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lunes, 21 noviembre 2022 10:49

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02 - 03 - 2015

Perfil neuropsicológico del trastorno neurocognitivo mayor debido a enfermedad de Alzheimer, frontotemporal y vascular en población mexicana

Categorías: Divulgación

CASTILLO- RUBEN ADRIANA, DE LUNA CASTRUITA JOSÉ ÁNGEL, LÓPEZ GARCÍA RAQUEL, PLIEGO FLORES FABIOLA MAYTÉ, SÁNCHEZ RUBIO ULISES, GALLEGOS EVA GABRIEL REAPRENDE, CENTRO DE REHABILITACIÓN NEUROPSICOLÓGICA El aspecto más evidente del trastorno neurocognitivo mayor es la dependencia subyacente a un deterioro cognitivo severo que consiste en dificultades en la memoria, el lenguaje y las habilidades visoespaciales, lo que trae consigo la disfunción social y laboral. El objetivo del presente estudio ha sido realizar un análisis comparativo entre los tres tipos de trastorno neurocognitivo para conocer el patrón neuropsicológico de deterioro cognitivo de pacientes en etapas avanzadas de la enfermedad, para así identificar las fortalezas y debilidades de su funcionamiento y guiar el desarrollo de estrategias de intervención adecuadas. Se realizó un estudio retrospectivo en un grupo de 86 pacientes con tres tipos de enfermedad: enfermedad de Alzheimer, enfermedad vascular y enfermedad frontotemporal (EA, EV y TFT) valorados entre las fechas de Enero de 2002 a Julio de 2012. Los procesos cognitivos fueron evaluados por medio de: La escala de memoria de Wechsler y la escala de inteligencia para adultos de Wechsler. La sintomatología clínica del paciente se evaluó con la escala de Demencia de Blessed. La muestra obtuvo un índice de deterioro general promedio de 28.30 (Dt= 21.6). Los procesos más deteriorados en los tres grupos fueron: atención auditiva inmediata, memoria reciente verbal de un texto, memoria reciente visual, coordinación visomotora y planeación. Las funciones menos deterioradas fueron: memoria remota, conceptualización y juicio social. Las capacidades para desarrollar las actividades de la vida cotidiana que se encontraron más afectadas fueron: memoria 97%, improductividad económica 94%, orientación 82%, cálculo 82%, estado de ánimo depresivo 81% y las relacionadas al manejo de las finanzas personales 80%. Los tres tipos de trastorno neurocognitivo estudiados en etapas avanzadas mostraron un perfil neuropsicológico específico sin diferencias entre sí. Se observó que las funciones cognitivas más deterioradas en los tres grupos se han documentado ampliamente en la literatura, siendo el olvido de acontecimientos recientes y la conservación de la memoria a largo plazo de los principales criterios para el diagnóstico clínico. El deterioro en las funciones ejecutivas en estos pacientes puede verse reflejado de manera clínica en la dificultad para desempeñar en forma adecuada actividades que requieren de patrones secuenciados, por ejemplo el baño diario, el orden en el uso de las prendas de vestir, la preparación de los alimentos y el manejo de las finanzas personales, lo cual fue ampliamente referido por los familiares de los pacientes en la Escala de Blessed. Las habilidades visoespaciales que se afectan desde las primeras etapas y mayormente en la EA, y se mantuvieron muy deficitarias en las etapas avanzadas en los tres tipos de demencia en nuestro estudio. Esto se pudo ver clínicamente reflejado cuando los familiares reportaron en la escala de Blessed el extravío de los pacientes en lugares cotidianos en el 82% de los casos. Los tres tipos de enfermedades que explicaban el trastorno neurocognitivo mayor mostraron un perfil neuropsicológico específico, lo cual a su vez permite considerar el proceso de intervención que se ha de llevar a cabo, ya que se propone que éste no solo se centre en las estimulación de aquellas funciones disminuidas en las etapas iniciales, sino que se diseñe un programa de estimulación cognitiva global que permita fortalecer aquellas funciones que con el progreso de la enfermedad también se verán afectadas, para de ésta forma mantener por un tiempo más prolongado la funcionalidad de los pacientes en el desempeño de sus actividades de la vida cotidiana.

