Demencias y enfermedad de Alzheimer en América Latina y el Caribe

Juan Llibre Rodríguez (1), Raúl Fernando Gutiérrez Herrera (2)(1) Centro de Estudios de Alzheimer, Universidad de Ciencias Médicas de La Habana; (2) Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey. Nuevo León, México. Cuba.

La región de América Latina y el Caribe se enfrentan a una nueva epidemia de proporciones sin precedentes, con una elevada repercusión social, económica y fundamentalmente humana. La demencia es la primera causa de discapacidad en adultos mayores y la mayor contribuyente de dependencia, sobrecarga económica y estrés psicológico en el cuidador, sin embargo, aún no recibe la misma prioridad que otras enfermedades crónicas no trasmisibles, como las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, que tienen un mayor impacto en la mortalidad, particularmente en los países en vías de desarrollo.

La prevalencia de síndrome demencial en América Latina y el Caribe es alta, entre 6,0 y 6,5 por cada 100 adultos de 60 años y más, con un estimado de crecimiento en el número de personas con demencia entre el 2001 y el 2040 del 77% en los países del cono sur americano (Argentina y Chile) y de 134% a 146% de incremento en el resto de América Latina, por lo que sobrepasará al de cualquier otra región del mundo.

La tasa de incidencia de demencia anual estandarizada para la edad es también elevada, con un estimado de 410.938 nuevos casos de demencia por año, la que se asocia a una menor supervivencia en relación con los países de altos ingresos. De 3,4 millones de personas con demencia en América Latina y el Caribe en la actualidad, la cifra se incrementará a 4,1 millones para el 2020 y a 9,1 millones en el 2040, es decir, será similar a la de Norteamérica.

La tasa de incidencia de demencia anual estandarizada para la edad es también elevada, con un estimado de 410.938 nuevos casos de demencia por año, la que se asocia a una menor supervivencia en relación con los países de altos ingresos. De 3,4 millones de personas con demencia en América Latina y el Caribe en la actualidad, la cifra se incrementará a 4,1 millones para el 2020 y a 9,1 millones en el 2040, es decir, será similar a la de Norteamérica.

La demencia es responsable de un costo económico de 612 billones de dólares en todo el mundo, equivalente al 1% de la carga global de enfermedad (GDP, siglas en inglés), si bien dos tercios de estos costos ocurren en los países desarrollados donde viven un tercio de las personas con demencia. En la región de Las Américas los costos totales estimados para las demencias son de 235,84 billones de dólares, sin embargo, solo el 11% de estos costos (23 billones de dólares) corresponden a América Latina y el Caribe, donde vive cerca del 44% de las personas con demencias. Los costos se relacionan fundamentalmente con los cuidados informales, así como los costos directos derivados de los cuidados sociales (proporcionados por cuidadores formales y profesionales en la comunidad, centros de día y hogares de ancianos) y del tratamiento y cuidados médicos de las demencias y la comorbilidad asociada en los diferentes niveles de atención médica.

Estos enormes costos que producen las demencias y el reto que representa el incremento del número de adultos mayores producirán un cambio dramático en los sistemas de cuidado en todo el mundo. Como el número de personas con demencia en América Latina y el Caribe, se duplicará cada 20 años y alcanzará los 18,7 millones de personas enfermas en el 2050, es de esperar un aumento proporcional de los costos, sin embargo, el mayor costo de las demencias es su costo humano cuyas dimensiones son inestimables. Las familias y los cuidadores sufren las mayores consecuencias psicológicas, físicas, sociales y financieras adversas de las demencias, que incluyen elevados niveles de ansiedad y depresión, afectación de su salud física, y de sus finanzas, directa (por ejemplo, costos de los medicamentos) e indirecta (por ejemplo, pago de servicios, entre estos a otras personas por el cuidado).

La prevención primaria con un enfoque multifactorial y durante el curso de la vida incluyendo amplio acceso a la educación y mejores condiciones socioeconómicas, estilos de vida saludables y control de los factores de riesgo cardiovasculares, pueden conducir a una disminución del número de personas con demencias en la región.

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