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lunes, 21 noviembre 2022 10:49
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Enfoque sobre las demencias en Uruguay
Categorías: Opinión
VICTORIA REPISO PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN URUGUAYA DE ALZHEIMER Y SIMILARES (AUDAS) La población uruguaya presenta un envejecimiento sostenido y creciente. Las proyecciones previstas al año 2030 dan cuenta de una acentuación de esta transformación demográfica donde los mayores alcanzarán el 22.3% del total de la población y continuará la tendencia de la feminización de la vejez. El estado debe tener objetivos claros relativos a la buena salud, al bienestar físico, mental y social de las personas mayores para establecer estrategias que permitan una buena asistencia y tratamiento de una población que envejece y que necesita políticas de estado adecuadas. Referente a la salud mental y específicamente a la atención de las demencias, debemos decir que no existe a nivel estatal ninguna red de contención tanto para las personas afectadas como para sus familias. Es bien sabido que el primer factor de riesgo para las demencias es la edad avanzada. Y esto hay que tenerlo muy en claro para establecer políticas de salud específicas. También hay que considerar que el crecimiento de las demencias será muy superior en los países de renta baja y media (ADI 2009). La Asociación Uruguaya de Alzheimer está trabajando para crear la sensibilidad y la concienciación necesaria a fin de que el estado establezca políticas para las demencias. En este sentido fuimos al Parlamento para poner en conocimiento de la Comisión de Salud, el desamparo en que están las personas con demencia y sus familias al no existir ninguna red de contención desde el Estado, ni datos de prevalencia. Asimismo establecimos contacto a nivel del Ministerio de Salud Pública para empezar a trabajar en forma conjunta en este tema tal como ADI (Alzheimer Disease International) nos ha instruido. Dicho esto debemos enfatizar que en Uruguay hay: Ausencia de políticas públicas preventivas, de fortalecimiento y/o valoración del impacto social de la enfermedad de Alzheimer. Escasez de personal entrenado, de acceso en el ámbito público. Escasa o nula coordinación a nivel institucional. Ausencia de programas educativos especializados. Ausencias de centros especializados donde se realicen tratamientos no farmacológicos, orientados desde un programa de atención integral que contemplen al paciente y a su familia en las diferentes dimensiones bio-psico-sociales que involucra la enfermedad de Alzheimer. Escasas propuestas que aborden las problemáticas socio sanitarias emergentes de esta enfermedad. Su tratamiento integral no ha sido incluido en el Sistema Integrado de Salud, ni de las políticas sociales. Las propuestas de atención y rehabilitación son muy escasas. Nuestro desafío como Asociación, dedicada a la mejora de la calidad de vida de la persona afectada con demencia y de sus familias, es compartir la demanda de una Política de Estado para las demencias. Estamos solicitando al Estado y a los encargados de establecer políticas, que reconozcan el impacto de las demencias en nuestro país. Tenemos derecho a que las personas afectadas sean diagnosticadas y puedan acceder a los tratamientos farmacológicos.
lunes, 07 noviembre 2022 09:07
«Queremos que el público reflexione sobre la situación de los cuidadores»
Categorías: Opinión
Etiquetas: alzhéimer , cuidadores , entrevista , teatro
LUCÍA RODRÍGUEZ MIRANDA, DIRECTORA DE LA OBRA DE TEATRO ¿QUÉ HACEMOS CON LA ABUELA? NACHO G. SAS 26 NOV 2013 Cross Border Project o el «proyecto que cruza fronteras», es una compañía que nace en Nueva York en 2010 por iniciativa de la española Lucía Rodríguez Miranda y que emplea el teatro como herramienta educativa y de cambio social. Su nueva obra, titulada ¿Qué hacemos con la abuela?, nos lleva a reflexionar sobre la otra cara del alzhéimer: la que afecta a las personas que están alrededor del enfermo. ¿Por qué una obra de teatro sobre alzhéimer? Mi abuela tuvo demencia senil y otros miembros del Cross Border han tenido experiencias similares con el alzhéimer o la demencia de sus abuelos. Vivir de cerca