El cuidado del cuidador de personas aquejadas de demencia: autocuidado (I)

Antonio Domínguez LuqueEspecialista en neurociencias de AFA Antequera y Comarca

La persona que puede cuidar a cualquier paciente de manera óptima es la que mejor se cuida a sí misma. Las técnicas de autocuidado permiten que la persona cuidadora adopte una serie de medidas cuyo fin es el del mantenimiento óptimo de la propia salud personal (tanto a nivel físico como psicológico), consiguiéndose pues la base para poder poner en marcha el amplio abanico de actuaciones necesarias para cuidar a la persona con demencia.

En el denominado autocuidado se engloban aquellas actitudes y acciones que el cuidador familiar ha de adoptar para valorarse a sí mismo, quererse y cuidarse, contrarrestando así los siguientes síntomas emocionales:

  • Pensamientos erróneos
  • Soledad y aislamiento
  • Insomnio
  • Problemas físicos
  • Ansiedad
  • Depresión

El cansancio, agotamiento físico, insomnio, aislamiento social, pérdida de interés por aficiones habituales, consumo de alcohol o somníferos, irritabilidad o la ansiedad son síntomas de alerta que evidencian una falta de autocuidado.

Un autocuidado óptimo recoge el asesoramiento correcto sobre la enfermedad, la comunicación de sentimientos que surgen a raíz de los cuidados y el cuidado de la propia salud del cuidador, tanto física como psicológica.

En este artículo sobre el autocuidado, el primero de una serie de tres, se va a abordar la gestión de los pensamientos erróneos y la soledad y aislamiento por parte de la persona cuidadora.

Pensamientos erróneos

Los pensamientos erróneos son aquellos que la persona cuidadora tiene sobre la enfermedad y que directamente acepta como verdaderos sin realmente serlos.

Pensamientos erróneos clásicos: «Soy la única persona que puede cuidar a mi familiar», «Soy la persona que mejor le cuida», «Es mi obligación cuidarle», «Tengo que centrar mi vida en cuidar a mi familiar», «Yo puedo con todo», etc.

Manejo de pensamientos erróneos

  • En primer lugar hay que identificarlos y aceptarlos. Puede ser útil para ello verbalizarlos en voz alta y hablar de ello con otras personas.
  • En segundo lugar hay que analizar por qué se tienen y reconocer que tenemos nuestras propias limitaciones, por lo que debemos marcarnos objetivos realistas y accesibles.
  • En tercer lugar, establecer recursos para acatarlos: no hacer una montaña de un grano de arena, no culparnos de las cosas que escapan a nuestro control, ser conscientes de que no podemos llegar a todo, cambiando para ello la coletilla «Tengo que hacer…» por «Intentaré hacer…», etc.

Soledad y aislamiento

El hecho de cuidar a una persona en situación de dependencia hace que se vea reducido considerablemente el tiempo que la persona cuidadora se dedicaba a sí misma. Además existe la creencia de que el hecho de cuidar significa dejar aparcada la vida social que anteriormente desarrollaba el cuidador. Ello puede implicar sentimientos de soledad y aislamiento

Detección del aislamiento. El aislamiento puede detectarse a través de la respuesta a preguntas como: «¿Cuánto tiempo hace que no quedo con mis amigos», «¿Dispongo de tiempo para dedicármelo a mí mismo?», «¿Hace cuánto realicé la última actividad agradable que solía hacer con regularidad», «¿Siento que soy la única persona que puedo cuidar de mi familiar?», etc.

Prevención de la soledad y el aislamiento. Dedicar tiempo a realizar actividades que resulten gratificantes, buscar nuevas amistades, compartir nuestras experiencias con otras personas, relacionarse regularmente con familiares y amigos, intentar salir de casa para descargar los problemas y aceptar la ayuda que se nos ofrezca.

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