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lunes, 21 noviembre 2022 10:49

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20 - 01 - 2016

Aportaciones de la Atención Centrada en la Persona en el cuidado de las personas con alzhéimer

Categorías: Opinión

TERESA MARTÍNEZ RODRÍGUEZ PSICÓLOGA GERONTÓLOGA. DRA. EN CIENCIAS DE LA SALUD El alzhéimer suele ser descrito como una enfermedad que provoca un deterioro progresivo de las facultades mentales ante la cual la persona afectada se ve inmersa en un proceso de deterioro progresivo e irreversible que acarrea una pérdida total de capacidad para gestionar la propia vida. Una descripción clínica habitual sobre el alzhéimer, tan cierta como parcial. Un relato que, ausente de otras matizaciones, puede llevar a considerar que la adecuada atención a estas personas se acaba limitando al cuidado físico de un «cuerpo» porque quienes lo padecen van perdiendo su cualidad de «persona» y dejan de tener un proyecto de vida propio. Frente a esta visión basada en el déficit y en la enfermedad, el enfoque denominando Atención Centrada en la persona (ACP) propone una nueva mirada a la demencia, partiendo del reconocimiento de la dignidad de todo ser humano, enfatizando la singularidad de cada persona y potenciando sus capacidades. Pone de relieve el derecho de las personas con demencia a su autodeterminación aunque ésta deba ser ejercida a través de quienes le cuidan. Desde la ACP se han venido realizando interesantes aportaciones que ofrecen un marco de intervención radicalmente discrepante de la visión basada en la enfermedad de las personas con demencia. Cabe destacar las aportaciones de Kitwood, fundador del grupo de demencias de Bradford, quien acuñó el término «atención centrada en la persona con demencia» destacando que además, y antes de la enfermedad, está la persona con sus diversas necesidades, físicas y psicosociales (confort, identidad, apego, ocupación e inclusión) Necesidades que incluso la persona con gran deterioro cognitivo sigue teniendo y que cuando son ignoradas suponen una importante causa del malestar emocional que tiende a ser expresado a través de lo que denominamos «alteraciones conductuales». Otras contribuciones como el Modelo de las Necesidades no cubiertas en las demencias, el Modelo del descenso del umbral del estrés, las aportaciones de Roles y autoidentidad o el método de estimulación de las capacidades de las personas con demencia desde las actividades cotidianas de María Montessori destacan la importancia de los aspectos psicosociales en la adecuada atención de las personas con demencia (Mity & Flores, 2007). Propuestas que suponen un giro importante en el abordaje de las personas con demencia, al entender que la patología no es el único ni principal componente asistencial, abriendo nuevas alternativas en las intervenciones. Cuando la enfermedad progresa, la persona continúa Una especial contribución de la ACP al alzhéimer es su interés hacia el deterioro cognitivo severo. Edvardsson, Winblad, &Sandman (2008) afirman que quienes están en una fase avanzada de la enfermedad de Alzheimer tienden a ser percibidos por quienes les cuidan como sujetos carentes de «personalidad» y que entonces el buen cuidado se tiende a identificar con la atención exclusiva de las necesidades físicas (alimentación, seguridad, higiene, hidratación, control del dolor, etc.), ignorando otras necesidades que estas personas siguen teniendo. Estos autores han enumerado los principales componentes de la ACP en relación a las personas con una enfermedad de Alzheimer de grado severo: a) considerar que la personalidad en las personas con demencia se «oculta» frente a la idea de que se pierde totalmente, b) conocer la singularidad de la persona con demencia en los diferentes aspectos del cuidado, c) ofrecer una atención y entornos personalizados, d) posibilitar las decisiones