con un enfermo desencadena una serie de relaciones familiares y de actitudes entre los miembros, inexistentes hasta entonces. Comenzamos a preguntarnos por los cuidadores, o cuidadoras, porque son en su mayoría mujeres. Cómo viven la enfermedad de sus ancianos, hasta dónde llega la colaboración familiar, qué rol toma el género en estas circunstancias… y nos dimos cuenta de que artísticamente había ya bastante trabajo sobre cómo afecta el alzhéimer al enfermo pero no a sus familiares, y quisimos hablar de ese día a día del cuidador y lo que le rodea. ¿Cuál es el mensaje que pretenden trasmitir? Queremos que el público reflexione sobre la situación de los cuidadores de nuestros ancianos, que podamos dialogar entre todos sobre lo que ocurre en nuestros hogares, ya que consideramos que la mayoría de la población ha vivido de cerca un caso como el que planteamos. Normalmente las relaciones familiares son bastante tabú, uno habla con sus amigos de su pareja o del trabajo, pero los conflictos familiares aún se esconden como si fueran algo malo. Aquí contamos un patrón tristemente repetido, el de una hija que cuida de su madre enferma de alzhéimer, acabando ella misma enferma porque no existe una colaboración por parte de su hermano. Entonces, ¿consideran necesario incidir en la importancia del cuidador principal y en la necesidad de apoyarle para evitar el síndrome de burnout? Nuestra protagonista, Carmencita, acaba en el hospital por lo que podríamos denominar, sí, el síndrome de burnout. La pieza está escrita desde su punto de vista, cómo su marido, su hija, su hermano y la cuidadora que tienen contratada giran alrededor de ella. ¿Qué hacemos con la abuela? es un trabajo sobre cómo podemos evitar que la cuidadora acabe enferma, qué necesitan y qué podemos hacer los que estamos alrededor. Y lo bueno es que las soluciones no las planteamos nosotros como compañía, sino que creamos el espacio para que el público, desde su experiencia personal, proponga lo que se le ocurra. Y sí, hay que apoyar al cuidador, tiene que ser un trabajo en colaboración. Hay mucha gente que no es o no quiere ser consciente del trabajo y el dolor que esta labor conlleva, muchas veces porque nunca la ha hecho. Los miembros de la familia que ven al abuelo de visita no tienen ni idea de su realidad: tenemos que trabajar para que la vivan. ¿En qué consiste exactamente el teatro-foro y por qué han elegido este tipo de técnica para esta obra concreta? Nosotros trabajamos el teatro foro como herramienta de resolución de conflictos y como técnica teatral. Para nosotros es la base fundamental de nuestra compañía y nuestro teatro. En el teatro foro se expone un conflicto que se haya trabajado con una comunidad, se realiza una pieza breve, en nuestro caso de 20 minutos y se muestra dos veces. En la primera el público lo ve como un espectáculo normal, y en la segunda pueden convertirse en espect- actores, parando la escena y cambiándose por uno de los actores. El espectador entra en la escena y propone una idea, una manera de solucionar el conflicto improvisándolo con los actores. Se trata de un ejercicio de empatía, muchas veces decimos a los otros lo que tienen que hacer pero no es tan fácil estar en la piel de los demás y hacerlo. El teatro foro sirve para que todos probemos a ser otros. ¿El público reacciona igual que en cualquier otro teatro-foro o notáis que la temática les afecta de una forma especial? Normalmente, y por sorprendente que parezca, el teatro foro funciona muy bien, la gente que al principio piensa «yo no salgo ni de broma» acaba en el escenario proponiendo algo. Lo que sucede con ¿Qué hacemos con la abuela? es que es útil para muchos tipos de comunidades, porque es una situación que afecta a toda la familia: a los hijos de los ancianos que les cuidan, a los nietos en la relación con sus padres y abuelos… no necesitas ser psicólogo o cuidador profesional para que te sientas parte de esta pieza, porque todos nos podemos sentir identificados en las opresiones familiares que se establecen entre los que asumen las responsabilidades y los que se hacen los locos. Es el pan nuestro de cada día de nuestra sociedad, aquí llevado a la historia concreta de una familia.
