Estrategias para mantener la rutina de la persona con demencia en el domicilio

Estrategias para mantener la rutina de la persona con demencia en el domicilio

Rocío Molás Robles, Natalia Rosillo Carretero, Irene González MellaTerapeutas ocupacionales

Durante estos días tan complicados, es fundamental ayudar a nuestro familiar con demencia a mantenerse ocupado en el domicilio, así como mantener sus hábitos y rutinas durante el mayor tiempo posible.

La participación en las Actividades de la Vida Diaria puede utilizarse como medio para estimular y propiciar mayor bienestar en la persona con demencia.

Vemos en la información que lanzan cada día la importancia de crear unos hábitos y una rutina estructurada en el hogar. Ahora que no podemos salir de casa, es aún más relevante para las personas que cuidan de una persona con demencia.

Los hábitos y rutinas diarias son comportamientos automáticos que se realizan en horarios regulares, son fijos y repetitivos. Ofrecen a nuestro familiar con demencia seguridad y predictibilidad.

  • Levantarse y acostarse siempre sobre la misma hora, dejando cierta flexibilidad, puede ayudar a mantener los patrones de sueño y descanso nocturno: despertarle cuidadosamente, acompañado siempre de una orientación temporal (diciéndole en qué día estamos, mes, año y la hora) y espacial (que está en su habitación, la casa en la que se encuentra).
  • Establecer horarios de cuidado personal, por ejemplo, asearse y vestirse tras desayunar y mantener esa rutina para que la persona pueda anticipar la actividad que va a hacer. Mantener la hora de la higiene personal: tanto si lo realiza en horario de mañana como de tarde.

¿Cómo podemos estimular en el baño?

  1. Pedirle que nos ayude a preparar el baño (en función de sus capacidades) enumerando los objetos que hacen falta para la ducha.
  2. Hacerle partícipe de la actividad (que nos indique cuando está caliente el agua o que colabore en el enjabonado, aclarado y secado del cuerpo).
  3. Que identifique los diferentes elementos del baño, que ayude a recoger la ropa sucia, limpiar el baño, reponer el jabón y papel higiénico, ordenar armarios.
  4. Pedirle que se cepille los dientes, que se peine, se afeite o se hidrate la cara y el cuerpo.
  • Mantener una rutina de continencia, recordar y ofrecer a la persona la necesidad de acudir al baño cada cierto tiempo, en función de las necesidades. Es recomendable cada dos horas para evitar pérdidas de orina.
  • Realizar una rutina de actividad física por la mañana y por la tarde, aunque sea sencilla, para evitar la inmovilidad y el exceso de sedentarismo.
  • Proponer que ayude en la realización de tareas del hogar: barrer, limpiar el polvo, hacer la cama, fregar los platos, secar cubiertos, poner la mesa, tender y doblar la ropa o planchar.
  • Ofrecer actividad de su interés en momentos libres: al conocer a la persona, sabemos qué puede hacer y qué actividades son significativas para ella. De esta manera favorecemos la conexión con el entorno y la ocupación del tiempo con tareas que siempre le hayan gustado: Hacer punto, ganchillo, coser, manualidades, colorear, jardinería (regar y cuidar las plantas), ver álbum de fotos, escuchar música, poner la radio, leer el periódico, ver revistas, leer un libro, hacer sopas de letras o crucigramas, juegos de tablero (parchís, oca, damas), dominó, cartas (se pueden clasificar por palos, por número, contar o jugar al tute, remi, etc.), bingo…
  • Mantener los horarios estables de las comidas principales y evitar comer en exceso entre horas.

¿Cómo podemos estimular en la cocina?

  1. Recordar los pasos de una receta.
  2. Enumerar ingredientes de un plato determinado.
  3. Identificar y/o denominar utensilios de la cocina (cubiertos, platos, vasos, comida, electrodomésticos…)
  4. Pedirle colaboración en la elaboración de las comidas (pelar patatas, lavar verdura, picar alimentos, pelar fruta, batir huevos, prepararse el desayuno…)
  5. Separar diferentes legumbres, tipos de pasta…
  6. Doblar servilletas.
  7. Colocar la loza del lavavajillas en sus respectivos armarios.
  • Evitar las siestas de larga duración para conciliar mejor el sueño por la noche.
  • Mantener la hora de la cena, evitando tomar demasiado líquido por la tarde-noche (esto ayudará a que la persona no se levante al baño durante la noche).
  • Es importante cuidar los valores, creencias y la espiritualidad de la persona en estos momentos. Hablar y preguntar para saber cómo se siente, ofrecer recursos a su alcance para que pueda rezar si está acostumbrado a hacerlo, ofrecer misa televisada, etc.

Es prioritario dejar a la persona “hacer todo lo que pueda”, dándole todo el tiempo que requiera, favoreciendo su supervisión y ofreciendo las ayudas que necesite para evitar su frustración. En este sentido, es importante considerarnos como “acompañantes” no como “asistentes”. Si ofrecemos esta posibilidad, la persona puede sentirse mejor al poder colaborar en su autocuidado y en el cuidado del hogar.

Involucrar a la propia persona en las actividades cotidianas es un recurso que tenemos a nuestro alcance para estimular habilidades conservadas. Con la mayor parte de estas tareas diarias se ponen en juego el desempeño de habilidades físicas, perceptivas, sensoriales y cognitivas. Además pueden ser utilizadas como un medio para darles un rol activo dentro del hogar y aumentar la comunicación e interacción.

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