«El afecto es el único tratamiento efectivo en ciertas enfermedades degenerativas»

Ana Bergua, autora del cuento La abuelita necesita besitos

NACHO G. SAS21 ENE 2014

La abuela necesita besitos, un cuento escrito por Ana Bergua e ilustrado por Carme Sala, utiliza el amor y el respeto que los niños sienten por sus abuelos para explicarles la complejidad del alzhéimer.

 

Portada del libro La abuela necesita besitos

¿Por qué un cuento sobre alzhéimer? ¿De dónde surge la idea?

La idea nació de hacerme la pregunta concreta: Si yo tuviera que explicar a mis hijos que su abuela tiene alzhéimer, ¿cómo lo haría? Con un libro, con dibujos. Me di cuenta de que hay temas que a los niños hay que explicárselos muy bien; es difícil que ellos puedan comprender el comportamiento de una persona enferma de alzhéimer, que un adulto no sea capaz de cuidar de sí mismo ya supone un choque para el punto de vista de un niño. En el momento de escribir el libro no había nadie en mi familia que padeciera esa enfermedad, pero yo tenía tres abuelos aún y ellos sí son muy ancianos y eran dependientes. De hecho, el libro no habla solo del alzhéimer, se podría hacer extensivo a la vejez en general, a sus síntomas degenerativos sobre el sistema nervioso.

Aunque usted es enfermera y está familiarizada con la enfermedad, ¿se documentó para escribir el cuento?

Sí me documenté, concretamente, repasé bibliografía especializada y consulté con familias que viven el alzhéimer en primera persona.

¿Qué valores intenta trasmitir el libro? ¿Cuál es su mensaje?

Los principales valores son la importancia del afecto como único tratamiento efectivo en la terapia de ciertas enfermedades degenerativas; el respeto como punto principal del niño hacia cualquier persona, especialmente sus abuelos, y más si son dependientes ¡aunque se les caiga la comida de la cuchara!; destacar la capacidad de los niños de participar en el funcionamiento de sus propias familias. Una a una se van desgranando las acciones para estimular la memoria y ayudar a la anciana a situarse en el tiempo y en el espacio: rótulos en cajones y armarios, decirle la fecha, la ropa que hay que ponerse, recordar canciones, ver fotografías, acompañarla a un centro de día, jugar, ¡y los besitos! Además, Carme Sala añadió algo en su dibujo en la contraportada. Ella quiso dedicarla a la hija de la anciana enferma. Sobre ella recae el cuidado de su madre. El papel de la familia es fundamental en la enfermedad.

Precisamente este es un cuento hecho a cuatro manos: usted ha escrito el texto y Carme Sala se ha encargado de ilustrarlo. ¿Qué le parece el trabajo de la ilustración? ¿Qué aporta al cuento?

Pedí a Carme Sala si quería ilustrar el libro porque necesitaba llegar a los niños de una forma visual y su forma de dibujar tiene una característica que a mí me parecía imprescindible: es muy clara, limpia y sus dibujos reflejan su gran inteligencia. Aportan alegría y lo hacen apto para niños muy pequeños y personas mayores que reciben su luz.

¿Consideran que la sociedad todavía trata de “esconder” o “disimular” la enfermedad de Alzheimer delante de los niños?

Nuestra sociedad tiende a sobreproteger en exceso a los niños en casi todos los aspectos. Y sin embargo, ellos son muy flexibles y capaces de asumir los problemas y de responder con energía si se les pide colaboración y si saben qué es lo que pueden hacer.

A raíz de la publicación del cuento, ¿han tenido ocasión de conversar con sus pequeños lectores y conocer su opinión?

Sí, hemos hecho lecturas y actividades, talleres. En cada grupo ha habido algún niño que conoce de cerca la enfermedad, y les ha gustado sentirse acompañados. Y los que no, se acercan a esa realidad. Es un placer llegar a los niños y compartir con ellos sus inquietudes. Por otra parte, en numerosas ocasiones he tenido la oportunidad de escuchar a representantes de familiares de enfermos. Y ellos han agradecido mucho nuestro libro, por su enfoque alegre y optimista, y a la vez, realista. De ellos he aprendido algo que ha sido muy útil para mí: lo último que pierde el ser humano es la capacidad de recibir afecto. Así que mis palabras y los dibujos de Carme Sala sólo han puesto de manifiesto una realidad: el afecto como vehículo para mejorar la calidad de vida de las personas que padecen enfermedades degenerativas.

 

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