martes, 08 noviembre 2022 16:44

23 - 02 - 2015

Anosognosia y depresión en la percepción de la calidad de vida de los pacientes con alzhéimer. Evolución a los 12 meses

Categorías: Divulgación

JOSEP LLUÍS CONDE-SALA FACULTAD DE PSICOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA Introducción: La anosognosia es el «desconocimiento, mala interpretación o negación explícita de los síntomas de una enfermedad», una característica de la Enfermedad de Alzheimer (EA) que puede estar presente en los distintos estadios evolutivos de la demencia, aunque de forma más notable en la mayor gravedad. Su prevalencia oscila entre el 40-75% de los casos. Por otra parte, la depresión es uno de los síntomas más comunes de la EA, con una mayoría de las estimaciones respecto a su prevalencia de entre el 20% y el 30%. Las relaciones entre la anosognosia y la depresión, han sido un tema analizado por distintos autores con resultados contradictorios. Dado que estas variables pueden influir en la valoración de la calidad de vida, el objetivo de la investigación fue analizar las relaciones entre anosognosia y depresión y sus implicaciones en la percepción de la calidad de vida del paciente (QoL-p) en los pacientes y sus cuidadores. Métodos: La muestra estuvo formada por 221 pacientes con la EA y sus cuidadores, con un seguimiento de 12 meses. La anosognosia fue evaluada mediante la Anosognosia Questionnaire-Dementia (AQ-D); la depresión con la Geriatric depression Scale (GDS-d) de 15 ítems y la calidad de vida del paciente con la Quality of Life in AD (QoL-AD). La anosognosia está presente con puntuaciones ≥ 32 puntos en la escala AQ-D y la depresión está presente con puntuaciones ≥ 6 puntos en la escala GDS-d. Se analizaron las puntuaciones de estas variables según el estadio evolutivo de la enfermedad con la Global deterioration Scale (GDS) en la evaluación basal y a los 12 meses. Se indicó el tamaño del efecto de las diferencias (Cohen’s d = pequeño: 0,2-0,4; medio 0,5-0,8; grande: > 0.8). Resultados: Los resultados obtenidos indican que los pacientes con anosognosia presentaron unas puntuaciones de depresión menores que los que no tenían anosognosia. Estas diferencias se incrementaron con la mayor gravedad de la demencia. Estas dos variables mantuvieron de forma constante una relación inversa: mayor anosognosia asociada a menor depresión y menor anosognosia a mayor depresión (Fig. 1). Respecto a las implicaciones de la anosognosia y la depresión en la percepción de la calidad de vida del paciente, los pacientes con anosognosia valoraron mejor su calidad de vida (Figura 2). Así mismo, los pacientes sin depresión valoraron también mejor su calidad de vida (Figura 3). Las puntuaciones de los cuidadores respecto a la calidad de vida del paciente (QoL-p) fueron mucho menores en relación a los pacientes que tenían anosognosia, con un tamaño del efecto de las diferencias que oscilaba entre 2,3 y 3,0. También fueron mucho menores las puntuaciones de los cuidadores en los pacientes sin depresión con un tamaño del efecto de las diferencias que oscilaba entre 1,3 y 3,4. Por el contrario las puntuaciones entre pacientes y cuidadores estuvieron más próximas en los pacientes que no tenían anosognosia y estaban deprimidos. Cabe destacar que el tratamiento farmacológico antidepresivo no tuvo ninguna influencia significativa en los pacientes respecto a la depresión o a la percepción de la QoL-p. Conclusiones: La mayor anosognosia y la menor depresión estaban asociadas a mejores puntuaciones de los pacientes respecto a su calidad de vida, siendo estas variables las que ocasionaban la mayor discrepancia con las puntuaciones de los cuidadores en la QoL-p. La menor conciencia de los déficits (anosognosia) puede estar asociada a una menor depresión y a una mejor precepción de la calidad de vida en los pacientes (QoL-p), especialmente en las fases más avanzadas de la enfermedad.

martes, 08 noviembre 2022 16:42

09 - 02 - 2015

Diferencias en el apoyo social percibido entre cuidadores informales y formales de pacientes con demencia tipo Alzheimer