compartidas, e) interpretar la conducta desde la perspectiva de la persona y f) dar la misma importancia a los aspectos relacionales que a las tareas asistenciales. Esta mirada hacia las personas con demencia avanzada la defienden enfoques que tienen ya un largo recorrido como el interaccionismo simbólico (Blumer, 1969; Goffman, 1959; Mead, 1934), donde el self se concibe como una construcción social y depende, por tanto, del contexto social donde la persona convive. Esta visión se ha visto apoyada, igualmente, por algunos estudios que muestran que personas con demencia severa que son atendidas en entornos positivos donde se les siguen otorgando la consideración de personas, éstas tienden a mantener comportamientos más competentes e incluso llegan a exhibir momentos de «lucidez» (Norman, Norberg, & Asplund, 2002; Norman, Henriksen, Norberg, & Asplund, 2005; The Swedish Council onTechnology Assessment in Health Care, 2006). En línea similar, la terapia de validación propuesta desde hace ya varias décadas por Feil (1993) se basa también en el reconocimiento de las personas con demencia y sus necesidades psicosociales, proponiendo distintas técnicas de comunicación verbal y no verbal para facilitar el contacto y la comunicación interpersonal con éstas. De la enfermedad… a la persona Y es que la visión del otro, en general, es algo que subyace y que en gran medida determina el modo de relacionarnos. Cómo ven a las personas con demencia sus cuidadores (profesionales, familiares o voluntarios) es un elemento de primer orden en la atención dispensada. Desde la mirada que propone la ACP, «Juan es el Sr. Juan» y no «el alzhéimer de la 321 que ingresó en el centro ayer y que presenta desorientación temporo-espacial importante». O «María es María, nuestra apreciada modista», y no «la demenciada que acumula y esconde todo lo que pilla». O «Irene es Irene, a quien le gusta y necesita moverse» y no «la alzhéimer con riesgo de fuga». El alzhéimer, como cualquier otra patología, es sólo una circunstancia que en un momento de la vida puede acompañarnos. Las enfermedades son aspectos importantes, sin lugar a dudas, que hemos de conocer y saber identificar porque nos ayudan a describir el estado actual de la persona y sus necesidades de apoyo. Pero no hemos de perder de vista que los diagnósticos son sólo descripciones de aspectos parciales de las personas. Debemos evitar que acaben siendo la definición esencial y que se conviertan en «etiquetas» genéricas que ignoren las características y necesidades singulares de cada persona, de su personalidad y de su vida (pasada, actual y futura). Una adecuada atención a las personas con demencia va más allá de la atención médica, de la estimulación cognitiva o del diseño de ambientes seguros. Nos invoca a avanzar en estrategias orientadas desde el buen hacer técnico y ético que permitan reconocer al otro desde su singularidad y sus capacidades, otorgarle valor, apoyar su identidad y su derecho a seguir gestionando su propia vida, aunque la incapacidad llegue a ser muy importante. Nos conduce a no olvidar que quienes tienen una demencia siguen siendo personas y, como tales, ciudadanos y ciudadanas portadores de derechos. Personas dueñas de sus proyectos, siempre singulares, de vida. Proyectos de vida que, ahora, requieren de apoyos de los demás para seguir adelante y poder ser disfrutados desde la dignidad y el bienestar. Para saber más: Martínez, T. (2015). La atención centrada en la persona. Sus aportaciones al cuidado de las personas con Alzheimer. Serie informes acpgerontologia, n1. Disponible en www.acpgerontologia.com Martínez, T. (2015). Personas… con Alzheimer. Artículo publicado en el blog La atención centrada en la persona, un camino por recorrer. Disponible en acpgerontologia.blogspot.com.es Martínez, 7. (2012). Los proyectos de vida en las personas con Alzheimer. Periódico Entre mayores.

