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lunes, 21 noviembre 2022 10:49
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¿Ocurre de la misma forma el condicionamiento evaluativo en personas sanas y personas con la enfermedad de Alzheimer?
Categorías: Divulgación
Etiquetas: demencias , evaluación , psicología , condicionamiento
MELODY GONZÁLEZ ANTA | PEDAGOGA Desde hace varios años, diversos profesionales han intentado estudiar cómo funciona la aversión y el gusto por determinadas cosas en los seres humanos. Esto es a lo que llaman condicionamiento evaluativo (CE), el cual supone que se produce un cambio en la valencia de un estímulo debido al emparejamiento reiterado de un estímulo condicionado (EC) con un estímulo incondicionado (EI). Esto puede producir en las personas preferencias por un tipo de comida o aversión por otra, o que pueda gustarles una película o por el contrario, les cause miedo. Por lo tanto, como consecuencia de estas preferencias y aversiones se produce en las personas un cambio de conducta debido a los mecanismos asociativos que intervienen en el CE. El condicionamiento evaluativo permite que se produzca un aprendizaje puesto que éste se basa en el vínculo entre los estímulos que son más relevantes para las personas. Por otro lado, el papel que tiene la conciencia en este trabajo es de vital importancia para poder relacionarlo con la enfermedad de Alzheimer, puesto que es significativo asumir la pregunta de si el condicionamiento evaluativo es independiente de la conciencia, o si depende de ella. Por ello hay dos problemas que se presentan cuando hablamos de conciencia. Uno es que existe un mecanismo único de naturaleza representacional, y el segundo implica la participación de un mecanismo dual. Si hay correspondencia entre una respuesta condicionada y conocimiento consciente estaríamos hablando de un único proceso de aprendizaje, pero si nos encontramos con segregaciones entre estas dos medidas estaríamos hablando de múltiples procesos de aprendizaje que se producen en la persona. Para entender bien la importancia de la conciencia hay que hacer una distinción entre lo que es el condicionamiento evaluativo y el condicionamiento clásico. El condicionamiento es un proceso asociativo que se inicia por la manifestación en el entorno entre el estímulo condicionado y el estímulo incondicionado, esto significa que los seres humanos manifiestan una respuesta condicionada mediante los efectos del estímulo incondicionado. El principal resultado de este condicionamiento es que los seres humanos son capaces de dar información sobre la relación que existe entre el EC y el EI. Por lo que el condicionamiento puede ocurrir sin necesidad de la conciencia o mediante ella. El condicionamiento evaluativo, como hemos dicho anteriormente, es una forma de aprendizaje que presenta cambios en las valoraciones afectivas de las personas. En este caso el estímulo condicionado activa simplemente una representación metal del estímulo incondicionado sin saber que éste último va a aparecer. En este caso puede haber una falta de conciencia entre la relación del EC y EI. Otro aspecto importante en el CE es la relación que hay entre el aprendizaje y la memoria, ya que son dos procesos psicológicos a través de los cuales los organismos elaboran la información que les proporcionan los sentidos. Son dos fenómenos interdependientes puesto que los efectos en la conducta son consecuencia de lo aprendido, pero esto debe permanecer en la memoria, es decir, el cerebro tiene mucha capacidad para aprender nuevos conocimientos y también la capacidad de recordarlos. Por todo esto, hemos diseñado un proyecto de investigación para observar si se produce de la misma forma el condicionamiento evaluativo en personas sanas y en personas con la enfermedad de Alzheimer con el mismo rango de edad, siendo el objetivo principal analizar en qué medida un estímulo neutro adquiere valencia emocional como consecuencia de su relación con un estímulo incondicionado con valencia positiva o negativa en la memoria a través del condicionamiento evaluativo con escenas de películas en personas con la enfermedad de Alzheimer y en personas sanas.