Categorías: Divulgación

DAYSY KATHERINE PABÓN POCHES, MAYRA JUALIANA GALVIS APARICIO, ARA MERCEDES CERQUERA CÓRDOBA UNIVERSIDAD PONTIFICIA BOLIVARIANA, BUCARAMANGA (COLOMBIA) La enfermedad de Alzheimer (EA) es «una encefalopatía degenerativa primaria de evolución progresiva» (Fontán, 2012, p. 36); aunque es la demencia más frecuente en la población anciana, no tiene cura conocida hasta el día de hoy (Romano, Nissen, Del Huerto & Parquet, 2007), y aunque produce una incapacidad funcional y cognitiva importante en el paciente, no es este el único que se ve afectado por esta enfermedad. El cuidador, ya sea formal o informal, es quien resulta afectado significativamente en su salud física, emocional y mental (Espín, 2008). Del total de cuidados que reciben las personas mayores, el 80-88% los brinda exclusivamente la familia (Aparicio, Díaz, Cuéllar, Castellanos, Fernández & De Tena, 2008); sin embargo, existen casos en que la red familiar del enfermo no es suficiente para hacerse cargo de su cuidado, por lo cual se acude al «cuidador formal». Estos últimos, los cuidadores formales deben manejar altos niveles de estrés, lo cual les puede generar trastornos depresivos u otras alteraciones en su salud mental (Camacho, Hinostrosa & Jiménez, 2010), especialmente cuando tienen un bajo nivel de cualificación para la tarea. Esto se demuestra en el estudio de Aristizábal y Ortiz (2002), en el que el 42% de cuidadores presentaba algún grado de depresión, siendo principalmente de tipo leve o moderado. A pesar de la situación que puede desencadenarse en los cuidadores, hay un factor que puede predecir, controlar o/y disminuir los efectos del cuidado de un paciente con Alzheimer. El estudio de Moreno, Arango-Lasprilla y Rogers (2010) encontró que las necesidades más importantes en un grupo de cuidadores era recibir apoyo de tipo informativo; la necesidad de recibir apoyo emocional por parte de profesionales, familiares y personas que hayan pasado por la misma experiencia, y la necesidad de recibir apoyo de la comunidad (amigos, la iglesia y otras organizaciones). El «apoyo social» puede ser definido como una práctica de cuidado que se genera en el intercambio de relaciones entre las personas y se caracteriza por expresiones de afecto, afirmación o respaldo de los comportamientos de otra persona, entrega de ayuda simbólica o material a otra persona (Muñoz, 2000). Ante esto, los investigadores han sugerido que el apoyo social reduce las consecuencias negativas de los acontecimientos estresantes que se producen en el cuidado de enfermos crónicos, entre ellos la carga, la tensión y el malestar emocional (Vega-Angarita & González, 2009; Carretero, Garcés & Ródemas, 2006). Es por ello que la falta de apoyo social o familiar, según resultados encontrados en el estudio de Espinoza y Joffre (2012) y Vega-Angarita (2011) puede producir cambios negativos en los niveles de estrés, en la preocupación por el nivel físico y psicológico, la presión social y el agobio del cuidador (Calero, Fernández & Roa, 2009; Espín, 2009). Teniendo en cuenta los estudios sobre apoyo social, se ha demostrado el impacto que puede generar esta variable en los cuidadores; es así como este estudio de tipo no experimental transversal comparativo tuvo como objetivo identificar el nivel de apoyo social percibido por cuidadores informales y formales de pacientes con enfermedad de Alzheimer de la ciudad de Bucaramanga y su área metropolitana y establecer las diferencias más significativas entre ambos grupos. Se evaluaron 53 informales y 62 cuidadores formales de pacientes con demencia tipo Alzheimer por medio del cuestionario MOS de apoyo social percibido. Se logró determinar que existe una diferencia estadísticamente significativa entre interacción social (p=0,03); apoyo afectivo (p=0,032) y apoyo global (p=0,037) de los grupos de cuidadores formales e informarles; los cuidadores formales presentan mayor puntuación, lo que denota una mejor percepción del apoyo social que reciben.

martes, 08 noviembre 2022 16:21

04 - 02 - 2015

El cuidado del cuidador de personas aquejadas de demencia: autocuidado (I)