domingo, 06 noviembre 2022 11:01

18 - 01 - 2016

Relación entre depresión y síntomas psicológicos-conductuales en cuidadores principales de pacientes con enfermedad de Alzheimer

Categorías: Divulgación

MABEL GARZÓN-PATTERSON (1), YADIRA PASCUAL-CUESTA (2) | (1) LICENCIADA EN ENFERMERÍA, MÁSTER EN CIENCIAS DE LA ENFERMERÍA. POLICLÍNICO DOCENTE JULIO ANTONIO MELLA. FACULTAD DE ENFERMERÍA LIDIA DOCE. (2) LICENCIADA EN ENFERMERÍA, MÁSTER EN URGENCIAS MÉDICAS, MÁSTER EN CIENCIAS DE LA ENFERMERÍA. PROFESORA ASISTENTE. FACULTAD DE ENFERMERÍA LIDIA DOCE. LA HABANA, CUBA El envejecimiento comienza con la vida misma, es parte de ella y con ella termina. La ancianidad es la fase final de la vida. Cuba es el cuarto país más envejecido de América Latina, con un incremento de la expectativa de vida al nacer que alcanza los 77.97 años. Con el envejecimiento paulatino de la población se han incrementando las necesidades de tipo biomédico, psicológico y social de los ancianos, tales como las demencias que representan la más trágica decepción, siendo la enfermedad de Alzheimer la más común, se caracteriza por ser un proceso neurodegenerativo de causa incierta, ocasionando en la mayoría de los casos la pérdida progresiva de un tipo muy selectivo de memoria, denominadas síntomas psicológicos-conductuales, los cuales son causa de estrés elevado y se asocian a enfermedad física y psíquica en los cuidadores. El mayor costo es el humano en especial los cuidadores principales, que constituyen un grupo de alto riesgo para el desarrollo de problemas emocionales y de trastornos psiquiátricos, entre otros factores, debido a la progresiva e irreversible desestructuración de la personalidad del enfermo y a la fuerte carga emocional que ello conlleva. El objetivo del estudio fue identificar la relación entre los síntomas psicológicos-conductuales de los pacientes con enfermedad de Alzheimer en los estadios leve y moderado y la depresión que experimentan sus cuidadores principales. Método Estudio descriptivo correlacionar en una muestra de 35 cuidadores principales de pacientes con enfermedad de Alzheimer en los estadios leve y moderado del policlínico Carlos Manuel Portuondo del municipio Marianao, seleccionados por un muestreo por conveniencia. Para el procesamiento y análisis estadístico de la información se confeccionaron tablas de contingencia. Se evaluó la asociación a través de la prueba paramétrica coeficiente de correlación de Pearson (r). Se tuvo en cuenta un nivel de significación de a ≤0.01. El estudio identificó que el SPC que se asoció significativamente con la depresión percibida por los cuidadores principales de pacientes con enfermedad de Alzheimer leve y moderada fue la euforia con un nivel de .004 (r=-.470). Conclusiones Se necesita un mayor número de publicaciones que establezcan las relaciones entre las variables estudiadas, además se considera que se deben realizar programas de intervenciones dirigido a los cuidadores principales de pacientes con enfermedad de Alzheimer debido a que estos están en peligro de experimentar situaciones estresantes.