jueves, 10 noviembre 2022 08:24
Mediación: un recurso para la familia ante el alzhéimer
Categorías: Opinión
Etiquetas: psicología , familia , mediación
ANA BELÉN MIGUEL CORREDERA Y FRANCISCO IGLESIAS MIRANDA PSICÓLOGOS Y MEDIADORES DE MUNDOMEDIACIÓN La aparición del alzhéimer, al igual que otras enfermedades, supone reajustes en los esquemas y roles familiares que no siempre se consiguen fácilmente. En ocasiones la diferencia de criterios entre el enfermo y la familia, o entre los miembros de la familia generan un conflicto añadido al desarrollo de la enfermedad. En este contexto, la mediación es un recurso eficaz, rápido y económico, para resolver las diferencias y llegar a acuerdos beneficiosos para todos donde todos participan. Cuando aparece el alzhéimer en la vida de una persona, su futuro se desdibuja y las reacciones de su familia y entorno pueden ser muy diversas; la incredulidad, la sorpresa, la negación, la protección y la sobreprotección son algunas de estas respuestas cuyas diferencias radican en las características y estilos de cada uno y de cada familia, así como de la percepción individual y subjetiva de las necesidades a las que hay que dar respuesta dadas las circunstancias. Estas diferencias pueden ser gestionadas de forma adecuada o, por el contrario, convertirse en un nuevo conflicto, y es ahí donde la mediación familiar se presenta como un recurso de gran utilidad y eficacia. La mediación es la intervención de un tercero profesional, imparcial, sin capacidad de decisión, que acompaña a las personas que, ante una situación de conflicto, quieren llegar a acuerdos aunque encuentren obstáculos para ello, es voluntaria y confidencial, y se basa en el respeto a la capacidad de decidir de las personas sobre su propia vida y la de su familia. La mediación ha demostrado sus beneficios desde hace años en asuntos como divorcios, herencias, empresas familiares y, desde hace tiempo, también es aplicada a situaciones de dependencia y discapacidad. Sus ventajas pasan por ser una fórmula rápida, pues es una intervención centrada en aspectos muy definidos que hay que resolver, y para la que no se necesitan muchas sesiones, el mediador acompaña y favorece que se dé un proceso equilibrado donde todos participan y el acuerdo se construye entre todos, acuerdo estable y duradero, pues no es impuesto y es más sencillo responsabilizarse de aquello en lo que se ha participado, además la mediación es considerablemente más barata que otras fórmulas y existen muchos servicios e instituciones que ofrecen mediación gratuita o en base a los ingresos de la familia. Cuando el asunto a mediar tiene que ver con un enfermo de alzhéimer es importante que todas las partes cuenten con una información objetiva y veraz de la enfermedad y de los aspectos legales ligados a ella, haciendo que las decisiones pactadas sean viables. Por otro lado, en mediación se promueve que la persona enferma decida sobre los aspectos de su propia vida, de sus cuidados presentes y futuros, favoreciendo la autodeterminación y la autonomía en la primera fase de la enfermedad. Cuando la enfermedad avanza, permite a los familiares la gestión positiva de las diferencias que surgen sobre las decisiones a tomar respecto al enfermo, dándose una oportunidad para alcanzar acuerdos que repercutan en el bienestar de toda la familia.
domingo, 06 noviembre 2022 10:28
Confabulación y demencia: a propósito de dos casos únicos
Categorías: Divulgación
Etiquetas: demencia , psicología , confabulación
ALMUDENA DEL AVELLANAL CALZADILLA (1), ÁNGEL MORENO TOLEDO (2) | (1) PSICÓLOGO SANITARIO, (2) PSICOGERONTÓLOGO La enfermedad de Alzheimer en estadios moderados afecta considerablemente al recuerdo. Los problemas en el procesamiento de la información y la laguna memorística, hacen que el enfermo de alzhéimer confeccione un recuerdo infundado en base a retazos de su historia vital. Este recuerdo es útil para sortear la ansiedad generada ante la pregunta ¿Qué hizo ayer?. A esta falsa verbalización se denomina confabulación, que constituyen confeccionados acontecimientos que desplazados de su línea temporal, están basados en sucesos autobiográficos o recuerdos episódicos. La confabulación parte de un fracaso en la recuperación del recuerdo (procesamiento de la información) y está condicionada a esquemas de la trayectoria vital que alimentan el hilo argumentativo de las emisiones. Esta incapacidad para recordar, se hace más evidente en los casos de requerimiento y búsqueda de un recuerdo en concreto, predispone a que el enfermo improvise y confeccione esos evocaciones infundadas o auxiliares para evitar la ansiedad ante la pesquisa del recuerdo y la incapacidad de respuesta. La naturaleza del suceso autobiográfico, está basada en acontecimientos significativos, efemérides que de algún modo marcaron al sujeto o forman parte del conjunto de su historia vital. Existen dos tipos de confabulación, las espontáneas y las provocadas. La espontánea es aquella organizada sin la aparente finalidad, propósito o requerimiento del sujeto. En cambio, la provocada es consecuencia de la proposición del sujeto