En la salud y en la enfermedad

Fotografía y alzhéimer: Mirella

NACHO G. SAS11 FEB 2015

Mirella

Ternura es una palabra que define bastante bien la foto que ilustra este artículo. Con ella, Fausto Podavini ganó el primer en la categoría «Historias de la vida diaria» del World Press Photo 2013, uno de los certámenes de fotografía más importantes del mundo.

Si se fijan, los espejos nos devuelven esperanza y resignación, muerte y vida, dedicación y amor, blanco y negro, según nos cuenta el autor de la foto: «Quería centrarme en los gestos, en la suspensión de esta historia de amor, los detalles y las caras, y no quería que el color afectara a esa idea. Mirella es una obra en la que los gestos suspendidos, el momento anterior y el momento de después son lo fundamental. El blanco y negro me ha permitido hacer hincapié en esto».

En el momento de la foto, Mirella tenía 71 años, llevaba casada con Luigi más de 40 y los últimos 6 los había dedicado a luchar contra el alzhéimer. Esta pelea diaria contra los efectos devastadores de la enfermedad fue lo que quiso destacar Podavini, por eso buena parte de las fotografías se centran en Mirella, en la cuidadora, en su soledad y al mismo tiempo en su dedicación, en el amor por su marido: «Eso es lo que más me impresionó. Ver el amor, los gestos de afecto de hacia Luigi, su marido, hacia su pareja por más de 40 años, fue lo que me hizo enfocar a ella. Y, claro, también porque la enfermedad afecta no sólo al paciente sino a la familia de diferentes maneras, pero en igual medida».

Antes de empezar este trabajo, el fotógrafo italiano no sabía nada del alzhéimer, pero cuando vio las estadísticas que mostraban una caída en la edad media de los pacientes con alzhéimer, se dio cuenta de que la enfermedad ya no es un mal que sólo afecta a las personas de la tercera edad, «ya no podemos darnos el lujo de ignorar la enfermedad», por eso decidió fotografiar al matrimonio, que conocía de siempre, «lo que me facilitó el trabajo, a pesar de lo cual esta ha sido una de las cosas más complicadas que he hecho en fotografía».

Y durante esas sesiones de fotos, cada vez enfocaba la intimidad del alzhéimer, además de la fuerza, el amor y la entrega de la cuidadora, Podavini veía cómo los recuerdos desaparecían implacablemente día a día, «y ahí supe que nada puede ser peor que perder la memoria, y que esa pérdida progresiva, además del sufrimiento para el pacientes, es devastador para la mujer, para los hijos que ven que su padre no recuerda sus nombres, o cómo utilizar un tenedor, o cómo caminar».

Si a ese sufrimiento le sumas la resignación del futuro ya escrito, te sale la tragedia del alzhéimer. Ahora bien, el amor, el amor verdadero, ese que permanece en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, no se rinde nunca.

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