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luns, 21 novembro 2022 10:49

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Hábitos saludables para el cuidador de personas con alzhéimer u otra demencia: Alimentación
26 - 06 - 2017

Hábitos saludables para el cuidador de personas con alzhéimer u otra demencia: Alimentación

Categorías: Divulgación

NOELIA GONZÁLEZ RABANILLO | EDUCADORA SOCIAL “ Que tus alimentos sean tu medicina, que tu medicina sean tus alimentos Importancia de una buena alimentación para cuidadores de personas con Alzheimer u otras demencias En muchas ocasiones, cuando los cuidadores están volcados en sus tareas de cuidado diario, se olvidan de su propia salud pudiendo llegar a producirse situaciones negligentes. Cuidar a una persona con Alzheimer u otras demencias supone un continuo gasto de energía y es necesario reponerla de una forma adecuada. La alimentación aporta a nuestro organismo todo lo que necesita para funcionar correctamente, por lo que debemos ser cuidadosos con lo que comemos y cuánto comemos. Muchas veces la falta de tiempo nos hace cometer errores como saltarnos alguna comida, comer de forma rápida o hacerlo de pie. Estos malos hábitos pueden desencadenar un desequilibrio en la salud y sufrir síntomas como cansancio, irritabilidad, apatía, somnolencia, falta de apetito… Además, tenemos que tener en cuenta que una alimentación adecuada previene enfermedades cardiovasculares, obesidad, osteoporosis, etc. Consejos para una buena alimentación: Procurar hacer 5 comidas al día o al menos un mínimo de tres (desayuno, comida y cena). Atender primero las necesidades de su familiar y cuando se encuentre tranquilo aprovechar para disfrutar del momento de la comida. Beber al menos dos litros de líquidos al día, preferentemente agua. Beber de forma constante y no esperar a tener sed para hidratarse. Llevar una dieta sana, equilibrada y variada. Así tendrá la energía suficiente para realizar todas tus tareas. Mantener un peso adecuado ya que el sobrepeso puede acarrearnos consecuencias peligrosas para nuestra salud. No es necesario cocinar platos complicados que puedan llevarnos mucho tiempo de preparación. Elige alimentos frescos y prepárelos de forma sencilla (vapor, plancha, horno); además de resultar más fáciles de cocinar mantienen mejor sus propiedades. Para resumir podemos decir que para conseguir una alimentación adecuada debemos tener una dieta variada que sea acorde a nuestra edad, sexo, peso y a la actividad física que realicemos.

martes, 08 novembro 2022 08:33

Saber cuidarse para poder cuidar
28 - 04 - 2017

Saber cuidarse para poder cuidar

Categorías: Lecturas

«Saber cuidarse para poder cuidar» es una selección de artículos destinados a grupos que trabajan en el ámbito de la salud y la intervención social, pero su contenido puede ser de utilidad a muchos otros. RECOMENDACIÓN BIBLIOGRÁFICA DE LA SEMANA MARÍA PÉREZ HERNÁNDEZ, LUIS ALFONSO CAMBRE MARTÍN DOCUMENTALISTAS Delgado, F. (2016). Saber cuidarse para poder cuidar. Madrid: PPC. 175 p. «Saber cuidarse para poder cuidar» es una selección de artículos destinados a grupos que trabajan en el ámbito de la salud y la intervención social, pero su contenido puede ser de utilidad a muchos otros. Claves fundamentales y propuestas concretas para cuidarse a sí mismos quienes quieren cuidar saludablemente a los demás: como cuidarnos según somos, cuidar el cuerpo con el que cuidamos, convertir la alergia en alegría, cuidar con humor, controlar y reciclar las emociones negativas para mantener una higiene integral, cultivar la lucidez como antídoto de todas las formas de sufrimiento, cuidar la autoestima o ejercer modos de consuelo saludable… El libro recoge más de 5.000 horas de trabajo intensivo con grupos de profesionales de la salud. Lejos del lenguaje científico, Fidel nos transmite lo que éstos y él mismo sienten, conectando con la intuición y la creatividad del lector. Podéis encontrar este título en la Biblioteca-Centro de Documentación del CRE de Alzheimer