Categorías: Opinión

ANTONIO DOMÍNGUEZ LUQUE ESPECIALISTA EN NEUROCIENCIAS DE AFA ANTEQUERA Y COMARCA La persona que puede cuidar a cualquier paciente de manera óptima es la que mejor se cuida a sí misma. Las técnicas de autocuidado permiten que la persona cuidadora adopte una serie de medidas cuyo fin es el del mantenimiento óptimo de la propia salud personal (tanto a nivel físico como psicológico), consiguiéndose pues la base para poder poner en marcha el amplio abanico de actuaciones necesarias para cuidar a la persona con demencia. En el denominado autocuidado se engloban aquellas actitudes y acciones que el cuidador familiar ha de adoptar para valorarse a sí mismo, quererse y cuidarse, contrarrestando así los siguientes síntomas emocionales: Pensamientos erróneos Soledad y aislamiento Insomnio Problemas físicos Ansiedad Depresión El cansancio, agotamiento físico, insomnio, aislamiento social, pérdida de interés por aficiones habituales, consumo de alcohol o somníferos, irritabilidad o la ansiedad son síntomas de alerta que evidencian una falta de autocuidado. Un autocuidado óptimo recoge el asesoramiento correcto sobre la enfermedad, la comunicación de sentimientos que surgen a raíz de los cuidados y el cuidado de la propia salud del cuidador, tanto física como psicológica. En este artículo sobre el autocuidado, el primero de una serie de tres, se va a abordar la gestión de los pensamientos erróneos y la soledad y aislamiento por parte de la persona cuidadora. Pensamientos erróneos Los pensamientos erróneos son aquellos que la persona cuidadora tiene sobre la enfermedad y que directamente acepta como verdaderos sin realmente serlos. Pensamientos erróneos clásicos: «Soy la única persona que puede cuidar a mi familiar», «Soy la persona que mejor le cuida», «Es mi obligación cuidarle», «Tengo que centrar mi vida en cuidar a mi familiar», «Yo puedo con todo», etc. Manejo de pensamientos erróneos En primer lugar hay que identificarlos y aceptarlos. Puede ser útil para ello verbalizarlos en voz alta y hablar de ello con otras personas. En segundo lugar hay que analizar por qué se tienen y reconocer que tenemos nuestras propias limitaciones, por lo que debemos marcarnos objetivos realistas y accesibles. En tercer lugar, establecer recursos para acatarlos: no hacer una montaña de un grano de arena, no culparnos de las cosas que escapan a nuestro control, ser conscientes de que no podemos llegar a todo, cambiando para ello la coletilla «Tengo que hacer…» por «Intentaré hacer…», etc. Soledad y aislamiento El hecho de cuidar a una persona en situación de dependencia hace que se vea reducido considerablemente el tiempo que la persona cuidadora se dedicaba a sí misma. Además existe la creencia de que el hecho de cuidar significa dejar aparcada la vida social que anteriormente desarrollaba el cuidador. Ello puede implicar sentimientos de soledad y aislamiento Detección del aislamiento. El aislamiento puede detectarse a través de la respuesta a preguntas como: «¿Cuánto tiempo hace que no quedo con mis amigos», «¿Dispongo de tiempo para dedicármelo a mí mismo?», «¿Hace cuánto realicé la última actividad agradable que solía hacer con regularidad», «¿Siento que soy la única persona que puedo cuidar de mi familiar?», etc. Prevención de la soledad y el aislamiento. Dedicar tiempo a realizar actividades que resulten gratificantes, buscar nuevas amistades, compartir nuestras experiencias con otras personas, relacionarse regularmente con familiares y amigos, intentar salir de casa para descargar los problemas y aceptar la ayuda que se nos ofrezca.

domingo, 06 noviembre 2022 16:41

03 - 12 - 2014

Funciones neurobiológicas y neuropsicológicas afectadas en pacientes con alzhéimer