hablante de un recuerdo específico. Las confabulaciones espontáneas suelen ser estables en cuanto a temática, grandiosas, fantásticas y ocurren sin elicitación, en cambio, las provocadas son momentáneas y ocurren como consecuencia de una pregunta que demanda un recuerdo. Hay casos en los que sucesiva a la confabulación el acontecimiento verbalizado se representa conductualmente. Esto es, la confabulación actúa como un guión que arbitra la ejecución de la conducta. Se presentan dos casos de confabulación, en uno desentrañamos la génesis de la confabulación el acontecimiento verbalizado se representa conductualmente. La confabulación actúa como un guión que arbitra la ejecución de la conducta. La confabulación ejecutiva sería una representación motora, corporal y ejecutiva de un acto verbalizado a consecuencia de una confabulación. El contenido temático se lleva a cabo conductualmente, siendo habituales relacionadas con antiguos quehaceres o viejos desempeños. Esta representación o performance, encarna un ritual de conducta que evoca un acontecimiento. Se presentan dos casos de confabulación, en uno desentrañamos la génesis de la confabulación provocada mediante las preguntas dirigidas ¿Qué hizo ayer? ¿Dónde estuviste? ¿Con quién?. Del mismo modo, analizamos la formación de la confabulación espontánea a paciente confabulador. Observamos que el contenido temático queda vinculado firmemente a la trayectoria vital del sujeto. De esta forma, el hilo argumentativo o el discurso creado por el enfermo le instruyen para elaborar esa cadena de sucesos que origina finalmente la confabulación. Muchos autores han tratado de explicar este fenómeno, achacándolos fundamentalmente a las distorsiones de memoria, al problema de recuperación o a un tipo de personalidad, la denominada, «personalidad confabulatoria» según DeLuca. Fuente: Neurama. Revista electrónica de Psicogerontología www.neurama.es Moreno, A. y Del Avellanal Calzadilla A. (2015). Confabulación y demencia: A propósito de dos casos únicos. Neurama. N2 Vol.2. p.15-23
jueves, 10 noviembre 2022 08:32
Neuroimagen de las demencias: correlatos cognitivos y conductuales
Categorías: Divulgación
Etiquetas: demencias , psicología , cognición , neuroimagen , conductas
JOAN DEUS I YELA | PROFESOR AGREGADO DEL DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA CLÍNICA Y DE LA SALUD DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA (UAB). UNIDAD DE INVESTIGACIÓN EN RESONANCIA MAGNÉTICA DE CRC-HOSPITAL DEL MAR El uso de la neuroimagen, como prueba diagnóstica médica complementaria, es un acto rutinario en la evaluación de las demencias y, a veces, puede resultar crucial para una adecuada evaluación. Sin embargo, hasta la fecha, el diagnóstico más prevalente de una enfermedad neurodegenerativa tipo demencia sigue siendo, básicamente, clínico y se sustenta en una anamnesis bien estructurada, en una completa exploración neurológica y en una adecuada y dirigida exploración neuropsicológica que perfile el deterioro neurocognitivo del paciente en estudio. En los últimos años, las técnicas de neuroimagen estructural (Tomografía Axial Computerizada –TAC- y Resonancia Magnética –RM-), funcional (Tomografía por Emisión de Positrones –PET-, Tomografía de Emisión Monofotónica –SPECT-, Resonancia Magnética Espectroscópica –RMe- y Resonancia Magnética Funcional -RMf-) y de conectividad funcional y estructural (RMf en reposo e Imágenes con Tensor de Difusión -DTI-), se han constituido como un instrumento útil e imprescindible para la investigación y comprensión de la relación entre cerebro y conducta. Ciertos avances de neuroimagen, como el estudio del ligando Pittsburg (PIB) mediante el PET como biomarcador en la enfermedad de Alzheimer, mejoran la capacidad del clínico para poder diferenciar ciertas demencias neurodegenerativas. Más recientemente, el estudio volumétrico de la RM de alta resolución permite identificar las variantes lobares de la Demencia Fronto-Temporal, la degeneración córticobasal y algunas formas de parkinsonismo o trastornos neurodegenerativos cerebelosos como la atrofia multisistémica y las ataxias espinocerebelosas. Los estudios de conectividad cerebral pueden ayudar al diagnóstico precoz de ciertas demencias y clarificar la patofisiología que permita explicar el déficit neurocognitivo. En consecuencia, se puede decir que en la última década los avances en neuroimagen han permitido generar unos biomarcadores que aumentan la certeza diagnóstica de un proceso neurodegenerativo, proporcionan una valiosa información sobre su pronóstico y sugieren la patología neural subyacente al síndrome de demencia. La neuroimagen también permite una circunscrita topografía neuroanatómica cortical o subcortical, en las fases iniciales e intermedias, de la afectación estructural o funcional que define y caracteriza al proceso neurodegenerativo. Ello posibilita una clasificación topográfica de las demencias dividiéndolas según la localización de las lesiones (difusas, focales o lobares y multifocales) y, además, permite la posibilidad de establecer una relación con el perfil del déficit