Depresión como factor de riesgo para la Enfermedad de Alzheimer: evidencias y papel de enfermería

Depresión como factor de riesgo para la Enfermedad de Alzheimer: evidencias y papel de enfermería

Rebeca Montoiro RodríguezEnfermera, Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela

Depresión y Enfermedad de Alzheimer (EA), dos patologías conocidas por la población pero
que, sin embargo, no mucha gente relacionaría entre sí. Ese es el objetivo de esta revisión
bibliográfica, analizar hasta qué punto estas dos enfermedades están relacionadas. Cabe destacar
en este sentido que existe, incluso, la hipótesis de que la depresión puede ser uno de los factores
de riesgo implicados en la aparición de la EA siendo éste el punto de partida de la presente
revisión.

En concreto para la EA, a pesar de los esfuerzos destinados a encontrar un tratamiento eficaz,
por el momento no existe ninguno que consiga detener definitivamente el deterioro. Por esta
razón, la prevención y detección de sus factores de riesgo es una de las armas más fuertes para
luchar contra esta enfermedad y de ello deriva la importancia de determinar cuál es su verdadero
nexo con la depresión.

Teniendo en cuenta lo anterior, como ya se ha mencionado, el objetivo principal de esta revisión
ha sido estudiar la depresión como factor de riesgo en el desarrollo de la EA exponiendo las
diferentes hipótesis vigentes en la actualidad. Asimismo, como objetivos secundarios, se han
abordado la posible relación a nivel neurobiológico y el papel de enfermería a nivel preventivo
en ambos trastornos.

Para ello se ha desarrollado una búsqueda bibliográfica sistemática en diversas fuentes de
información. Tras la revisión de los múltiples artículos se ha puesto de manifiesto que, hoy en
día, el debate existente en torno al tema que nos ocupa se centra en tres hipótesis principales: la
depresión como factor de riesgo, la depresión como pródromo o la depresión y la demencia
como patologías independientes. A su vez, son múltiples los aspectos que deben valorarse en
cada caso, agregándose así mayor complejidad a las investigaciones y haciendo que las
controversias sean abundantes.

Por otra parte, a nivel neurobiológico también está probada la presencia de diversos mecanismos
patológicos comunes a estas dos enfermedades. Entre ellos cabe destacar: la acumulación de
placas β-amiloides y de proteína tau en forma de ovillos neurofibrilares, la disminución de
factores de crecimiento nervioso o la neuroinflamación entre otros. Pese a ello, existen también
desacuerdos en lo referente a este aspecto.

En cuanto al papel desempeñado por el personal enfermero es necesario destacar, y así lo hacen
varios estudios incluidos en esta revisión, la importancia de su labor a nivel tanto preventivo
como en lo concerniente a la detección precoz de síntomas que puedan conducir a un
diagnóstico temprano.

Como conclusión final, a pesar de que la depresión como factor de riesgo para la EA ha sido
corroborada en numerosos estudios, existen demasiadas controversias que impiden su total
determinación como tal. Por consiguiente, resulta imprescindible continuar investigando con el
fin de alcanzar una conclusión definitiva y establecer las medidas preventivas y terapéuticas
necesarias para reducir la morbilidad y mortalidad asociadas tanto a la depresión como a la EA.

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