Dieta y prevención en enfermedad de Alzheimer

Dieta y prevención en enfermedad de Alzheimer

Raúl Arizaga, Dolores Barreto, Claudia Bavec, Waleska Berríos, Diana Cristalli, Liliana Colli, María Laura Garau, Angel Golimstok, Juan Ollari, Diego SarasolaGrupo de Trabajo de Neurología del Comportamiento y Neurociencias Cognitivas de la Sociedad Neurológica Argentina

Se han estudiado diversos factores de riesgo que predisponen al desarrollo de la enfermedad de Alzheimer así como a otros tipos de demencia. Los factores de riesgo vascular adquieren relevancia debido a que son potencialmente modificables y es por este motivo que se enfatiza el rol que desempeña el cambio de hábitos, entre ellos la adopción de una «dieta saludable».

Se sabe que los alimentos influyen en diversos aspectos del comportamiento, entre ellos, las sensaciones, las percepciones, el estado de ánimo y diversas funciones mentales, tales como el estado de alerta, la memoria, la atención y la velocidad de reacción.

Ha sido postulado que la restricción calórica (RC), entendida como una reducción del 10 al 40% en la ingesta de calorías provenientes de la dieta, involucra mecanismos no genéticos asociados con la extensión del término de vida y del tiempo de vida saludable. Se ha demostrado que la RC retrasa o previene la aparición de enfermedades crónicas en diversas especies animales pero, hasta tanto se disponga de información unívoca (independientemente de los beneficios que la RC pueda producir sobre distintos parámetros de salud, e.g., función cardiovascular, metabolismo, respuesta inflamatoria, respuesta inmune, etc.), no existe evidencia de que la RC pueda ejercer influencia directa sobre la presentación de enfermedades neurodegenerativas en general y enfermedad de Alzheimer en particular.

Se favorece la implementación de una dieta natural, saludable (baja en grasas saturadas y trans; rica en vegetales, legumbres, frutas y granos; con aporte en dosis suficientes de vitaminas del complejo B), como la dieta mediterránea, ya que puede ser eficaz en la prevención del riesgo vascular y en la prevención de la declinación cognitiva esperable en el envejecimiento.

La evidencia disponible es insuficiente para elaborar recomendaciones sobre el uso de dietas, alimentos naturales, alimentos fortificados, alimentos medicinales, nutracéuticos u otros para la prevención o tratamiento de estas patologías. Con respecto a los alimentos medicinales y nutracéuticos, si bien no existen criterios que contraindiquen su empleo, tampoco han demostrado eficacia terapéutica en estudios controlados, por lo que su uso deberá sopesarse en función de los hallazgos surgidos de la evaluación de cada paciente en particular.

Revista Neurología Argentina

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