neurocognitivo del proceso neurodegenerativo, primario o secundario, en curso. A la luz de los recientes estudios, se vislumbra un panorama nuevo y mucho más positivo para la neuroimagen en el manejo del diagnóstico presintomático de las demencias, especialmente en la enfermedad de Alzheimer, de su curso clínico evolutivo y de la potencial respuesta al tratamiento. Ciertamente, aunque sólo la evaluación clínica puede llevar a un diagnóstico de un proceso neurodegenerativo tipo demencia, en la actualidad, se puede afirmar que las diferentes modalidades de la neuroimagen estructural y funcional contribuyen al diagnóstico y comprensión de la patofisiología de los diferentes tipos de demencias y es claramente una herramienta de gran valor para el clínico en el diagnóstico diferencial. El futuro de la neuroimagen, para poder completar dichos objetivos, implicará la incorporación de nuevas modalidades de estudio en la práctica clínica de rutina y una combinación de biomarcadores de imagen. El objetivo del presente artículo es proporcionar una revisión general de los diferentes métodos de neuroimagen utilizados para el diagnóstico clínico de las enfermedades neurodegenerativas más prevalentes en la actualidad y su relación con el perfil neurocognitivo o neuropsicológico que las caracteriza.
jueves, 10 noviembre 2022 08:40
¿Cuándo llegamos?
Categorías: Opinión
Etiquetas: demencias , psicología , cuidados , familia , cuidador
HELENA BARAHONA ÁLVAREZ DOCTORA EN PSICOLOGÍA A menudo, escuchamos decir que los ancianos se vuelven como niños. Es una de esas frases que las abuelas prestan a nuestras madres, y éstas a nosotros, pasando de generación en generación hasta adquirir el prestigio de la sabiduría popular. Y es cierto que, en buena medida es así, pues ambos -tanto niños como ancianos-, son especialmente sensibles y demandan una atención y un cariño que los que nos encontramos en una edad intermedia a ellos parecemos no necesitar. Y esa demanda, unida a la falta de ciertas capacidades (ya sea por no haberlas adquirido aún, o por estar perdiéndolas), hace que sean personas altamente dependientes de nosotros. En las personas con alzhéimer, sean o no mayores, esta circunstancia es aún más acentuada, ya que los mecanismos degenerativos invierten el orden de adquisición de las funciones, llegando –en las últimas fases-, a no entender el lenguaje, sólo los gestos. Por ello, para él tiene mucha más importancia la comunicación con la sonrisa y el cariño que las palabras propiamente. Vemos aquí también un rasgo compartido con los bebés; un rasgo que, paradójicamente, despojándonos de la autonomía que nos otorga el carácter de humanos, nos hace aún más humanos, porque no atendemos al contenido de las palabras, sino puramente a las emociones, y a la esencia así de lo que somos. El oído y el tacto es lo último que se pierde y lo primero que se adquiere al nacer; aunque no estén conscientes, saben que esa mano o esa voz son tranquilizadoras, lo mismo que le ocurre a un bebé. Es la regresión a la humanidad pura, desintoxicada, que decíamos antes. Por otro lado, ¿cuántas veces nos ha martilleado un niño con la pregunta de «¿Cuándo llegamos? ¿Cuándo llegamos? ¿Falta mucho? ¿Cuándo llegamos?» ¿Y cuántas veces, un paciente de alzhéimer puede repetir la misma pregunta, sin recordar que ya nos la ha hecho? Sin embargo, a diferencia de los niños, los pacientes de alzhéimer llevan archivado en su memoria, con el celo de un notario, el recuerdo de sus vivencias pasadas. Eso les sirve, en las primeras fases de la enfermedad, para poder sobrellevar las pérdidas de memoria; y más adelante, cuando los recuerdos actuales no existen, les sirve para protegerse y continuar viviendo. Vivir en el presente a través de su pasado. En todo caso, en lo que más se parecen, tanto los niños como los enfermos de alzhéimer, es en su necesidad -imperiosa- de sus familias y de buenos profesionales que los atiendan. Ya sea para enseñarles a vivir, o para ayudarles a culminar su vida con la dignidad que merecen. Estar solos les genera inseguridad, y el cuidador –al igual que la madre para el bebé- es su referente continuo. Por eso le asusta no verlo, e intenta tenerlo siempre cerca. En cuidados paliativos se recurre mucho al principio de que cuando no se puede curar, hay que cuidar. Porque el amor cura. Cura la parte anímica y espiritual de la enfermedad, que siempre es la más difícil de diagnosticar y de pautar, y a la que es imposible medicar. Una vez se diagnostica a una persona de la enfermedad de Alzheimer, no hay marcha atrás, se inicia un camino sin retorno. Y al igual que cuando nace un bebé, sólo el amor de los cuidadores (ya sean familiares o profesionales), podrán hacer de este trance un camino más grato y llevadero: no debemos olvidar que la vida también es hermosa cuando sólo respondemos a las sonrisas y al cariño, al tacto y a la voz, aún sin saber nada más, con el conocimiento justo para saber que nos quieren. Quizá, de alguna forma, los enfermos somos los que necesitamos saber más, a los que no nos basta con saber que nos quieren, sin saber en basé a qué ni cómo.