xoves, 03 novembro 2022 17:42

23 - 05 - 2016

Prevalencia e incidencia de la enfermedad de Alzheimer en Europa

Categorías: Divulgación

HAO NIU | DEPARTAMENTO DE CIENCIAS DE LA SALUD DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA (PAMPLONA) La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la enfermedad de Alzheimer como una enfermedad neurodegenerativa, con una etiología desconocida, que se caracteriza por un deterioro progresivo de la memoria y la función cognitiva (1). Además, representa el tipo más común de demencia. Según un estudio, la enfermedad de Alzheimer es una de las enfermedades que ha tenido un crecimiento más rápido entre las causas de pérdida de vida en las últimas décadas (2). En el año 2006, un estudio estimó que el número de enfermos de alzhéimer en el mundo fue casi 27 millones, y las previsiones apuntan que en el año 2050 este número podría alcanzar los 107 millones, de los cuales casi 17 millones serían europeos. (3) Para conocer la epidemiología de la enfermedad de Alzheimer se decidió realizar un metaanálisis que estimase la prevalencia e incidencia de esta enfermedad en Europa. Este pionero estudio permitió obtener resultados con un alto nivel de evidencia científica. Se buscaron artículos originales publicados entre los años 1995 y 2015 en varias bases de datos. De los 615 artículos que coincidieron con nuestros términos de búsqueda, se incluyeron 9 artículos que cumplieron con nuestros criterios: ser estudios originales, con una población europea, con participantes mayores de 50 años de ambos sexos, que mostrasen datos originales de prevalencia y/o incidencia, y que describiesen el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. Revisando las referencias, se incluyeron otros 9 artículos, incluyendo finalmente en el metaanálisis 18 artículos. Los resultados obtenidos indican que la prevalencia de enfermedad de Alzheimer en Europa fue 5,05%, más alta que la estimada por otro estudio colaborativo previo, que estimo una prevalencia de 4,4% (4). Se encontró que la prevalencia en los países del Sur de Europa fue mayor que en los países del Norte. Otro de los hallazgos fue que la prevalencia en los hombres fue más baja que en las mujeres (3,31% frente a 7,13%, respectivamente). Además, como era de esperar, la prevalencia aumentaba con la edad. Por otro lado, la incidencia de la enfermedad de Alzheimer fue 11,08 por 1000 personas-año, inferior a la encontrada en estudios previos (5). Al contrario de la prevalencia, la incidencia en los países del sur de Europa fue menor, 8,97 por 1000 personas-año, que en el norte de Europa, 15,94 por 1000 personas-año. Al igual que la prevalencia, la incidencia fue mayor en las mujeres que en los hombres (13,25 frente a 7,02 por 1000 personas-año), encontrando también que la incidencia crecía en los grupos más ancianos. En conclusión, los resultados de este estudio muestran que la prevalencia de la enfermedad de Alzheimer ha aumentado, mientras que la incidencia mostró un descenso. Estos resultados ayudan a la comprensión de la epidemiología de la enfermedad, proporcionando información a los agentes sociales responsables de elaborar políticas sanitarias que reduzcan el impacto de la enfermedad en los ancianos. Referencias: (1) World Health Organization. The ICD-10 classification of mental and behavioural disorders: clinical descriptions and diagnostic guidelines. Geneva: World Health Organization; 1992. (2) GBD 2013 Mortality and Causes of Death Collaborators. Global, regional, and national age-sex specific all-cause and cause-specific mortality for 240 causes of death, 1990-2013: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2013. Lancet. 2015; 385(9963):117-71. (3) Brookmeyer R, Johnson E, Ziegler-Graham K, Arrighi HM. Forecasting the global burden of Alzheimer’s disease. Alzheimer’s & dementia. 2007; 3(3):186-91. (4) Lobo A, Launer LJ, Fratiglioni L, Andersen K, Di Carlo A, Breteler MMB, et al. Prevalence of dementia and major subtypes in Europe: A collaborative study of population-based cohorts. Neurology. 2000; 54(11Suppl 5):S4-9. (5) Launer LJ, Andersen K, Dewey ME, Letenneur L, Ott A, Amaducci LA, et al. Rates and risk factors for dementia and Alzheimer’s disease. Results from EURODEM pooled analyses. Neurology. 1999; 52(1): 78-84.

xoves, 10 novembro 2022 07:57

16 - 05 - 2016

Calidad de vida relacionada con la salud en cuidadores de pacientes con enfermedad de Alzheimer