martes, 08 noviembre 2022 17:27
Avanzando hacia una cultura del cuidado «no sujeciones»
Categorías: Opinión
Etiquetas: cuidados , personas mayores , caídas , sujeciones
ANA URRUTIA BEASKOA PRESIDENTA DE LA FUNDACIÓN CUIDADOS DIGNOS En el modelo de cuidados español, el uso de sujeciones físicas y químicas en centros de atención a personas mayores es una práctica bastante frecuente. Los estudios realizados sobre este tema son escasos, no obstante, todos coinciden en la alta tasa de prevalencia de uso de estos dispositivos en España en comparación con otros países (en torno al 20%). Los principales motivos por los que se utilizan sujeciones en los cuidados son la prevención de caídas, o la reducción de riesgos, tanto para el propio mayor (evitar, por ejemplo, que se arranque la sonda) como para los que le rodean (evitar que moleste a otros residentes). Sin embargo, la realidad nos muestra que las consecuencias de estas técnicas pueden resultar más dañinas que las propias causas que llevan a utilizarlas, no solo para los residentes (en los que se detectan úlceras por presión, pérdida del tono muscular, incontinencias, depresión…), sino también para el propio personal, que tiene que realizar más trabajo y con un estado de tensión y estrés que, en exceso, puede desembocar en el síndrome de Burnout. Aún contemplando estos perjuicios, no existe una sensibilidad especial hacia este tema, pues la consideración de la sujeción física como un mal menor, el desconocimiento de alternativas y el vacío legal, lleva a los profesionales y, en general a la sociedad, a una normalización de este tipo de práctica con el mayor (Seegg, 2003). Se trata de un problema complejo, que se ha producido por varias causas. Una de ellas es el proteccionismo que predomina en la cultura del cuidado de nuestro país. Este proteccionismo desde el que cuidamos a las personas mayores y/o personas dependientes nos ha conducido a sobrevalorar su seguridad sobre otros aspectos de igual o mayor importancia, como puede ser su derecho a la libertad, autonomía o dignidad. Este balance sobre lo que ha de prevalecer (seguridad o derechos), en el cuidado que se ofrece, lo han realizado los profesionales y/o familiares, que, con su mejor intención, han buscado y buscan lo mejor para la persona que cuidan. No obstante, desde nuestra Fundación creemos que en esa elección la persona que más debería participar es la propia persona cuidada, y sin embargo, la realidad nos muestra que no es así. Hemos llegado a la conclusión de que esto se debe a que en España el enfoque del cuidado está centrado en la organización y no en la persona cuidada y en sus necesidades, deseos y preferencias, lo cual nos ha derivado al excesivo proteccionismo que se comentaba en líneas anteriores, a la infravaloración de los derechos de las personas frente a la seguridad, y a la concesión de un papel preponderante a los trabajadores y a las familias frente al papel del propio enfermo cuidado. Se utilizan sujeciones porque éstas se contemplan como medida terapéutica y de seguridad, aspectos que hemos hecho prevalecer sobre cualquier otro, como los riesgos y efectos secundarios que entrañan las sujeciones, o los propios derechos de las personas cuidadas, libertad, dignidad, autonomía…, generando, sin quererlo, una cultura nacional bajo la percepción de que las sujeciones son seguras y, sobre todo, necesarias para garantizar la seguridad de la persona cuidada. Desde la Fundación Cuidados Dignos, pensamos que sería necesario modificar todo el modelo de cuidado, en el cual habría que tener en cuenta las sujeciones como una práctica integrada en esa forma de cuidar que queremos transformar. Para lograr esa transformación en los centros sociosanitarios que fundamentalmente cuidan personas mayores, la Fundación Cuidados Dignos creó toda una metodología que propicia el cambio en el enfoque del cuidado, de manera que en el centro de la atención se sitúa a la persona cuidada y no a la organización. Es decir, se pasa de un Modelo Centrado en la Organización a un Modelo Centrado en la Persona, y en sus necesidades, deseos y preferencias, a un Modelo de Cuidado Individualizado. Teniendo en cuenta este nuevo enfoque, las sujeciones se consideran una necesidad del centro o de la organización, que no conoce otra manera de cuidar, y no una necesidad, ni mucho menos preferencia, de la persona cuidada. Por tanto, se busca eliminar su uso y sustituirlo por otra forma de trabajar que respete los deseos de la persona y además no le cause perjuicio alguno. Con este nuevo paradigma del cuidado se favorece el respeto, la libertad y la autonomía de la persona mayor cuidada, por lo que contribuye a cambiar, también, la percepción que se tiene actualmente acerca del colectivo de personas mayores y de las personas dependientes, llevándonos a contemplar primero sus capacidades y su potencial, en vez de su discapacidad o deficiencia. Se logra transformar, por tanto, toda la cultura de cuidado. Muchas organizaciones ya se han unido a la «Cultura No Sujeciones» y han logrado modificar su forma de cuidar, siendo tractoras del cambio del modelo de cuidado. A todas ellas nuestro mas «intenso» agradecimiento; sin ellas no sería posible lograr «dicho cambio». Aun así, todavía queda mucho trabajo por hacer… Por ello, desde la Fundación Cuidados Dignos, ansiamos promover una cultura de cuidados más empática, más generosa, que nos lleve a situar en primer lugar a la persona cuidada y no a los cuidadores, una cultura de cuidados que inculque valores como el respeto, la dignidad y la autonomía desde la más tierna infancia, en definitiva una cultura de cuidados que transforme toda la sociedad y haga de ella un lugar más respetuoso y agradable para las personas mayores, las personas dependientes y de manera general para todas las personas que reciben cuidados. Animamos a «todas las organizaciones que cuidan» a sumarse «generosamente» a este «cambio de nuestro modelo de cuidado».
