Dependencia

Rosa Cantabranavicepresidenta de Alzheimer Aragón

El 1 de enero del año 2007 entraba en vigor la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (LAAD). El objetivo de la ley era convertir el cuidado y la atención a las personas en situación de dependencia en un derecho de ciudadanía, de forma que se garantizara al sujeto el acceso en igualdad a instrumentos esenciales para fomentar su vida autónoma. Un derecho que garantizara, en fin, la dignidad de la persona a través de la creación de una infraestructura que posibilitara la atención al dependiente según sus necesidades y de acuerdo a sus posibilidades.

Quiero centrarme aquí en el proceso de vulnerabilidad en el que una persona entra al hacerse mayor. Este proceso afecta a la dimensión personal, social y económica del individuo. Aunque el concepto de mayor es un concepto elástico, yo pondría la barrera de análisis en el momento de la jubilación. En ese momento, la vida laboral y relacional del individuo sufre una convulsión. En muchas ocasiones también lo hace la situación económica, pues se pasa a depender de una pensión que no siempre iguala los ingresos de la etapa anterior y que, ya lo sabemos, va a conducir a una pérdida de poder adquisitivo en el curso de los años.

Además, el paso de los años añade fragilidad a la red social y personal de la persona mayor. Los amigos van desapareciendo, los hijos están inmersos en sus propios problemas de adulto, muchas veces están lejos y el mayor se ve paulatinamente aislado y en soledad. Sumemos a esto el deterioro lógico de la salud y tenemos un cóctel explosivo en el que una gran mayoría de los ciudadanos van a tener que bregar en los años finales de su vida. Una ley que garantice el derecho a un servicio de teleasistencia bien estructurado, pongamos por ejemplo, ya sería de gran ayuda para paliar la situación de asilamiento.

Todas estas consideraciones se agravan cuando estamos ante situaciones de dependencia. En el caso de las familias afectadas por la enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencias asociadas a la edad, la vulnerabilidad se extiende del individuo al entorno, en particular a la figura del cuidador. El cuidador, la cuidadora generalmente, al hacerse cargo del familiar con alzhéimer, asume no sólo un plus de responsabilidad y carga física y emocional respecto a otras personas, sino que además inicia un proceso que le puede llevar al aislamiento social, porque el enfermo cada vez le absorbe más, y de desatención de sus necesidades vitales, porque su yo personal va pasando paulatinamente a un segundo plano.

Las noticias que nos llegan diariamente acerca del menoscabo en el desarrollo de la LAAD son, por todos estos motivos, muy preocupantes. Las Asociaciones de Familiares de Alzhéimer tenemos la obligación de estar vigilantes y de denunciar los incumplimientos en el desarrollo de una Ley que garantiza el derecho más importante del ser humano, el derecho a la dignidad.

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