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xoves, 17 novembro 2022 18:12

Prevención de la enfermedad de Alzheimer
18 - 05 - 2017

Prevención de la enfermedad de Alzheimer

Categorías: Divulgación

RAFAEL SÁNCHEZ VÁZQUEZ | DIRECTOR MÉDICO COORDINADOR DEL CRE DE ALZHEIMER DEL IMSERSO De todos es sabido, dada la amplísima información científica y divulgativa desarrollada sobre esta enfermedad neurodegenerativa, que la enfermedad de Alzheimer es un síndrome que afecta en primer lugar a la memoria y tiempo después a otras funciones intelectuales superiores (planificación, atención, juicio, reconocimiento, lenguaje, funcionalidad, etc), hasta llegar en el peor de los casos a una vida vegetativa. En medicina, desde hace muchos siglos, se ha puesto mucho énfasis no solo en la faceta curativa o rehabilitadora, sino en la preventiva, que ha permitido modificar el curso epidemiológico de muchas enfermedades (Carnero Pardo, C. 2009), llegando incluso a la erradicación (ejemplo, la viruela). La enfermedad de Alzheimer, que causa degeneración y atrofia de corteza cerebral por causas aún desconocidas, no ha sido ajena a esta faceta médica. Se ha llegado a ensayar incluso alguna vacuna, aunque ésta no tiene las mismas connotaciones que conocemos en infecciosas. La neuróloga Dra. Gómez Isla (2011) refiere que «hasta hoy nadie ha demostrado que la enfermedad de Alzheimer se pueda prevenir». A pesar de todo, existen bastantes estudios y aproximaciones sobre factores, aspectos parciales, estilos de vida y marcadores que aumentan la Reserva Cerebral (Stern, Y. 1999), entendida ésta como la posibilidad de tener lesiones cerebrales propias del alzheimer, sin desarrollar demencia. Entre estos factores o variables (Vecilla, Y. 2009), las que más influyen son las innatas, aquellas con las que se nace, tales como número de neuronas, tamaño del cerebro, o densidad o cantidad de las sinapsis de unión entre neuronas; u otras, adquiridas (Stern, Y. 2006), sobre las que sí se puede influir: laborales u ocupacionales (puestos de trabajo desarrollados), actividades de ocio, educación recibida y relacionales o de vínculos sociales, como más importantes. La reserva cognitiva, concepto ligeramente distinto al anterior, podría traducirse como que a igualdad de lesiones cerebrales de tipo alzhéimer, una persona con menor reserva cognitiva, estaría más demenciada que otra con mayor reserva. Pueden interrelacionarse ambos conceptos diciendo que la estimulación ambiental, el entrenamiento mental y el aprendizaje fomentarían el desarrollo neuronal, de sinapsis o comunicaciones entre neuronas y la plasticidad neuronal o capacidad de adaptación de las redes neuronales a lesiones en áreas cerebrales. Este fomento o estimulación de la parte biológica (Sánchez, JL. 2002) constituiría la reserva cerebral o pasiva, la cual influiría directamente sobre la reserva cognitiva o activa, responsable de los efectos comentados anteriormente. En lo que sí están de acuerdo muchos de los autores y expertos sobre este concreto tema es en que se puede hacer prevención sobre factores que ejercen fuerte incidencia sobre la aparición de la enfermedad de Alzheimer (Barnes, DE y cols. 2011). Los más estudiados son: Diabetes Hipertensión arterial Obesidad, sobre todo, a partir de los 50 años Depresión Inactividad física Tabaquismo Bajo nivel de educación Con respecto a este último, Stern prefiere hablar de cultura (capta lo que la persona ha logrado) o de cociente intelectual, mejor que de educación (entendida como tiempo en la escuela), ya que en numerosos estudios multiculturales entre los que varía mucho la educación recibida, la historia natural de la enfermedad no varía en la misma medida. La ya citada Deborah Barnes (The Lancet, 2011) de la Universidad de San Francisco, California, y su grupo, definió el Riesgo Atribuible a la Población (PAR, en sus siglas en inglés) que cuantifica en porcentaje los casos de enfermedad de Alzheimer que podrían prevenirse si desapareciera