Efecto del ejercicio físico en la enfermedad de Alzheimer

Efecto del ejercicio físico en la enfermedad de Alzheimer

Natalia García-CasaresNeuróloga, Departamento de Medicina, Facultad de Medicina, Universidad de Málaga

Estudios recientes demuestran que el ejercicio físico presenta efectos beneficiosos sobre la función cerebral, ya que puede disminuir el riesgo de deterioro cognitivo y retrasar el inicio de demencia. Es por ello que, la actividad física podría reducir el riesgo de enfermedad de Alzheimer, al presentar un papel neuroprotector promoviendo una mayor angiogénesis y neurogénesis, reduciendo la inflamación y controlando los factores de riesgo cardiovascular que son cruciales para el desarrollo de la enfermedad. En la línea de esta hipótesis, hay estudios que han demostrado que las personas que no realizan ejercicio físico incrementan notablemente el riesgo de deterioro cognitivo. Además, la práctica de ejercicio físico suele disminuir con la edad, por lo que en el periodo en el que hay un mayor riesgo de sufrir la enfermedad, la realización de actividad física suele ser menor. Por ello, en aquellas personas con factores de riesgo para padecer enfermedad de Alzheimer, se recomienda que se inicien en la realización de ejercicio físico desde una edad temprana, pues algunos estudios establecen que una vez instaurada la enfermedad, aparecen limitaciones a la hora de realizar deporte.

Los efectos positivos del ejercicio físico sobre la cognición pueden medirse con herramientas de neuropsicológica (test cognitivos) y mediante neuroimagen (RMN y PET) entre otros. Así, algunos estudios de RM cerebral han demostrado , cómo el realizar una actividad física puede incluso modificar nuestra estructura y función cerebral reduciendo la atrofia o la pérdida de volumen cerebral en localizaciones cerebrales estratégicas para el aprendizaje y la memoria como es el hipocampo. Por otro lado, se ha demostrado la reducción de depósitos de placas de beta amiloide cerebral mediante PET cerebral desde estadíos preclínicos. De esta forma, la actividad física contribuiría desde fases tempranas a la aparición de la enfermedad, a promover una mayor reserva cognitiva cerebral, capaz de aminorar el deterioro cognitivo conforme avanza la enfermedad. La mayoría de los estudios se basan en la realización de ejercicio físico aeróbico, y son escaso los estudios que comparan el ejercicio aeróbico con el anaeróbico siendo los resultados más favorables con el primero. Sin embargo, el tipo de ejercicio físico, la duración y la intensidad recomendada para lograr mayores beneficios está aún por esclarecer.

Por tanto, el ejercicio físico se propone como una terapia no farmacológica que ha demostrado efectos positivos sobre la cognición en pacientes con Enfermedad de Alzheimer, así como una medida preventiva en personas de alto riesgo para padecer la enfermedad. Siendo además una terapia de fácil acceso, bajo coste y escasos efectos secundarios.

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