Categorías: Divulgación

FRANCISCO JAVIER GARZÓN MALDONADO | NEURÓLOGO DE LA UNIDAD DE DEMENCIAS, SERVICIO DE NEUROLOGÍA, DEL HOSPITAL VIRGEN DE LA VICTORIA (MÁLAGA) Los cuidadores de pacientes con enfermedad de Alzheimer (EA) tienen un deterioro de su calidad de vida relacionada con la salud (CVRS). Su estudio es interesante en la clínica habitual, para detectar los usuarios con peor CVRS, y en la investigación como medida de resultado centrado en el usuario en ensayos clínicos. Evaluamos de forma longitudinal la evolución de la CVRS en cuidadores de pacientes con EA, durante un periodo de 12 meses en nuestra Unidad de Demencias. Métodos Seleccionamos 97 cuidadores de pacientes con EA, según criterios NINCDS-ADRDA, en estadio FAST mejor o igual a 6c, excluyendo los casos graves. La selección se realizó mediante muestreo intencional o a conveniencia de los pacientes revisados en la Unidad de Demencias. Se analizaron variables sociodemográficas de ambos, variables clínicas de los pacientes, y variables en relación con el cuidado en la visita basal. La CVRS se midió con el cuestionario SF-36 en la visita basal y transcurridos los 12 meses de seguimiento. Resultados El cuestionario fue autoadministrado por el cuidador principal, y solo fue administrado por los investigadores en caso que aquel no pudiese realizarlo por sí mismo. Se administro la escala SF-36 a los 12 meses a 86 cuidadores, habiendo 11 pérdidas de seguimiento (11.34%). La mayoría de cuidadores eran mujeres (81.4%), principalmente hijas. Entre los cuidadores solo uno era analfabeto, mientras que entre los pacientes, lo era en un 17.5%. El 48.5% de usuarios no disponían de ningún tipo de apoyo formal. Las 8 dimensiones de la escala SF-36 en los cuidadores principales en la visita basal era peor que en la población general ajustada por sexo y edad, en una cuantía aproximada de 10 puntos (diferencia moderada) en las 8 dimensiones. Además empeoraron de forma significativa a los 12 meses, salvo las dimensiones «Función física» y «Función social», que lo hicieron de forma no significativa. La dimensión que presentó peor puntuación fue «Vitalidad». No hubo diferente evolución de las 8 dimensiones respecto a la totalidad de la muestra considerando subgrupos de cuidadores mujeres o hijos-hijas. Conclusiones Aunque hay escasos estudios longitudinales de valoración de CVRS en cuidadores de pacientes con EA en nuestro medio y ninguno de duración de 12 meses, los resultados son bastante concordantes con algunos matices diferenciales. La CVRS en cuidadores de pacientes con EA empeora a lo largo de la evolución de esta y es peor que la de la población general, para su edad y género. El estudio de la CVRS en la enfermedad de Alzheimer, como enfermedad crónica sin tratamiento curativo, debe ser más tenido en cuenta no solo en la práctica clínica, sino también en la investigación de eficacia y efectividad de las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas en los pacientes con EA.

xoves, 10 novembro 2022 08:01

28 - 04 - 2016

Deterioro cognitivo y alzhéimer: retos y desafíos frente al envejecimiento de la población