Categorías: Divulgación

NICOLÁS PARRA BOLAÑOS (1); JULIANA M. FERNÁNDEZ MEDINA (2); ÓSCAR A. MARTÍNEZ RESTREPO 03 DIC 2014 La enfermedad de Alzheimer (EA), también denominada como enfermedad del olvido, enfermedad de la memoria o demencia senil de tipo alzhéimer, es una enfermedad neurodegenerativa que afecta aproximadamente al 20% de personas entre los 65 y 70 años de edad, aunque se conocen casos esporádicos de aparición de la EA que rondan entre los 45 y 50 años. Es una enfermedad que aqueja aproximadamente a 65 millones de habitantes alrededor del mundo. Desde la neuropsiquiatría la EA está clasificada como una demencia, con alto impacto psicoemocional, cursando trastornos depresivos y ansiosos. Para su diagnóstico se precisa la aplicación de baterías neuropsicológicas completas, además de un seguimiento minucioso del comportamiento. Los síntomas y el deterioro global repercuten en la funcionalidad y Calidad de Vida (CV) de la persona, como consecuencia de atrofia cerebral, siendo letal para el sistema nervioso en su totalidad. El daño en la sinapsis se logra evidenciar generalmente en los primeros estadios de la enfermedad, al examinar la producción de acetilcolina en distintas regiones cerebrales, llegando a afectar la esfera física, mental, emocional y cognitiva del individuo, generando repercusiones a nivel conductual. Las probabilidades de padecer EA aumentan con el envejecimiento, ya sea por herencia o como consecuencia de otra patología asociada, siendo sus causas de tipo multifactorial. La EA presenta tres estadios: leve, moderado y severo. El estadio leve comienza con pérdida de memoria, cambios en el estado de ánimo, apatía, alteración en habilidades atencionales y funciones ejecutivas, disminuyendo la capacidad para aprender nuevas actividades. A ello se suman alteraciones en el humor, tornándose el paciente en ocasiones, muy irritable. En el estadio moderado, los olvidos son más reiterativos, y la funcionalidad del paciente se ve altamente afectada, debido a que la realización de actividades complejas como la organización del tiempo, el manejo del dinero, la planeación de actividades, entre otras, se ven trastocadas. La pérdida paulatina de movimientos en la etapa severa, se denota muy elevada, y hay enormes daños en actividades cotidianas, alteración global de habilidades cognitivas, perdida de movimientos finos y gruesos, además de complicaciones físicas como infecciones repetidas, problemas respiratorios, entre otras afecciones provocadas por fallas orgánicas, que pueden conllevar al deceso del paciente. A pesar de los avances químicos, médicos y farmacológicos, no se ha podido erradicar y mucho menos regular la EA en la etapa severa. Esta es una enfermedad pasivo-agresiva, que representa un alto costo para los sistemas de salud gubernamentales, consumiendo cantidades considerables del Producto Interno Bruto (PIB) de los países. Es por esto, que es necesaria una atención oportuna, por medio de inversión en investigación, atención psicosocial a pacientes y familiares, para proporcionar mejoras en cuanto a CV, y un adecuado proceso de intervención en cuidados paliativos. Debido a las características de la patología y el curso de la misma, es preciso implementar tratamientos de corte cognitivo-conductual, que faciliten la intervención emocional y comportamental, como resultado del progreso de la EA, pero para determinar el curso de la enfermedad y las afectaciones presentes, se debe contar con baterías, tanto de CV como de neuropsicología, neuroimagen y marcadores genéticos, que puedan ser aplicadas consistentemente, a personas entre los 40 y 50 años respectivamente, con el objeto de determinar con anticipación y precisión, signos y síntomas premonitores. Con el fin de lograr habituaciones ambientales en hogar, trabajo y comunidad, es primordial la propiciación de espacios saludables y de confort, durante el proceso de enfermedad, pues del trabajo mancomunado, financiado y veloz, de las diversas ciencias y tecnologías de la salud, es que dependerá la producción científica y los avances obtenidos al respecto de la EA.   1: Psicólogo egresado de la Fundación Universitaria Luís Amigó. Medellín, Colombia. Cursando el Programa de Máster Universitario en Neuropsicología y Educación (UNIR). Logroño, España. Instituto de Neurociencias y Neurorrehabilitación Aplicada y Funcional (INNAF). Medellín, Colombia. 2: Psicóloga egresada de la Fundación Universitaria Luís Amigó. Medellín, Colombia. Máster en Neuropsicología de la Universidad de San Buenaventura. Medellín, Colombia. Instituto de Neurociencias y Neurorrehabilitación Aplicada y Funcional (INNAF). Medellín, Colombia. 3: Medellín, Colombia. Psicólogo egresado de la Fundación Universitaria Luís Amigó. Medellín, Colombia. Filósofo egresado de la Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia. Instituto Neurológico de Colombia. Instituto de Neurociencias y Neurorrehabilitación Aplicada y Funcional (INNAF). Medellín, Colombia.