domingo, 06 noviembre 2022 10:50
Emociones ante el diagnóstico de una demencia
Categorías: Opinión
Etiquetas: demencia , diagnóstico , psicología , emociones
LETICIA RODRÍGUEZ SÁNCHEZ PSICÓLOGA «Mientras unos intentan olvidar, otros luchan por recordar…» Cuando a un ser querido se le diagnostica una demencia, del tipo que sea, de repente nos encontramos ante una serie de preguntas para las que nadie tiene respuestas y ante una avalancha de emociones que parece que se nos van a escapar por todas y cada una de nuestras extremidades. Una de las primeras emociones que experimentamos es una tranquilidad que nos recorre como una sacudida, ya que desde ese momento le ponemos nombre y apellidos a una serie de comportamientos inusuales que hemos venido observando desde hace algún tiempo; y al final no es que nos estuviéramos volviendo locos, sino que un monstruo se ha apoderado de nuestro familiar, haciendo que éste se comporte de manera extraña. Una vez que pasamos de esa tranquilidad, un miedo comienza a subir desde los pies hasta la cabeza, miedo a no saber qué hacer, cómo ayudar, la medicación, ¿cómo se lo digo?, ¿y cuándo no me reconozca?, ¿y si está muy agitado, sabré calmarle?… Sabemos que se nos van a presentar situaciones difíciles y nos asusta no saber si seremos capaces de afrontarlas. El miedo a lo desconocido nos lleva a un precipicio de emociones e inseguridades que hace que todos nuestros pilares se tambaleen. Una tristeza nos invade al tomar conciencia de lo que conlleva una demencia, porque en la actualidad todos hemos oído a algún amigo que ha vivido este tipo de situaciones, los anuncios publicitarios, personajes públicos, películas… y sabemos que con el tiempo el único recuerdo será el que tengamos nosotros. En ese momento, recuerdas las batallas que tu ser querido ha librado a lo largo de su vida, recuerdas la entereza con que se ha enfrentado a los problemas, lo que ha luchado y trabajado por sacar a su familia adelante… y ahora ya no recordará ni quién es. Pero junto con a estas emociones y sensaciones también se advierte una implosión de rabia porque no entendemos por qué a nuestro familiar, por qué justo en este momento en que podía disfrutar… Y todo esto unido a la incertidumbre de ¿y ahora qué?; ya tenemos el diagnóstico, pero ¿cuál es el siguiente paso? Todas las emociones que aparecen debemos vivirlas, integrarlas y aceptarlas, sin juzgar, sin hacernos los «fuertes»; si tenemos que llorar pues lloremos. Sólo así podremos empezar a librar esta dura batalla que implica una demencia dentro del núcleo familiar. Es importante que desde ese momento tengamos muy presente que si vamos a ser el cuidador principal debemos cuidarnos, porque para cuidar debemos de estar bien nosotros, tendremos que tener momentos de respiro para poder desconectar y cargar pilas, acudir a encuentros con otros familiares que estén en la misma situación, porque así podremos compartir experiencias y estrategias que nos pueden ayudar. Pero, sobre todo, debemos querernos y cuidarnos mucho, no sentirnos culpables o responsables de la situación, algo muy característico en la vivencia de este tipo de enfermedades. Debemos recordar que lo único que permanece intacto es la memoria emocional: quizás no recordará quién es, pero si recordará la emoción de un beso, la ternura de abrazo, el cariño de una mirada… quizás ellos no recuerden quiénes son, pero nosotros sí sabemos lo que sus recuerdos provocan en nuestro corazón. «El Alzheimer borra la memoria, no los sentimientos» (Pasqual Maragall).
domingo, 06 noviembre 2022 10:57
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jueves, 17 noviembre 2022 18:15
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