Categorías: Divulgación

PAULA POCHINTESTA | DOCTORA EN CIENCIAS SOCIALES Y LICENCIADA EN PSICOLOGÍA POR LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES Es una realidad que la población envejece como tendencia mundial. En 2015, según el índice Global de Envejecimiento, el 12,3 % de la población mundial correspondía a personas de 60 y más años, siendo que las proyecciones para esta franja etaria se estima que alcancen el 21,5 % del total de la población en 2050. Uno de los mayores desafíos que plantea este escenario es cómo afrontar los cambios epidemiológicos que se asocian a una mayor longevidad. Ello requiere pensar en estrategias que ayuden a enfrentar una mayor esperanza de vida con bajos índices de discapacidad y dependencia. Dado que la población envejece aumenta la prevalencia de las demencias a nivel mundial dentro de las cuales la más relevante es la Enfermedad de Alzheimer. Entre las consecuencias que supone este cambio epidemiológico se encuentran por un lado, el aumento del gasto en salud y, por otro, el deterioro de las relaciones familiares más aún si las redes para el cuidado no están lo suficientemente desarrolladas. Los factores de riesgo asociados a la enfermedad de Alzheimer son: la edad, el grupo étnico y el género. La edad es el principal factor de riesgo cuya incidencia va desde el 1 % en las personas de 65 años y llega al 20 % en los mayores de 85 años. A su vez, son las mujeres quienes tienen mayor probabilidad de padecer esta demencia. Se ha corroborado también que las personas de origen asiático tienen una tendencia menor a desarrollar la enfermedad que las personas de otros orígenes étnicos. Ahora bien, considerando este contexto de envejecimiento poblacional e incidencia de las demencias qué puede hacerse. Todo un campo de estudios científicos ha constatado que existen determinados factores protectores que disminuyen el riesgo, aunque no lo eliminan, de padecer deterioro cognitivo. Estos factores, al mismo tiempo, ralentizan y ayudan a paliar el avance de las demencias. Se trata de los siguientes dominios: salud conductual y ajuste físico, óptimo funcionamiento cognitivo, autoregulación motivacional y emocional y alta participación e integración social. La interacción de todos estos dominios promueve un envejecimiento activo. Diversas investigaciones han demostrado que, tanto el ejercicio físico, como una dieta equilibrada, el consumo moderado de alcohol y el no fumar son condiciones para evitar o retrasar la demencia y el deterioro cognitivo y, por tanto, envejecer activa y saludablemente. Los programas de estimulación cognitiva mejoran el funcionamiento en personas mayores saludables y tienen un efecto positivo sobre aquellas personas que padecen demencias. Esto es aún más eficaz cuanto más leve sea el deterioro. Se ha corroborado además que, contar con un nivel educativo alto y con una buena protección socioeconómica tiene una influencia significativa sobre el pronóstico una vez comenzado el deterioro cognitivo. Cultivar emociones positivas, percibir el control tanto sobre el entorno como sobre sí mismo y tener una imagen positiva del envejecimiento favorecen un envejecimiento activo y colaboran en la disminución de padecimientos incluidos el deterioro y las demencias. Por último, está también fundamentado empíricamente que, una buena integración e implicación social de las personas mayores en distintos ámbitos (familiar, comunitario y social) está asociada a una mayor supervivencia, una menor morbilidad y un óptimo funcionamiento cognitivo y emocional. De este modo, enfrentar el desafío de envejecer saludablemente se despliega en dos dimensiones: individual y poblacional. Ello supone, por un lado, que las personas tienen la capacidad de modificar hábitos y reducir los factores de riesgo y morigerar el impacto del deterioro cognitivo y las demencias. Esta capacidad de transformación se sustenta en el principio de plasticidad comportamental y cognitiva ampliamente documentado. Por otro lado, requiere del acompañamiento de políticas públicas que promuevan y favorezcan un contexto para poder desarrollar cada uno de los ejes mencionados. En suma, el desafío es colectivo y nos implica a todos y cada uno de uno de nosotros a diversos niveles: familiar y personal, comunitario y macro social en dos planos: sistemas de salud y de protección social. Referencias: Berger, K. S. (2009). Psicología del desarrollo, adultez y vejez. Madrid: Editorial Médica Panamericana. Férnandez-Ballesteros, R. (2009). Envejecimiento Activo. Contribuciones de la psicología. Madrid: Ediciones Píramide. HelpAge International (2015). Índice Global de Envejecimiento 2015: Resumen ejecutivo. Londres: HelpAge International. Organización Mundial de la Salud (2015). Informe Mundial sobre el Envejecimiento y la Salud. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

