Cambios en el reconocimiento facial de las emociones en el envejecimiento y demencias: Implicaciones a nivel clínico

Cambios en el reconocimiento facial de las emociones en el envejecimiento y demencias: Implicaciones a nivel clínico

Mercedes Fernández-Ríos [1, 2][1] Asociación Familiares Alzheimer Valencia (AFAV), [2] Facultad de Psicología y Logopedia, Universitat de València

El reconocimiento emocional a través de la expresión facial es un proceso fundamental que nos permite la comunicación, adaptación y respuesta a diferentes situaciones. En el campo del envejecimiento la memoria y otras capacidades cognitivas han recibido atención creciente por parte de los investigadores. Sin embargo, los cambios en el reconocimiento y el procesamiento emocional que se producen asociados a la edad y a enfermedades neurodegenerativas han recibido menor atención.

La capacidad de reconocer correctamente las emociones básicas (alegría, tristeza, asco, miedo, sorpresa, ira/enfado) resulta fundamental tanto desde el punto de vista filogenético como ontogenético. Según señalan diferentes autores el reconocimiento de las emociones puede estar alterado en las fases iniciales de diferentes trastornos neurológicos como la demencia. Recientemente se ha incrementado el interés por esta temática tanto desde la geriatría y la gerontología como desde áreas tan diversas como la neurociencia, la psicología, la psiquiatría, la neurología clínica o las ciencias del comportamiento. De hecho, la tasa de crecimiento de las publicaciones en este ámbito se ha calculado que podría oscilar en aproximadamente un 400% en la última década. Al analizar esta amplia literatura científica acerca del reconocimiento facial de las emociones podemos observar la existencia de un vínculo entre el reconocimiento emocional y diferentes tipos de patologías. En la investigación sobre el reconocimiento facial emocional las áreas temáticas que más destacan las relacionadas con las demencias (especialmente la Enfermedad de Alzheimer (EA) y la Demencia Frontotemporal (DFT)), el trastorno del espectro autista (TEA) y el Deterioro Cognitivo Leve (DCL).

En el conjunto de las emociones básicas, la alegría y la sorpresa son consideradas emociones con valencia positiva y han sido ampliamente evaluadas en estudios experimentales. Sin embargo, la emoción sorpresa se cataloga como ambigua por su ambivalencia y, en general, ha recibido menor atención. Además, se ha descrito un sesgo en el reconocimiento de emociones positivas (alegría) tanto en el envejecimiento normativo como en el patológico. Las personas con Enfermedad de Alzheimer generalmente presentan déficits en reconocimiento emocional, aunque parecen conservar la capacidad de identificar la alegría. Este sesgo positividad parece estar presente tanto el reconocimiento como el recuerdo y podría explicarse desde la teoría de la selectividad socioemocional ya que a medida que envejecemos somos selectivos en nuestras relaciones sociales, dedicando más tiempo y atención a las relaciones que valoramos como más satisfactorias.

Los déficits en el reconocimiento emocional influyen sobre diversas funciones a nivel social e interpersonal. Además, estos déficits pueden influir en la aparición de trastornos de la conducta. Por ello es importante identificar estos déficits con el fin de valorar su impacto y las consecuencias para las personas con demencia y su entorno. Además, este mejor conocimiento puede ayudar tanto a los familiares como a los profesionales a mejorar sus interacciones con las personas con demencia.

Otro de los aspectos que se repite en la literatura de esta área de conocimiento es el uso de etiquetas para identificar las diferentes emociones. La mayoría de autores señala la existencia de déficits en el reconocimiento facial de las emociones que sido relacionadas con la excesiva demanda cognitiva que implican estas tareas en personas con enfermedades neurodegenerativas. Sin embargo, el uso de “etiquetas” que identifiquen las emociones mejora el rendimiento en estas tareas. Con la introducción de estas etiquetas se pretende justificar que los déficits en el reconocimiento no son debidos a excesiva demanda cognitiva, dificultades de lenguaje o déficits visoperceptivos, sino que podrían atribuirse al deterioro específico en la capacidad de reconocimiento facial de las emociones. Son muchos los expertos en esta materia que subrayan la importancia de la evaluación del reconocimiento facial de las emociones para facilitar un diagnóstico precoz de diversos trastornos neurológicos, permitiendo de este modo una intervención más temprana.

Como conclusión podemos apuntar a la necesidad de incluir la evaluación del reconocimiento de las emociones por parte de los clínicos. Este instrumento puede contribuir al diagnóstico precoz y a la diferenciación entre diferentes tipos de demencia facilitando un mejor abordaje de este tipo de trastornos.

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