martes, 08 noviembre 2022 15:41

29 - 10 - 2014

Terapia sensorial y con sentimiento

Categorías: Opinión

EVA MARÍA RODRÍGUEZ TORRECILLAS PSICÓLOGA ESPECIALISTA EN EVALUACIÓN Y ESTIMULACIÓN COGNITIVA En los últimos años, la prevalencia del alzhéimer se ha multiplicado en España. Más de 400.000 personas, mayores o menores de 65 años, padecen dicha demencia. En la actualidad, muchas son las investigaciones que señalan cuáles pueden ser los factores de riesgo para padecer demencia (falta de sueño, malos hábitos de alimentación, falta de ejercicio, hipertensión, etc.). Y aunque los hábitos de nuestra sociedad parecen llevarnos hacia el alzhéimer, dichas investigaciones nos muestran las medidas de prevención que se pueden tomar. De la misma manera, al aumentar la prevalencia del alzhéimer, también ha aumentado la concienciación de la sociedad, de los cuidadores y de los profesionales para paliar los efectos principales de la enfermedad. En los últimos tiempos, raro es que los centros asistenciales y residenciales no cuenten con profesionales especializados en tratamientos no farmacológicos para mejorar la calidad de vida de estos pacientes. Entre los tratamientos no farmacológicos encontramos la estimulación y rehabilitación cognitiva para trabajar las funciones superiores como la memoria, la atención o el lenguaje; psicomotricidad gruesa y fina para potenciar la movilidad, la coordinación y la lateralidad; dándoles las herramientas necesarias para el entrenamiento en las actividades de la vida diaria, disminuyendo la ansiedad y la depresión a la vez que se fomentan las habilidades sociales. Sin embargo, y aunque la concienciación ante la enfermedad cada vez es mayor, a los profesionales que trabajamos con este colectivo, se nos presenta un reto: en demasiadas ocasiones los pacientes llegan a la institución con un grado de deterioro grave (GDS5, 6 y7), donde la estimulación cognitiva al uso es difícil de aplicar en ellos. En estos casos, lo que mejor funciona es la estimulación sensorial. Esta ayuda a disminuir la agitación y la inquietud del paciente, mejorando su forma de expresión y comunicación, trabajando la reminiscencia y proporcionándole al paciente gran variedad de estímulos. ¿Cómo se trabaja la estimulación sensorial? Los grupos deben ser lo más homogéneos posibles, siendo preferible trabajar de manera individual. La sesión debe ser de 30 minutos aproximadamente. Deben trabajarse cada uno de los sentidos (vista, gusto, olfato, oído y tacto). Aunque son muy numerosos los ejercicios que pueden llevarse a cabo, los que mejor funcionan son la estimulación táctil y la estimulación auditiva. Tocar distintas formas, distintas texturas, así como acariciar al paciente (con la yema de los dedos, brochas suaves…) o masajear la zona craneal o facial les proporciona gran tranquilidad y su ansiedad disminuye notablemente. En la estimulación táctil, también funciona muy bien la terapia asistida con animales, ya que acariciarlos y tocarlos muestra un gran poder terapéutico. Otra de las modalidades sensoriales más estimulante es la auditiva, y sobre todo a través de la música, porque ilumina la cara de los pacientes, los trasporta a tiempos felices y pasados aunque presenten un gran grado de deterioro cognitivo. Uno de los métodos que se basa en todas las premisas señaladas es el Método Montessori, método diseñado para la educación infantil, pero adaptado para personas mayores con gran aceptación. Por todo lo anterior, animo a todos los profesionales a trabajar la estimulación sensorial sea cual sea el deterioro que presenta el paciente. De la forma más individualizada posible (aunque en los centros asistenciales es difícil de llevar a cabo, a pesar de que sus beneficios sean mayores que la terapia grupal). Porque como dijo Pasqual Maragall «El Alzheimer borra la memoria, no los sentimientos»; sentimientos que sin duda aporta la estimulación sensorial.

martes, 15 noviembre 2022 09:32

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jueves, 17 noviembre 2022 18:15

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