el factor de riesgo. Concretamente: Si se eliminara la inactividad física, el riesgo disminuiría el 12,7 % Si se eliminara el uso del tabaco, el riesgo disminuiría el 13,9 % Si aumentara el nivel educativo, el riesgo disminuiría el 19 % Y otros de los referidos más arriba, en menor porcentaje Calcula que si disminuyera la incidencia de estos factores el 25 %, se podrían prevenir 3 millones de casos de Alzheimer en el mundo. El mismo trabajo reconoce que únicamente son cálculos matemáticos, y que se precisarían estudios poblacionales más amplios para confirmarlos. Y una cifra más: la Organización Mundial de la Salud, tomando como referencia cifras de Alzheimer’s Disease International, afirma en su informe anual 2010 que existen 36,5 millones de casos de alzhéimer en el mundo, y que el costo global de la asistencia se cifra en 604.000 millones de dólares anuales. La OMS estima que si disminuyera el 10 % la exposición a todos los factores de riesgo (y teniendo en cuenta la aparición de 7,7 millones de nuevos casos anuales) el riesgo se podría reducir en 250.000 nuevos casos en el mundo por año. En fin, las apabullantes cifras que hemos citado persiguen dar una correcta dimensión a lo que se podría conseguir si todos nos concienciáramos de que somos los actores principales sobre nuestra propia salud. Pero, ¿cómo se hace prevención en concreto? Aunque hay muchas recomendaciones, formuladas con unas palabras u otras, los Dres. Carnero y Escamilla (2002) propusieron un decálogo claro, sencillo, fácilmente cumplimentable, que se encuentra en plena vigencia en la actualidad, por lo que lo transcribo a continuación: Sobre el cuerpo: Dieta sana: comer no excesiva cantidad, pero de todos los alimentos. Ingerir alcohol con moderación. No fumar. Evitar otros tóxicos: un factor tóxico reconocido en las personas mayores es la automedicación. Debe ser el médico el que nos haga las recomendaciones farmacológicas, y seguirlas puntualmente. Mantener una actividad física adaptada al estado de la persona. Se pone por ejemplo que caminar 45 minutos diarios a buen paso, al menos 5 días por semana es una buena forma de mantener actividad física moderada. Sobre la mente: Proteger la cabeza. Evitar la depresión. Si se detecta un bajo estado de ánimo o tristeza, desgana, apatía, desinterés por lo que nos rodea, sensación de no disfrutar con lo habitual o con nada, son síntomas de sospecha que nos deben inducir a pedir ayuda al médico. Las relaciones sociales son muy preventivas. Hay que mantener las amistades, salir con gente, departir, hacer tertulias, jugar partidas, en definitiva, huir de la soledad. Los autores citados lo expresan literalmente muy bien: «asóciate, agrúpate, emparéjate». Nunca debe cesar la actividad intelectual: leer periódicos o libros, hacer crucigramas, estudiar aquella disciplina sobre la que hemos trabajado en nuestra vida profesional activa, dibujar, hacer cálculos, ir al cine o al teatro, cultivar aficiones, coleccionar, planificar (viajes, comidas, acciones, diversiones, trabajos…). Mantenerse informado de lo que pasa a nuestro alrededor. Divertirse, mejor en compañía. Ocupar el tiempo libre, especialmente el que se produce después de la jubilación. Hay que llenar el día de actividad. Tener siempre presente que: «Nunca es tarde para emprender ni para aprender». Para concluir, todas las acciones de este tipo, llevadas a cabo de forma particular en personas sensibilizadas; o por organizaciones gubernamentales o no gubernamentales de intervención con personas mayores; como programas o campañas a veces, puntuales; desde luego, siempre con la mejor voluntad y con planteamientos muy serios, deberían estar enmarcadas en un Plan de prevención, dentro de una Estrategia nacional de salud, no sólo para alzhéimer, sino en sentido amplio, planificado, coordinado, llevado a cabo por y con todos los actores, evaluado y con continuidad, por la autoridad sanitaria de nuestro país con visión de futuro sobre la salud de sus ciudadanos.

