Ejercicio físico y alzhéimer

Ejercicio físico y alzhéimer

JOSÉ PÉREZ morenOGraduado en Fisioterapia por la Universidad de Murcia

La población española tiende al envejecimiento. Derivado del aumento de la edad aparecen enfermedades neurodegenerativas, como es el caso del alzhéimer, que representa el 60-75% de todas las demencias. El tratamiento mediante ejercicio físico se ha demostrado en numerosos estudios (en poblaciones sanas) como fundamental para evitar la aparición de enfermedades neurodegenerativas, ya que incrementa y conserva la función cognitiva junto a la neuroplasticidad cerebral. Los estudios sobre Ejercicio físico y alzhéimer comenzaron en la última década, dentro del marco de la terapia no farmacológica. Los estudios más completos, han obtenido mediante técnicas de imagen, hallazgos que confirman que aumenta el tamaño de áreas del hipocampo (donde comienza la enfermedad de Alzheimer) al realizar ejercicio físico programado.

El objetivo primario de esta revisión es determinar la evidencia del ejercicio físico en pacientes ya diagnosticados con demencia tipo alzhéimer. Y como objetivos secundarios, analizar qué tipos de ejercicios contribuyen a alcanzar beneficios en cuanto al paciente se refiere (cognición, calidad de vida, capacidades funcionales, etc.), teniendo en cuenta el estadio de la enfermedad y en cuanto al seguimiento de cada intervención pautada.

Metodología
Se realizó una revisión de la literatura entre diciembre de 2015 y enero de 2016 en las siguientes bases de datos: PubMed, PEDro, WOK. Se utilizaron tanto operadores booleanos (AND y OR) como descriptores. Se analizó la literatura clínica de los últimos 5 años.

Los 5 ensayos clínicos seleccionados arrojaron resultados acerca de la importancia del ejercicio físico en cuanto a capacidades funcionales de los pacientes (Actividades básicas de la vida diaría «ABVD», actividades instrumentales de la vida diaria «AIVD», medida de independencia funcional «FIM»), en torno a habilidades cognitivas y en cuanto a la calidad del sueño (vigilia, sueño efectivo).

Conclusiones
Podemos determinar que el ejercicio físico, llevado a cabo durante 6-12 meses, puede ser beneficioso para pacientes con alzhéimer en el mantenimiento o mejora de las capacidades funcionales, aumento de las habilidades cognitivas, y en cuanto al incremento de la calidad del sueño, factores todos ellos muy importantes en el pronóstico y la evaluación del paciente con esta patología. Sin embargo, no podemos responder a los objetivos secundarios, en vista de las limitaciones de los estudios. No podemos determinar qué ejercicios físicos son más adecuados, aunque si podemos aseverar que caminar, ejercicios en grupo, ejercicios de coordinación, estiramientos, fitness aeróbico y entrenamiento de fuerza, pueden lograr mejoras significativas en sus grupos de intervención, respecto a los grupos control. En relación al estadio de los pacientes con alzhéimer y al seguimiento de las intervenciones pautadas, por la ausencia de estudios que aborden este tema en su globalidad, no se pueden responder al objetivo marcado. Queda mucho camino por recorrer.

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