lunes, 07 noviembre 2022 08:54
Modelo de organización centrado en la persona
Categorías: Opinión
Mª ISABEL GONZÁLEZ INGELMO DIRECTORA GERENTE DEL CRE DE ALZHEIMER El Centro de Referencia Estatal de atención a personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias, dependiente del Imserso, se configura como un centro sociosanitario especializado y avanzado en investigación, análisis, conocimiento, evaluación y formación sobre el alzhéimer y otras demencias y en atención e intervención con las personas afectadas y sus familias. Como Centro de referencia tiene entre sus prioridades ofrecer una atención personalizada basada en las buenas prácticas y teniendo como eje principal «la persona». La filosofía de nuestra actuación debe basarse necesariamente en los principios de la Bioética y la Calidad de Vida, referentes que guían nuestra Cultura de Organización, y que persiguen una atención centrada en las personas. El respeto por la dignidad de la persona, y la mejora de su calidad de vida, hacen necesario un trabajo en equipo que permite el desarrollo de este modelo en personas con demencia, así como la transferencia de este paradigma al resto de la sociedad. Nuestro modelo de actuación pone en el centro a la persona, siendo el eje principal en torno al que gira la intervención y el sistema organizativo, y tiene como principios fundamentales la autonomía, individualidad e integralidad de la persona, la inclusión social y la participación. Como Directora del CRE intento inculcar en todos los profesionales estos principios, sobre todo teniendo en cuenta que, como decía John Zeisel «la persona todavía está aquí». Debemos ponernos en el lugar del otro y poder decidir lo que querríamos hacer con nuestra vida si nos encontráramos en esa situación. También decía John una bonita frase: «si sonríe o frunce el ceño, si presta atención a lo que dice o está pensando en otra cosa, si habla de algo importante o poco importante… todo afecta directamente a su relación». La relación con el mundo que nos rodea forma parte de nuestra propia vida y a medida que avanza la enfermedad se van rompiendo los lazos que con tanto esmero se fueron creando durante años. Se trata pues de no perder ese horizonte, de que siga existiendo el mundo que nos rodea, el paisaje, la música y sus sonidos, el aire y el viento, el olor, el beso y las muestras de cariño. Y el mundo y las personas seguirán existiendo a través del arte, de la música, del baile, de los aromas, de los sonidos de nuestras palabras; no podemos prescindir de todo esto mientras «aún sigamos aquí». Sólo así entenderemos la realidad humana y como el «vivir» forma parte de la propia existencia. El CRE, tomando de la mano todas estas buenas prácticas y buenos principios que otros nos dejaron y sobre los que día a día trabajamos intentando demostrar su eficacia, ha querido trabajar desde el comienzo en las terapias e intervenciones no farmacológicas que son el espíritu de nuestro trabajo. La fisioterapia, la terapia psicomotriz, la terapia ocupacional, la logopedia, la musicoterapia, la danzaterapia, la terapia con animales o las terapias con la wii y las tecnologías, así como la psicoterapia y la terapia de empoderamiento lo que buscan es la mejora de la calidad de vida de estas personas y la de sus familias cuidadoras. Todas ellas realizadas con profesionalidad, respeto, ética, generosidad y honorabilidad hacia uno mismo y hacia los demás.
martes, 08 noviembre 2022 17:17
Mostrando el intervalo 163 - 166 de 166 resultados.
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jueves, 17 noviembre 2022 18:15
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