martes, 08 novembro 2022 10:15

Hábitos saludables para el cuidador de personas con alzhéimer u otra demencia: Ejercicio físico
17 - 05 - 2017

Hábitos saludables para el cuidador de personas con alzhéimer u otra demencia: Ejercicio físico

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NOELIA GONZÁLEZ RABANILLO | EDUCADORA SOCIAL El bienestar de la persona con alzhéimer u otra demencia depende del bienestar físico y emocional del cuidador, por lo que es importante tener en cuenta los beneficios que puede proporcionar la práctica de ejercicio físico. Beneficios del ejercicio físico Cardiovasculares: el ejercicio aumenta la fuerza, la resistencia y la eficacia del corazón. Un corazón «en forma» bombea más sangre por minuto, lo que hace que llegue más oxígeno al corazón y nos cansemos menos. Se ha demostrado que las personas que caminan intensamente durante treinta minutos, reducen su tasa de mortalidad un 44%.Además, el ejercicio regular diario de intensidad moderada es un buen tratamiento y una buena medida de prevención para la hipertensión arterial, junto a una alimentación sana. Se ha demostrado que un ejercicio moderado permite obtener importantes beneficios cardiovasculares, incrementando el «colesterol bueno» y reduciendo el «colesterol malo». Control de peso: con ejercicio físico y el mantenimiento de una alimentación equilibrada se puede reducir/mantener el peso. A nivel del aparato digestivo: el ejercicio físico también ayuda a normalizar la actividad intestinal, a controlar el apetito y, en general, a mantener un estado saludable a nivel orgánico. Te ayuda a descansar: el ejercicio diario, asociado a hábitos saludables y a una correcta alimentación, ayuda a que el cuerpo y la mente consigan una mejor relajación, lo cual garantiza un descanso reparador. Produce mejoras significativas en el sueño, tanto en la disminución del tiempo necesario para conciliarlo, como en la cantidad de horas que dura el mismo. No se debe hacer ejercicio físico intenso en las 2-3 horas previas al inicio del sueño. Psicológicos: ciertos estudios demuestran que un ejercicio regular puede disminuir la depresión, la ansiedad y el estrés, así como aumentar la autoestima y mejorar la calidad de vida. Además es una buena manera de despejarse de la actividad cotidiana de los cuidados. Prevención y tratamiento: en enfermedades de tipo cardiovascular, como diabetes, sobrepeso, artrosis, osteoporosis, algunos tipos de cáncer… el ejercicio físico (correctamente adaptado, claro está) actúa como factor protector (a nivel preventivo) o como tratamiento que puede ayudar a disminuir la sintomatología. Beneficia el sistema cardiorrespiratorio y el aparato locomotor y es efectivo contra los diferentes dolores musculares. Recomendaciones para empezar a hacer ejercicio físico Es más recomendable realizar poco ejercicio regularmente que hacer un gran esfuerzo sólo de vez en cuando. La actividad física se puede realizar prácticamente en cualquier sitio. Para mejorar tu nivel de salud bastan 30 minutos de actividad física durante cinco días a la semana. No tienes por qué realizar estos 30 minutos seguidos, puedes fraccionarlos si te resulta más cómodo. Elegir un deporte que sea del agrado personal y adecuado a nuestras condiciones físicas. Convienen aquellos que nos ayudan a liberar la mente de preocupaciones como caminar largas distancias, pasear en bicicleta o nadar. Empezar toda rutina de ejercicios de manera suave, aumentando el ritmo lentamente y con seguridad. Entrenar en pareja o con un grupo de amigos para motivarnos. Algunas maneras de aumentar tu nivel de actividad física son muy sencillas de implementar, sólo hay que cambiar ciertos hábitos: Subir las escaleras de tu piso en lugar de tomar el ascensor, bajarte una parada o dos antes de la tuya y hacer el resto del trayecto hacia tu casa a pie, bajar la basura por la noche y dar la vuelta a la manzana de tu edificio, etc. Son algunos de los ejemplos de pequeños gestos y costumbres que puedes cambiar y que te beneficiarán mucho a corto y a largo plazo sin quitarte mucho tiempo. Riesgos del ejercicio físico El ejercicio físico tiene una serie riesgos, sobre todo cuando se practica de forma incorrecta, no es un ejercicio adaptado a la persona o se practica con una intensidad para la que no se está preparado. Los principales riesgos son los siguientes: Las lesiones deportivas La adicción al ejercicio Crisis cardiaca Tener cuidado con: Ambiente en el que se realiza el ejercicio: las altas o bajas temperatura pueden suponer un riesgo si la persona no se hidrata adecuadamente o no utiliza la ropa adecuada. Alimentación: una persona que realiza una actividad física regular, necesitará comer de forma adecuada para no sufrir anemia o problemas relacionados con la desnutrición. Enfermedades: hay que consultar al médico antes de comenzar a realizar ejercicio físico, especialmente si se tiene algún problema de salud. Lo más importante es: Comenzar a hacer ejercicio con un programa que implique un entrenamiento suave, incrementándose su intensidad de forma gradual a lo largo de las jornadas sucesivas de actividad física, y mantener la regularidad en esta actividad y los controles de salud oportunos a lo largo del tiempo. Descargar folleto del artículo en PDF