xoves, 10 novembro 2022 08:17

14 - 12 - 2015

Crisis epilépticas en la demencia de la enfermedad de Alzheimer

Categorías: Divulgación

SHEILA CASTRO-SUAREZ (1,2,3), ERIK GUEVARA-SILVA (4), DAVID LIRA (1,2,5), MARCELA MAR (5,6,7), EDER HERRERA-PÉREZ (1,8), LIZA NÚÑEZ DEL PRADO (1,2,4), ROSA MONTESINOS (1,9), NILTON CUSTODIO (1,2,5) | LIMA (PERÚ) La epilepsia y la enfermedad de Alzheimer son enfermedades neurológicas que se presentan en personas mayores de 65 años de edad, es por ello que la edad avanzada es considerada un factor de riesgo en ambas enfermedades; aunque aún no está claro si comparten también algún mecanismo fisiopatológico. Se han postulado tres hipótesis que intentan explicar los mecanismos que generan crisis epilépticas y compromiso cognitivo; uno de ellos está en relación a los péptidos y proteasas involucradas en la síntesis del β amiloide que por diversos mecanismos influiría en la hiperexcitabilidad neuronal; y los otros dos mecanismos están en relación a la pérdida de la inhibición por disminución de la expresión de los canales de sodio Nav1.1 en las interneuronas gabaérgicas y los cambios que producen los ovillos neurofibrilares en la corteza cerebral de pacientes con enfermedad de Alzheimer. Las crisis epilépticas constituyen parte del espectro clínico de la enfermedad de Alzheimer, se presentan independientemente del estadio de la enfermedad y su prevalencia en el mundo fluctúa entre 1,5 a 64%. Dentro de los factores de riesgo específicos más importantes en la enfermedad de Alzheimer que predisponen la presencia de crisis epilépticas se consideran el desarrollo de deterioro cognitivo de inicio temprano (en menores de 65 años de edad) y el factor genético (mutaciones en el gen de la presenilina1, presenilina 2, duplicaciones de la proteína precursora del amiloide y presencia de por lo menos un alelo ε4 de la apolipoproteína E). Reconocer la presentación clínica de las crisis epilépticas en un paciente con enfermedad de Alzheimer es una tarea difícil de realizar debido a algunos aspectos como el comportamiento inusual que pueden experimentar los pacientes o al hecho de identificar episodios no epilépticos (síncopes, episodios de amnesia global transitoria, ataques isquémicos transitorios, trastornos del sueño, ansiedad, trastornos metabólicos o tóxicos) como epilépticos. Respecto al tipo de crisis epiléptica pueden presentarse tanto crisis epilépticas generalizadas como parciales complejas que son consideradas las más frecuentes, pero también se han descrito crisis epilépticas parciales simples y mioclónicas sobre todo en pacientes con síndrome de Down y enfermedad de Alzheimer. El electroencefalograma con registro prolongado podría ser una herramienta útil que ayude a identificar la presencia de crisis epilépticas en la enfermedad de Alzheimer ya que la mayoría de crisis epilépticas son no convulsivas; aunque no existe un patrón típico en el registro electroencefalográfico se ha identificado un enlentecimiento (ondas theta y delta) y descargas interictales corticales (puntas, punta onda); además estos registros hallados en pacientes con enfermedad de Alzheimer sin evidencia clínica de crisis epilépticas predicen la presencia de estas en el curso de la enfermedad. Es importante tener en cuenta que las crisis epilépticas en la enfermedad de Alzheimer no diagnosticadas y por ende no tratadas generaría fluctuaciones cognitivas diarias; de allí se deduce que el tratamiento oportuno y adecuado con drogas antiepilépticas podría mejorar el perfil cognitivo de estos pacientes y su calidad de vida; sin embargo los pacientes con epilepsia y enfermedad de Alzheimer son un grupo vulnerable, por lo que la selección de la droga antiepiléptica requiere una elección cuidadosa; no solo teniendo en cuenta los aspectos clínicos si no también los farmacológicos como los efectos adversos; las interacciones farmacológicas y costos. Las drogas antiepilépticas que muestran mejor eficacia y tolerabilidad en este grupo de pacientes son el levetiracetam y la lamotrigina. (1) Unidad de Investigación, Instituto Peruano de Neurociencias. Lima, Perú (2) Servicio de Neurología, Instituto Peruano de Neurociencias. Lima, Perú (3) Servicio de Neurología de la Conducta, Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas. Lima, Perú (4) Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas. Lima, Perú (5) Unidad de Diagnóstico de Deterioro Cognitivo y Prevención de Demencia, Instituto Peruano de Neurociencias. Lima, Perú (6) Unidad de Geriatría. Instituto Peruano de Neurociencias. Lima, Perú (7) Servicio de Geriatría, Hospital Central de la Fuerza Aérea del Perú. Lima, Perú (8) Unidad de Proyectos de Investigación, Instituto de Salud del Niño. Lima, Perú (9) Unidad de Medicina de Rehabilitación, Instituto Peruano de Neurociencias. Lima, Perú

xoves, 10 novembro 2022 09:57

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