Deterioro cognitivo y alzhéimer: retos y desafíos frente al envejecimiento de la población

PAULA POCHINTESTADOCTORA en Ciencias Sociales y Licenciada en Psicología POR la Universidad de Buenos Aires

Es una realidad que la población envejece como tendencia mundial. En 2015, según el índice Global de Envejecimiento, el 12,3 % de la población mundial correspondía a personas de 60 y más años, siendo que las proyecciones para esta franja etaria se estima que alcancen el 21,5 % del total de la población en 2050. Uno de los mayores desafíos que plantea este escenario es cómo afrontar los cambios epidemiológicos que se asocian a una mayor longevidad. Ello requiere pensar en estrategias que ayuden a enfrentar una mayor esperanza de vida con bajos índices de discapacidad y dependencia.

Dado que la población envejece aumenta la prevalencia de las demencias a nivel mundial dentro de las cuales la más relevante es la Enfermedad de Alzheimer. Entre las consecuencias que supone este cambio epidemiológico se encuentran por un lado, el aumento del gasto en salud y, por otro, el deterioro de las relaciones familiares más aún si las redes para el cuidado no están lo suficientemente desarrolladas.

Los factores de riesgo asociados a la enfermedad de Alzheimer son: la edad, el grupo étnico y el género. La edad es el principal factor de riesgo cuya incidencia va desde el 1 % en las personas de 65 años y llega al 20 % en los mayores de 85 años. A su vez, son las mujeres quienes tienen mayor probabilidad de padecer esta demencia. Se ha corroborado también que las personas de origen asiático tienen una tendencia menor a desarrollar la enfermedad que las personas de otros orígenes étnicos.

Ahora bien, considerando este contexto de envejecimiento poblacional e incidencia de las demencias qué puede hacerse. Todo un campo de estudios científicos ha constatado que existen determinados factores protectores que disminuyen el riesgo, aunque no lo eliminan, de padecer deterioro cognitivo. Estos factores, al mismo tiempo, ralentizan y ayudan a paliar el avance de las demencias. Se trata de los siguientes dominios: salud conductual y ajuste físico, óptimo funcionamiento cognitivo, autoregulación motivacional y emocional y alta participación e integración social. La interacción de todos estos dominios promueve un envejecimiento activo.

1. Diversas investigaciones han demostrado que, tanto el ejercicio físico, como una dieta equilibrada, el consumo moderado de alcohol y el no fumar son condiciones para evitar o retrasar la demencia y el deterioro cognitivo y, por tanto, envejecer activa y saludablemente.

2. Los programas de estimulación cognitiva mejoran el funcionamiento en personas mayores saludables y tienen un efecto positivo sobre aquellas personas que padecen demencias. Esto es aún más eficaz cuanto más leve sea el deterioro. Se ha corroborado además que, contar con un nivel educativo alto y con una buena protección socioeconómica tiene una influencia significativa sobre el pronóstico una vez comenzado el deterioro cognitivo.

3. Cultivar emociones positivas, percibir el control tanto sobre el entorno como sobre sí mismo y tener una imagen positiva del envejecimiento favorecen un envejecimiento activo y colaboran en la disminución de padecimientos incluidos el deterioro y las demencias.

4. Por último, está también fundamentado empíricamente que, una buena integración e implicación social de las personas mayores en distintos ámbitos (familiar, comunitario y social) está asociada a una mayor supervivencia, una menor morbilidad y un óptimo funcionamiento cognitivo y emocional.

De este modo, enfrentar el desafío de envejecer saludablemente se despliega en dos dimensiones: individual y poblacional. Ello supone, por un lado, que las personas tienen la capacidad de modificar hábitos y reducir los factores de riesgo y morigerar el impacto del deterioro cognitivo y las demencias. Esta capacidad de transformación se sustenta en el principio de plasticidad comportamental y cognitiva ampliamente documentado.

Por otro lado, requiere del acompañamiento de políticas públicas que promuevan y favorezcan un contexto para poder desarrollar cada uno de los ejes mencionados. En suma, el desafío es colectivo y nos implica a todos y cada uno de uno de nosotros a diversos niveles: familiar y personal, comunitario y macro social en dos planos: sistemas de salud y de protección social.

Referencias:

Berger, K. S. (2009). Psicología del desarrollo, adultez y vejez. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Férnandez-Ballesteros, R. (2009). Envejecimiento Activo. Contribuciones de la psicología. Madrid: Ediciones Píramide.

HelpAge International (2015). Índice Global de Envejecimiento 2015: Resumen ejecutivo. Londres: HelpAge International.

Organización Mundial de la Salud (2015). Informe Mundial sobre el Envejecimiento y la Salud. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

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