martes, 08 novembro 2022 10:19

Día del Libro 2017 en el CRE de Alzheimer
15 - 05 - 2017

Día del Libro 2017 en el CRE de Alzheimer

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MARÍA PÉREZ HERNÁNDEZ, LUIS ALFONSO CAMBRE MARTÍN | DOCUMENTALISTAS De los días 21 al 24 de abril, con motivo del «Día del Libro 2017», el Centro de Documentación del CRE de Alzheimer, en colaboración con el Servicio de Animación Sociocultural, ha organizado una serie de actividades dirigidas a fomentar la lectura y dar a conocer el servicio de Biblioteca – Documentación. Durante estos días, se expuso una selección de títulos representativos de la colección que está disponible tanto para los usuarios, familias y trabajadores, como para cualquier persona interesada en la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. La exposición se organizó en varias áreas temáticas: «lectura fácil», «estimulación cognitiva», «literatura infantil», «para cuidadores» y «películas» destinadas especialmente a los usuarios y sus familiares, para los cuales han estado dirigidas las actividades de estos cuatro días. El viernes 21, se realizó un taller en el que los propios usuarios y sus familiares crearon unos bonitos y originales marcapáginas. Además pudimos jugar a «Libros del Mundo», consistente en ubicar en un mapamundi el continente en el que se ambienta la historia narrada por una serie de libros. No podía faltar la gran obra de la historia de la literatura española: «El Quijote». El domingo 23, pudimos jugar al Gran Juego de Don Quijote de la Mancha, donde pusimos a prueba nuestros conocimientos sobre la obra de Cervantes, en un animado trivial. Desde el Área de Documentación queremos agradecer el apoyo de los compañeros que han colaborado en la organización de estas jornadas, así como la participación de los usuarios y familiares, gracias a los cuales se debe el éxito de las jornadas. Por último, queremos recordaros que en el Centro de Documentación del CRE de Alzheimer estamos a vuestra entera disposición para atender cualquier consulta bibliográfica y de recursos relacionados con la enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Sólo tenéis que escribirnos al correo: documentacion-crealzheimer@imserso.es GALERÍA DE IMÁGENES

martes, 08 novembro 2022 10:25

Medidas de protección legal. Derechos de las personas en relación a la toma de decisiones anticipadas
11 - 05 - 2017

Medidas de protección legal. Derechos de las personas en relación a la toma de decisiones anticipadas

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ELENA RAMOS NIETO | TRABAJADORA SOCIAL El ordenamiento jurídico español establece diferentes fórmulas legales para garantizar que se cumpla la voluntad de una persona, que previsiblemente pudiera carecer de capacidad para expresarla. En el ámbito de las demencias, cobra especial importancia la posibilidad de activar estos recursos jurídicos en fases iniciales de la enfermedad (cuando la persona aún conserva la capacidad de tomar decisiones) con el objetivo de poder planificar un futuro. El enfermo puede administrar su persona y patrimonio mediante un consentimiento válido, en el que expresa su voluntad de forma anticipada a un acto que se ejecutará y tendrá sus efectos en el futuro. Medidas de protección legal Poderes preventivos: documento notarial que permite a cualquier persona designar a otra para que actúe en su nombre y la represente, cuando sufra una merma de capacidades y no pudiera decidir por sí mismo. El alcance del poder preventivo puede ser tan amplio como así lo configure la persona que lo otorga, pudiendo ser de contenido general o para actos concretos, abarcando tanto a aspectos personales como patrimoniales. Autotutela: es la posibilidad que tiene una persona de asignar a su propio tutor en previsión de ser incapacitada judicialmente en el futuro. La formalización se llevará mediante documento público notarial, donde se pueden disponer cómo quiere que sea ejercida la tutela, tanto en lo que se refiere al cuidado de su persona como a la administración de sus bienes. Autoincapacitación: es el derecho que tiene la persona a promover su propia incapacidad. El procedimiento para el ejercicio es el mismo que el de la incapacitación. Declaración de voluntades anticipadas (Instrucciones previas o testamento vital): es un documento a través del cual las personas con plena capacidad de obrar deciden acerca de los tratamientos y cuidados de salud que desean o no recibir, y sobre el destino de su cuerpo o sus órganos, cuando se encuentren en una situación en la que no puedan expresar su voluntad. Para que sea operativo y eficaz, el documento debe formalizarse ante notario o bien ser inscrito en el Registro competente (Consultar la legislación propia de cada Comunidad Autónoma). Descargar folleto del artículo en PDF

