Diferencias de género en alzhéimer

Diferencias de género en alzhéimer

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ MARTÍNNeuropsicólogo – Psicólogo General Sanitario

La enfermedad de Alzhéimer es una enfermedad clasificada dentro de los síndromes neuropsicológicos difusos como una demencia y está caracterizada por su carácter neurodegenerativo, insidioso y progresivo.

En las últimas décadas se han realizado grandes avances en la investigación de las causas de la enfermedad, del tratamiento farmacológico y no farmacológico, y de los factores de riesgo y de protección de la enfermedad. Aunque no se ha encontrado aún una forma de frenar el deterioro neuronal (causa principal de la sintomatología de la enfermedad de Alzhéimer) ni descubrir el agente causal primario que predispone la degeneración se han realizado grandes avances que permiten retrasar el deterioro neurológico, la disminución de las capacidades cognitivas y el detrimento de las capacidades funcionales de la persona que afectan a su autonomía y calidad de vida.

De la abundante literatura escrita sobre el alzhéimer se han obtenido importantes datos que manifiestan la importancia de la relación de la enfermedad con determinados factores a todos los niveles tanto biomédicos, neuropsicológicos, o contextuales – relacionales.

En los últimos años se han obtenido resultados interesantes que fomentan un enfoque holístico en la lucha contra la enfermedad, y factores que se deben tener en cuenta a la hora de plantear un tratamiento lo más eficiente posible para la persona. Y entre estos resultados, en los últimos años se ha puesto énfasis en una perspectiva que anteriormente no había sido tomada en la consideración adecuada, o había sido minusvalorada. Concretamente este aspecto es la diferencia de género en el desarrollo y evolución de la enfermedad.

En principio los estudios realizados en revisiones sistemáticas o investigaciones específicas (éstas más numerosas en los últimos 4 o 5 años), han llegado a la conclusión de que tanto en el funcionamiento cerebral sin enfermedad como en el deterioro en la enfermedad de Alzheimer es diferente en hombres y mujeres. Esto es debido a la influencia del sistema hormonal en el desarrollo y su implicación en la actividad neuronal. Se ha atribuido a los estrógenos una función protectora, sobre todo cuando estos han sido suministrados en edades relativamente tempranas (premenopausia). Efectivamente, en el curso normal de evolución biológica, la disminución de estrógenos parece acelerar el deterioro cognitivo. La evolución en los hombres de forma general parece ser más constante y lenta.

Este es uno de los hallazgos principales, pero como se decía anteriormente, se han encontrado evidencias de que el sistema neuronal, no solo por la influencia hormonal o del funcionamiento de los neurotransmisores, es diferente en hombres y en mujeres. Por ejemplo, en investigaciones sobre tratamientos farmacológicos, se descubre que ciertos fármacos o sustancias tienen un efecto diferente en mujeres (anticolinérgicos, modificadores de la recaptación de la dopamina o su transportador activo – DAT, cannabis, etc.). Esto tiene una importancia relevante a la hora de plantear tratamientos eficientes según los resultados de la investigación traslacional.

Por otro lado, se ha definido en estudios genéticos, que ante la aparición de la forma e4 de la apolipoprotena E (APOE e4) – factor genético predisponente a la enfermedad de Alzhéimer – la probabilidad de aparición de la enfermedad es mayor en mujeres que en hombres.

Pero si ya las diferencias que aparecen a nivel genético y bioquímico son concluyentes de un funcionamiento diferente entre hombres y mujeres en el alzhéimer, también lo son otros factores que se han estudiado como correlacionales a la aparición y consecuencias de la enfermedad.

Por ejemplo en estudios generales de la enfermedad, factores como la reserva cognitiva (muy importante para determinar o al menos vislumbrar el curso de la enfermedad en la persona) también son diferenciales. De forma general la reserva cognitiva es un factor protector, pero parece que lo es aún más en hombres. Y concretamente, junto con el factor genético comentado y la influencia de la disminución estrogénica parece que afecta a las mujeres en la aparición de un mayor deterioro en dominios cognitivos como el lenguaje, capacidades visuoespaciales y memoria episódica. Se ha de señalar, que otros factores que son típicamente asociados a la aparición de la enfermedad de forma general como la edad, la educación (años), o la fase de la demencia (cuando ya ha aparecido); no afectan a esta diferenciación de género.

Como hemos visto, el curso y el declive es diferente, y en consecuencia también los son los síntomas que acompañan la enfermedad. De hecho en estudios comparativos de tratamientos farmacológicos incluyendo el análisis de efecto del género (estudios no muy numerosos que incluyan de forma específica esta diferenciación desde el diseño), muestran que en los hombres aparecen más conductas agresivas, comorbilidad y una mayor mortalidad. Sin embargo las mujeres presentan más síntomas de índole afectiva y una mayor discapacidad (falta de autonomía), aunque mayor tiempo de vida.

Como puede verse la enfermedad de Alzhéimer mantiene un patrón general de afectación común pero hay aspectos (biológicos, neuropsicológicos y sociales) que permiten detectar las diferenciaciones de las que se habla. En numerosos estudios se pone énfasis en los factores psicosociales, como el nivel sociocultural, las diferencias de roles en la población que pueden afectar a la reserva cognitiva, estilos de vida, etc. Es verdad por otra parte, que hay una crítica metodológica general en artículos de revisión a los pocos estudios que tienen esta comparativa de género explícita y que son aspectos muy concretos cuya traslación a la praxis clínica es complicada. Por ejemplo, la opción de personalizar tratamientos dependiendo del género.

En todo caso, y resumiendo, sigue siendo un tema complejo. Aunque se encuentran evidencias de diferencias de género en aspectos específicos. Desde la epidemiología y los estudios de prevalencia, existe un argumento de peso, que es el mayor número de mujeres afectadas, y que simplemente los factores sociales son muy importantes para correlacionar con variables que manifiestan dicha diferencia. Además pueden encontrarse índices biológicos concretos que apoyan esta diferenciación.

Pero por otro lado, se necesitarían más estudios balanceados a nivel de género, demostrar que dichas diferencias biológicas sean determinantes o al menos que justifican una intervención diferenciada a nivel de tratamiento – cuestión que evolucionaría o debería hacia una personalización a la condición personal, no directamente sobre el género del paciente – y tener en cuenta precisamente que en ocasiones, la perspectiva la diferencia de género en la enfermedad de Alzheimer no debe producir diferenciaciones que conduzcan a elementos prejuiciosos entre los profesionales, sino a una mayor calidad de vida en la enfermedad de cada persona en su ajuste a la situación.

Bibliografía

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