jueves, 10 noviembre 2022 09:30

19 - 10 - 2015

«Dr., yo en casa lo hago todo!» La anosognosia en la enfermedad de Alzheimer

Categorías: Divulgación

ORIOL TURRÓ GARRIGA | DOCTOR EN PSICOLOGÍA. UNIDAD DE VALORACIÓN DE LA MEMORIA Y LAS DEMENCIAS. HOSPITAL SANTA CATERINA. INSTITUT D’ASSISTÈNCIA SANITÀRIA. SALT. GIRONA La alteración de la consciencia de déficits o anosognosia aparece en la literatura asociada a distintas patologías, siendo bastante elevado el número de pacientes que niegan su enfermedad o las consecuencias de ella. En la enfermedad de Alzheimer (EA) es un síntoma frecuente y que refleja la pérdida asociada a la discapacidad funcional y a los trastornos de la conducta vinculados al deterioro cognitivo característico. La presencia de anosognosia se ha asociado con una mayor frecuencia y gravedad de síntomas psicológicos y conductuales asociados a la demencia (SPCD), mayor realización de conductas de riesgo, así como un mayor impacto para el entorno familiar del paciente. El estudio de la anosognosia carece de un marcador neurobiológico o patrón oro que permita determinar su presencia o el grado de la misma. La mayor parte de los estudios se han realizado mediante 3 tipos de aproximaciones: la valoración clínica de la falta de consciencia de enfermedad del paciente, la discrepancia pre-post test y la discrepancia paciente-cuidador. El objetivo de este estudio fue determinar la prevalencia, realizar una comparativa entre dos instrumentos de evaluación y evaluar la carga percibida por los cuidadores asociada a la presencia de anosognosia. Metodología Estudio transversal en pacientes con diagnóstico de EA no institucionalizados del entorno del Hospital Santa Caterina de Salt (HSC) o del Hospital Universitario de Bellvitge. Para la evaluación de la anosognosia se utilizó la Anosognosia Dementia Questionnaire (AQ-D) que evalúa mediante la discrepancia paciente-cuidador. A partir de una discrepancia ≥32 puntos se considera presencia de anosognosia. Para la comparativa se utilizó una escala de evaluación clínica (Experimenter Rating Scale) entre los pacientes visitados en el HSC. Resultados La muestra final fue de 342 pacientes (124 procedentes del HSC) con una media de edad de 78,4 años y un 64,9% de mujeres. La prevalencia global de anosognosia clínica fue del 46,7% de los pacientes (IC 95% 41,3-52,1). La prevalencia de pacientes con anosognosia aumentó con el mayor estadio evolutivo, siendo del 28,4% (IC 95% 21,8-35,0) en los pacientes en fase leve, del 64,6% (IC 95% 55,3-73,8) en fase moderada y del 91,4% en fase grave (IC 95% 76,9-98,2), siendo estas diferencias significativas. Para el global de la muestra, la gravedad fue la principal variable asociada a la presencia de anosognosia. En los casos leves, la variable con mayor riesgo fue la presencia del trastorno de desinhibición (OR=1,307; IC 95%= 1,05-1,63; p=0,017). La puntuación media en la Burden Interview de Zarit (BI) fue de 43,6 puntos (DE=14,3; rango=22 – 87). En el modelo de regresión lineal ajustado, el aumento de la puntuación total en la BI estuvo asociado a mayor anosognosia (βe= 0,346; p<0,001), en los los factores de la BI, la presencia de anosognosia, se asoció a los factores carga física y social, presión emocional y relación de dependencia. Discusión La anosognosia en la EA ha sido relativamente poco estudiada y en el contexto clínico aún existe un elevado infra-diagnóstico. Según nuestros datos, 1 de cada 4 pacientes con EA en fase inicial puede presentar anosognosia y ello se asocia con mayor presencia de SPCD como apatía, desinhibición e irritabilidad. Alteraciones que, asociadas a la propia enfermedad, incrementan aún más la carga y la presión que percibe el cuidador en relación a la prestación de asistencia. Una detección precoz puede contribuir a prevenir el desarrollo de los SPCD asociados, a ajustar los tratamientos según el grado de adherencia y a adecuar la información a los cuidadores. A la vez que facilitar la comprensión de los cuidadores y poder ajustar los recursos socio-sanitarios para que estos cuidadores puedan seguir tratando a su familiar el máximo tiempo posible.

jueves, 10 noviembre 2022 11:39

27 - 05 - 2015

Factores clave en la práctica clínica de la estimulación cognitiva. V: Consideraciones finales