martes, 08 novembro 2022 10:27

Delirios: ¿Qué hago si mi familiar los padece?
10 - 05 - 2017

Delirios: ¿Qué hago si mi familiar los padece?

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RAQUEL OLIVARES DELGADO | PSICÓLOGA ¿Qué es un delirio? En una demencia es común que nuestros familiares presenten algún tipo de delirio o alucinación debido, entre otras cosas, a las alteraciones fisiológicas de los neurotransmisores cerebrales y a la pérdida neuronal. Un delirio es un trastorno del contenido del pensamiento. Se trata de una idea falsa, que no está basada en la evidencia o en la realidad. Es decir, la persona va a mantener esta idea con total convencimiento y va a resultar casi imposible demostrarle que está equivocado o convencerle de que eso no es verdad aunque existan pruebas evidentes para rebatírselo. Por ejemplo: nuestro familiar mantiene la idea falsa de que nosotros, como cuidadores, le estamos robando dinero cada vez que vamos al banco. ¿Qué tipos de delirios son más comunes en la demencia? Estos son, entre otros, algunos de los delirios más frecuentes que pueden aparecer en el curso de la demencia: Delirio de perjuicio o daño. En este caso, nuestro familiar pensará que tenemos la intención de hacerle daño. Debido a esto se mostrará desconfiado y tenderá a interpretar cualquier gesto o palabra que le digamos de forma negativa. Por ejemplo: si nos ve hablar en voz baja con otra persona puede empezar a pensar que estamos hablando mal de él o que estamos planeando algo en su contra. Delirio de robo: Es el delirio más común en esta enfermedad. Nuestro familiar tiende a pensar que le estamos robando dinero o manipulando las cuentas del banco. Suelen mostrarse agitados y muy desconfiados con todo lo que rodea el tema del dinero. Delirio de falsa identificación: En este tipo de delirio nuestro familiar creerá que los lugares o las personas que le rodeamos han cambiado de identidad. Por ejemplo: suelen mostrar la convicción de que su mujer es su madre o que sus hijos no son suyos. Delirio de Capgras: Este delirio consiste en pensar que un impostor está ocupando nuestro lugar o el de cualquier otra persona, es decir, nuestro familiar piensa que no somos nosotros sino un doble de nuestra persona. Está relacionado con la incapacidad de nuestros familiares de reconocer caras conocidas y debido a esto se muestran confusos. Recomendaciones. ¿Qué hago si mi familiar los padece? La manifestación de los delirios no tiene la misma repercusión en todos los pacientes. Hay personas en las que aparecen y se muestran tranquilos, sin suponer ningún malestar para ellos y hay otras, que lo experimentan con gran agitación o ansiedad. Si los delirios son poco frecuentes y no causan malestar ni agitación… Si el delirio no crea malestar ni repercute en la vida de nuestro familiar no debemos darle la mayor importancia. Lo que sí es aconsejable es comunicárselo al médico para que esté informado y haga un seguimiento de la evolución del delirio. Si el delirio es frecuente y causa malestar en nuestro familiar… Si el delirio provoca agitación, ansiedad, nerviosismo o causa conductas anómalas en nuestro familiar: Informe a su médico para que determine si existe o no la necesidad de aplicar un tratamiento farmacológico que controle el delirio. No discuta sobre el delirio, nuestro familiar mantendrá esa idea firmemente, creerá que es verdad, por lo que será inútil hacerle razonar. No convierta el delirio en una fuente de conflicto. No le siga la corriente ni le dé la razón sobre su delirio, si lo hacemos sólo conseguiremos reforzar la idea y ayudar a que vuelva a aparecer y se mantenga en el tiempo. Evite hablar en voz baja o cuchichear delante de su familiar, si es desconfiado se confirmará su idea de que se trama algo contra él o que se está hablando mal de él. Cuando manifieste el delirio intente desviar su atención hacia otro tema de su interés, intente fijar su atención en algo real o en alguna actividad que le haga sentirse cómodo. Si el delirio inquieta mucho a nuestro familiar, trate de calmarle con gestos de cariño (nunca con gestos bruscos que pueda malinterpretar) y háblele con buenas palabras y tono de voz suave sobre algo que sepa que le guste. Descargar folleto del artículo en PDF

