de preguntar a las personas de mediana edad sobre su mayor miedo con respecto a la salud, estos te habrán comentado que el padecer cáncer, porque entienden que es lo peor que les podría pasar. A pesar de que actualmente se han realizado muchos avances en cuanto a la prevención y tratamiento del cáncer, esta sigue siendo una enfermedad mortal en un porcentaje que cada vez va siendo menor. Además siempre queda la duda de la posibilidad de una «recaída» con la reaparición de la enfermedad y sus consecuencias. Pero cuando los años avanzan, y ya nos encontramos cerca de los sesenta, si volvemos a realizar la misma pregunta, sorprendentemente el cáncer se convierte en segunda causa de temor sobre el padecimiento de una enfermedad. En primer lugar aparece el alzhéimer como la enfermedad más temida. A diferencia del cáncer, este tipo de demencia no produce un deterioro físico tan importante a corto plazo, ni acorta la vida tan rápidamente como el cáncer. Pero a pesar de todas las razones, si hay que comparar, las personas mayores temen más al alzhéimer por las implicaciones cognitivas que conlleva. A medida que envejecemos, vamos perdiendo a nuestros seres queridos: primero nuestros padres, tíos, luego hermanos, compañeros e incluso la pareja. A todos vamos sobreviviendo, pero de todos nos queda algo, el recuerdo de lo que fueron, lo que compartimos con ellos, algo que se convierte en el más preciado tesoro de una persona mayor, más incluso que todas las posesiones, títulos u honores que pueda recibir. Pero ese tesoro se ve en peligro por la posibilidad de padecer la enfermedad de Alzheimer. Pensar en que poco a poco se van perdiendo los recuerdos, llegando a olvidarse de quién es uno mismo, es la peor de las «pesadillas» de un anciano. Para evitar estos miedos se implementan campañas de información que explican la realidad del alzhéimer: cómo afecta a un pequeño porcentaje, y cuáles son los grandes avances que se están haciendo en cuanto a la detección temprana y a los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos que mejoran mucho la calidad de vida de las personas con demencia.
domingo, 06 noviembre 2022 10:25
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jueves, 17 noviembre 2022 18:15
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