Categorías: Opinión

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ MARTÍN GERONTÓLOGO Y NEUROPSICÓLOGO Para concluir esta serie de artículos, no se deben olvidar aspectos importantes que se comentan a continuación. Sobre los tiempos en sesiones de memoria o aprendizaje, se puede recomendar utilizar la recuperación espaciada. Se trata de ir aumentando los tiempos de recuerdo de material o estímulos aprendidos o al menos presentados. Esto dará índices de cómo funcionan los procesos de memoria y los ejercitará, a la vez que fuerza los procesos a su funcionamiento máximo. Por otro lado, sobre la práctica o las sesiones y la temporalidad. En este caso es beneficiosa práctica distribuida, espaciada en el tiempo. No se trata de realizar tareas o sesiones intensivas, de gran esfuerzo cognitivo. Se trata de distribuir la práctica durante un largo espacio de tiempo, pero en periodos reducidos y activos. En el ejemplo del PACID, las 6 áreas de las sesiones se realizan en poco más de 45 -60 minutos, de forma dinámica y en tres sesiones semanales distribuidas. Puede ser un ejemplo de programación en el tiempo. Por otro lado, extensible a la intervención específica en el entorno terapéutico, y unido a la generalización de la que se ha hablado anteriormente, pueden también apoyarse los avances o la evolución del usuario en elementos como las ayudas técnicas o externas (agendas, carteles, etc.), modificaciones en el entorno (señales, signos o puntos de referencia explícitos que faciliten la orientación de los mapas cognitivos o de la planificación y ejecución en conductas complejas), la modificación de conductas (que puede favorecer la obtención de hábitos y conductas automáticas funcionales), e incluso en muchos casos la intervención de los familiares dentro del contexto del usuario (favoreciendo la comprensión de la enfermedad, formando sobre las características del cuidado a todos los niveles, ayudando a la planificación del proceso de deterioro y ofreciendo herramientas de adaptación a la situación). Finalmente, ha de considerarse que no solo la experiencia, el contacto directo, y la disposición de materiales de determinadas características (temáticos, estructurados – complejos, integrales – específicos, papel y lápiz o nuevas tecnologías, etc.) es en la que deben basarse los procesos de rehabilitación neuropsicológica, y concretamente los programas de estimulación cognitiva. El profesional debe tener en cuenta que la base de toda intervención es la propuesta de un modelo teórico determinado. La aplicación de estos modelos teóricos a las circunstancias individuales del usuario es lo que dará una consistencia a la intervención con unos objetivos plausibles y fehacientes. En estos casos es necesario el estudio y actualización sobre los procesos cognitivos, las bases de la rehabilitación neuropsicológica y la literatura científica actual sobre temas específicos del área. Y sobre todo ello, el planteamiento de validez, de la falsación de hipótesis y la crítica profesional.

domingo, 06 noviembre 2022 15:50

25 - 05 - 2015

Sobrecarga, psicopatologías y relación con el farmacéutico comunitario en cuidadores informales de enfermos de alzhéimer