martes, 08 novembro 2022 10:29

Parkinsonismo, depresión y demencia
08 - 05 - 2017

Parkinsonismo, depresión y demencia

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JORGE MIGUEL CUEVAS ESTEBAN | PSIQUIATRA ESPECIALIZADO EN PSICOGERIATRÍA La enfermedad de Parkinson (EP) es la segunda causa de trastorno neurodegenerativo por detrás de la enfermedad de Alzheimer. Fue descrita en el año 1817 por James Parkinson, denominándola «parálisis agitada». Los síntomas principales de la EP son bradicinesia, temblor de reposo, rigidez y alteración de los reflejos posturales. Este síndrome se denomina habitualmente parkinsonismo. Otras manifestaciones de la EP incluyen síntomas psiquiátricos tales como ansiedad y depresión, así como síntomas disautonómicos como hipotensión, estreñimiento, parestesias, calambres, disfunción olfativa y dermatitis seborreica. Conforme la enfermedad avanza, puede producirse un declive progresivo en el rendimiento cognitivo. Las alteraciones mencionadas afectan seriamente a la calidad de vida de los pacientes con EP. El deterioro cognitivo y la demencia fueron reconocidos como parte de la EP desde las históricas descripciones realizadas por Jean-Martin Charcot. Los déficits cognitivos asociados a la EP se han descrito incluso en pacientes recién diagnosticados sin tratamiento, así como en personas en las fases más incipientes de la enfermedad, siendo dichos déficits más prominentes en los siguientes dominios: memoria, funciones ejecutivas y visuoespaciales. Tradicionalmente encuadrada en el grupo de las ‘demencias subcorticales’, la demencia en la EP puede presentarse con diferentes patrones clínicos y tener distintas bases patológicas. Hoy en día es una incógnita saber hasta qué punto el deterioro cognitivo es atribuible al proceso neurodegenerativo, a factores psicosociales, demográficos o clínicos, o a complicaciones del tratamiento sustitutivo con dopamina. La demencia asociada a la EP se ha relacionado con un incremento de la mortalidad, reducción de la calidad de vida, incremento de la sobrecarga del cuidador, así como un factor de riesgo para traslado a medio residencial, con una importante implicación de costes sanitarios. Los factores de riesgo más consolidados son la edad, la gravedad de los síntomas motores, el deterioro cognitivo leve y las alucinaciones visuales. Otros factores de riesgo estudiados, sin que se haya conseguido demostrar su asociación de forma sólida, han sido el uso de fármacos antiparkinsonianos, la terapia sustitutiva con estrógenos, el colesterol, el traumatismo craneoencefálico, la diabetes mellitus y la hipertensión arterial. Dentro de la amplia variedad de síntomas no motores que pueden aparecer en el parkinsonismo, la depresión es uno de los más frecuentes, llegando a apreciarse en alrededor del 35% de los pacientes con EP. La evidencia de las investigaciones llevadas a cabo en esta área sugiere que es más frecuente en personas con EP que en población anciana general, y que en pacientes con otras enfermedades crónicas o invalidantes, como la artrosis. La depresión es, además, un factor determinante de la salud, dado que impacta en la calidad de vida de los pacientes con EP y de sus cuidadores; se asocia con un peor rendimiento funcional y cognitivo y se relaciona con un incremento de la mortalidad. Los síntomas nucleares de la depresión son: ánimo depresivo, falta de capacidad de experimentar placer (anhedonia) y sentimientos de culpa o minusvalía. Los síntomas somáticos (pérdida de apetito, alteraciones del sueño, retraso psicomotor, hipomimia) son también parte de la depresión. Sin embargo, estos síntomas se observan incluso en pacientes con EP que no están deprimidos, lo que dificulta enormemente realizar un diagnóstico diferencial entre EP y depresión. La tríada parkinsonismo, depresión y demencia resulta devastadora para una población normalmente en proceso de envejecimiento y, por tanto, presenta importantes implicaciones para la salud pública. Descargar el artículo completo

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