Categorías: Divulgación

NATALIA VÉREZ COTELO | FARMACÉUTICA Los cuidadores principales familiares (CPF) viven junto al enfermo de alzhéimer (EA) y sufren el deterioro progresivo e irreversible de su familiar. El cuidado diario de un familiar enfermo de alzhéimer (EA) supondrá un estrés emocional y físico importante para el cuidador. El resultado puede desembocar en un intenso sentimiento de sobrecarga y conducir a diversas psicopatologías como depresión, ansiedad, agresividad, astenia psicofísica, etc. El aumento en la incidencia de la enfermedad está provocando escasez de cuidadores y falta de apoyo social e institucional a las familias que se encargan de cuidar a un EA. Los principales objetivos de la investigación eran conocer el perfil de los cuidadores principales familiares de EA, evaluar los niveles de sobrecarga, apoyo familiar y social percibido y la sintomatología ansiosa y depresiva, así como evaluar la relación existente entre al apoyo familiar y social percibido por el CPF y la existencia de sobrecarga y psicopatologías relacionadas, la relación entre el tiempo de evolución del EA y la carga emocional del CPF y la solicitud de consejo farmacéutico y la relación de los CPF con su farmacia habitual. Tras el estudio descriptivo transversal en el que participaron 30 CPF de EA no institucionalizados seleccionados aleatoriamente entre los que acudían a una farmacia próxima a un centro de salud (zona urbana de Pontevedra), los resultados desvelaron que el perfil de cuidador corresponde al de una mujer de 55 años, principalmente hijas, con estudios primarios, con ansiedad (20%), depresión (22%) y alto grado de sobrecarga (24%), que pertenece a una familia normofuncional y con apoyo social percibido normal. El 68 % de los CPF está a tratamiento con psicofármacos (ansiolíticos, antidepresivos, inductores del sueño), el 48% solicitó o se le indicaron infusiones para mejorar su situación de nerviosismo, ansiedad, insomnio, etc., y al 24% se le dispensaron vitaminas y reconstituyentes para mejorar su estado físico. Resultados negativos asociados a la medicación (RNM) más frecuentes: necesidad de tratamiento para problema de salud no tratado (ansiedad, depresión, estado de ánimo) e inefectividad del tratamiento antidepresivo ansiolítico cuando está establecido. El 40% de los encuestados solicitaron al farmacéutico información (estado general, la enfermedad del familiar, etc.) y suelen acudir siempre (96%) a la misma farmacia. Además, el estudio reveló que el nivel de sobrecarga se reducía cuanto más normofuncional era la familia, algo que repercutía favorablemente sobre el apoyo social percibido y menores niveles de depresión y que aumentaba el riesgo de ansiedad, depresión y sobrecarga cuanto mayor era el grado de dependencia física y deterioro mental del EA. . Los resultados de esta investigación coinciden con la encuesta de la Fundación Alzheimer España (FAE 2010) y Alzheimer Europe (2006). Un elevado porcentaje de los encuestados recibe tratamiento con psicofármacos o ha solicitado infusiones para mejorar su nerviosismo, ansiedad, falta de sueño, lo cual da una idea del desgaste psíquico que sufren los cuidadores. Los cuidadores señalaron la necesidad de mayor información sobre todos estos temas. Los CPF suelen acudir siempre la misma farmacia y están satisfechos con el trato recibido. Conclusiones Existe importante sobrecarga, ansiedad y depresión en los cuidadores. El farmacéutico debe participar en equipos multidisciplinares para mejorar su salud y calidad de vida. En la farmacia se pueden identificar psicopatologías no diagnosticadas, lograr un diagnóstico precoz y ofrecer información sobre las ayudas a los EA y sus cuidadores. Natalia Vérez Cotelo (1, 6); N. Floro Andrés Rodríguez (2, 6); José A. Fornos Pérez (3, 6); J. Carlos Andrés Iglesias (4, 6); Rocío Mera Gallego (4, 6); Marcos Ríos Lago (5). 1. Licenciada en Farmacia. Universidad San Pablo CEU. Escuela de Magisterio de Vigo. 2. Doctor en Farmacia. Farmacéutico comunitario en Vigo (España). 3. Doctor en Farmacia. Farmacéutico comunitario en Cangas do Morrazo (España). 4. Farmacéutico comunitario en Vigo (España). 5. Doctor en Psicología. Dpto. Psicología Básica II. Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). 6. Grupo Berbés de Investigación y Docencia.

jueves, 10 noviembre 2022 12:44

06 - 05 - 2015

Factores clave en la práctica clínica de la estimulación cognitiva. III: Valoración y ecología de las tareas

Categorías: Opinión

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ MARTÍN GERONTÓLOGO Y NEUROPSICÓLOGO Para lograr un adecuado nivel de dificultad en las tareas o actividades a implementar, el profesional debe conocer el nivel de deterioro de la persona. Para ello, como en todo proceso de intervención neuropsicológica, es necesaria la evaluación. El resultado de la valoración de los procesos psicológicos indicará que funciones o tareas son las posibles a utilizar en el proceso terapéutico, así como la predicción de su ejecución en unas u otras. Con un diagnóstico adecuado y una valoración específica de la situación de la persona es más probable diseñar una serie de tareas o actividades que favorezcan un programa efectivo de intervención. La dificultad de las tareas de las que se hablaban anteriormente vendrá determinada por este nivel de valoración. La valoración no solamente debe de ser una condición previa o de base a la intervención. De hecho debe de ser una valoración continua. Esto no quiere decir que se deba de aplicar una valoración neuropsicológica específica cada pocas semanas o meses en el tiempo, lo cual sería contraproducente y falto de validez. Pero sí es posible encontrar pruebas o tareas breves, incluso en las realizadas en la propia intervención, que nos puedan dar índices (no objetivos en la mayoría de los casos) de dicho nivel en procesos cognitivos. Por otro lado, fijándonos en otros factores importantes dentro la metodología de intervención en la estimulación cognitiva, la ecología de las tareas o actividades a realizar es un aspecto de importancia. Actualmente los programas de rehabilitación neuropsicológica tienden a este tipo de adaptaciones de las tareas. En tiempos anteriores, la preocupación de los neuropsicólogos sobre este aspecto se enfocaba en el máximo control de las tareas o actividades, de forma que como se ha señalado anteriormente, activasen procesos específicos o fueran dirigidas a la activación clara de ese proceso cognitivo concreto (memoria, atención, etc.) primordialmente. Propuesta claramente imposible como se ha señalado, por la dinámica del propio funcionamiento cerebral a nivel de funciones. Desde corrientes funcionales, se cambia este foco en la intervención, proponiendo tareas y actividades más funcionales, o tareas ecológicas. Es decir, no se trata solo de activar procesos cognitivos (necesarios para controlar la activación y manejar el diseño del programa de estimulación) sino de que esos procesos rehabiliten funciones concretas en el individuo. Por ejemplo, no solo se trata de hacer que la persona vuelva a manejar o mantenga un nivel adecuado en la memoria a corto plazo, o en la memoria a largo plazo semántica, o en la atención selectiva; se trata de que pueda escribir un número de teléfono de 9 dígitos después de escucharlo, de que siga manteniendo la información de un texto después de un tiempo, o de que sea capaz de buscar un bolígrafo rojo dentro del vaso de bolígrafos de su escritorio sin problemas. ¿Pero entonces, qué tipo de tareas son las recomendadas, las tareas experimentales, controladas, o las tareas funcionales? Hay un mayor apoyo de la literatura científica actual sobre estas últimas en lo que se refiere al proceso de rehabilitación neuropsicológica. Desde el punto de vista de la práctica clínica y el diseño de programas de estimulación cognitiva, se deben de tener en cuenta ambas. En este momento es cuando el concepto de ecología cobra su protagonismo. Precisamente una tarea ecológica puede ser la derivación de una tarea experimental y controlada, sobre un proceso cognitivo específico, pero que vaya enfocada a una función diaria y habitual para el individuo. E incluso, mejor aún, es posible ejercitar la primera como preámbulo en sesiones posteriores, a las más funcionales. Las tareas funcionales suelen ser más complejas porque conllevan más recursos cognitivos al estar en contextos diversos, posiblemente no controlados por la persona, y por la implicación de varios procesos cognitivos exigentes. Por eso la graduación de dichas tareas, en cuanto a nivel de dificultad, pero desde luego en cuanto a su ecología y posibilidad de generalización al medio del individuo. La rehabilitación sería más efectiva si la persona no solo mejora en ejecución en procesos, sino verdaderamente en funciones que le permitan adaptarse, generalizar la rehabilitación, a su propio medio, ese sería el objetivo final. Mejorando su calidad de vida.

domingo, 06 noviembre 2022 16:07

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jueves, 17 noviembre 2022 18:15

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